La técnica acústica que emite sonidos diseñados para tapar charlas de tus compañeros de trabajo o en restaurantes

En qué consiste el enmascaramiento sonoro, una herramienta que busca ganar privacidad en entornos compartidos y reducir el estrés.

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¿Cómo mejorar la concentración o la privacidad en un ambiente compartido como la oficina? El soundmasking puede ser una respuesta.
Foto: Wikimedia/Commons.

Estás en la oficina, tratando de terminar la planilla Excel que tenés que entregar antes de las cinco, pero hay unos compañeros de trabajo a unos metros que están conversando sobre el Mundial, y cada vez que querés enfocarte en los numeritos, los comentarios sobre los goles o los fuera de juego, te sacan del tema. ¿Qué hacer?

Hay soluciones, pero para entenderlas hay que hacer un poco de historia: la oficina como espacio de trabajo tiene una vida comparativamente corta. Si se tiene en perspectiva toda la historia de la humanidad -aproximadamente unos 300.000 años-, como ámbito laboral más o menos masivo, la oficina tiene apenas unos 150 años.

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Foto: Commons.

Sin embargo este espacio, como lugar de trabajo ha sido sumamente importante para la vida económica y productiva contemporánea. De ahí que en ella confluyan tantos intereses y preocupaciones. Una hace al ruido que se genera en un ambiente en el cual muchas personas tienen que conversar para acordar ciertos objetivos, mientras el resto debe enfocarse en tareas específicas.

El tema de contaminaciones sonoras ha sido regulado por ley en Uruguay. La experta en salud ocupacional, la doctora Verónica Morín, explica: “El decreto 406/988 establece la obligación del empleador de identificar, evaluar y controlar los agentes físicos presentes en el trabajo, incluyendo el ruido. Cuando los niveles son altos deben implementarse medidas y equipos de protección personal. El ruido excesivo en el ambiente de trabajo no solo puede afectar la audición; también puede generar estrés, fatiga, irritabilidad, dificultades de concentración y disminución del rendimiento laboral”.

Pero no es únicamente el ruido excesivo -según Morín, el límite máximo establecido por ley es 87 dB (decibeles)- el que puede interferir en la concentración o el desempeño productivo. Incluso conversaciones mantenidas en un nivel de volumen mesurado pueden distraer o interrumpir. Es en esos casos que entra el concepto de soundmasking, que podría traducirse como enmascaramiento sonoro.

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Foto: Freerange.

Una vez más, la historia reciente aporta contexto: en las décadas de 1950 y 1960, era común que los edificios contaran con sistemas de ventilación y aire acondicionado muy ruidosos. Ese zumbido constante funcionaba como una suerte de colchón acústico que entre otras cosas tapaba las conversaciones que tenían lugar a cierta distancia.
Con la mejora de la tecnología de aires acondicionados, las oficinas ganaron en silencio, pero hubo un efecto colateral imprevisto: las personas empezaron a percibir con nitidez conversaciones ajenas, llamadas telefónicas y otros sonidos que antes ni registraban. Los expertos en acústica se percataron de que el factor realmente molesto no era únicamente el nivel de ruido. Escuchar las conversaciones de otros también interfería.

¿La solución? En vez de eliminar todas las fuentes sonoras -y convertir a la oficina en un ambiente similar a un cementerio o mausoleo-, se decidió empezar a emitir sonidos específicamente concebidos para dificultar la comprensión de las conversaciones cercanas. A eso se le llamó soundmasking.

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Foto: Gentileza.

Aunque este concepto tiene varias décadas de historia, en Uruguay todavía no es demasiado conocido, pero eso es lo que intenta corregir el empresario Víctor Barsamian, que dirige Sonipro.
Barsamian empezó sonorizando espectáculos musicales y otros eventos hace más de 20 años, y con esa experiencia acumulada decidió emprender en el soundmasking en 2019.
“Es una herramienta que te permite generar privacidad en un entorno compartido con otras personas, porque lo que hace es modificar la percepción que vos tenés de lo que estás escuchando”, indica.

En términos prácticos, explica Barmasian, se instalan unos parlantes que emiten sonidos específicamente diseñados para tales efectos. No se trata ni de música tranquila ni sonidos de ambientes particulares. “Es algo que recién ahora está siendo un poco más conocido en el mundo corporativo, y solo las empresas más grandes e importantes lo tienen en cuenta”, explica, quien espera que el soundmasking empiece a ser visto como una inversión en bienestar.

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Foto: Rawpixel.

Como él mismo aporta, no solo es algo para las oficinas. Puede ser útil en un ambiente como un restaurante, por ejemplo. Uno podría sentarse a disfrutar de lo pedido al chef sin que las múltiples conversaciones en el torno se “cuelen” en la experiencia gastronómica.

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