Redacción El País
La combinación de cáscaras de mandarina y romero fresco en el horno se ha convertido en un aliado sencillo y eficaz para mantener el hogar libre de malos olores. Esta mezcla, además de ser ecológica y económica, reutiliza restos que normalmente se descartan y permite aprovechar al máximo el potencial aromático de esta fruta tan común en los hogares.
Un ambientador casero y natural
El aroma cítrico de la mandarina se mezcla con las notas herbales del romero, generando una fragancia cálida y envolvente que neutraliza los olores persistentes de la cocina o del baño. El proceso es simple: basta con precalentar el horno a unos 120 °C, disponer las cáscaras junto con unas ramitas de romero sobre una bandeja y dejarlas hornear entre 20 y 30 minutos.
Durante ese tiempo, los aceites esenciales se liberan sin quemarse, llenando los ambientes de un perfume suave y natural. Si se deja la puerta del horno entreabierta, el aroma se esparce más rápidamente por toda la casa.
Una vez enfriadas, las cáscaras pueden colocarse en un recipiente decorativo o en pequeños bols de cerámica, actuando como un potpourrí natural. Este truco no solo perfuma, sino que también ayuda a purificar el aire de forma completamente libre de químicos.
Beneficios y aprovechamiento integral
Además del efecto aromático, esta práctica encaja con una filosofía de consumo responsable y aprovechamiento integral de los alimentos. La mandarina, rica en vitamina C y antioxidantes, es conocida por reforzar las defensas, cuidar la piel y favorecer la digestión. Reutilizar su cáscara permite extender esos beneficios al ámbito doméstico, evitando el desperdicio.
El romero, por su parte, posee propiedades antisépticas y purificantes. Su uso en la cocina o en infusiones es habitual, pero al calentarse junto a la mandarina potencia su fragancia y contribuye a crear una sensación de bienestar y limpieza energética en el ambiente.
Un gesto simple con aroma a hogar
Hornear cáscaras de mandarina con romero es, en definitiva, un gesto cotidiano que aporta calidez, frescura y una sutil atmósfera otoñal. Ideal para quienes buscan alternativas naturales a los aerosoles o ambientadores sintéticos, este método transforma un simple momento doméstico en un ritual de bienestar.
Además, invita a reconectar con el placer de los aromas caseros: ese perfume a limpio y naturaleza que hace que, al abrir la puerta, la casa huela realmente a hogar.
En base a El Tiempo/GDA
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