Eric Asimov - The New York Times
Cuando las máximas autoridades de salud pública de Estados Unidos describieron el alcohol como una probable causa de cáncer y recomendó que las bebidas alcohólicas llevaran etiquetas de advertencia, me sentí conflictuado.
Como crítico gastronómico y de vinos, llevo 30 años escribiendo sobre los placeres del vino y recomendando los mejores durante el mismo tiempo. También he intentado, sobre todo en los últimos 25 años, llevar una vida sana, siguiendo una dieta equilibrada, eliminando los alimentos ultraprocesados y haciendo ejercicio con regularidad.
Durante ese tiempo, he bebido vino más o menos a diario, normalmente dos o tres copas con la cena, lo que supera por poco las recomendaciones públicas de hace tiempo de dos copas o menos al día para los hombres, pero me parecía moderado y apropiado para mí.
La advertencia del ministro de salud pública sugería que yo no solo había incurrido en una conducta de riesgo, sino que también la recomendaba a los demás. Me sentí mal y me puse a la defensiva. ¿Cómo podía considerarse peligrosa esta hermosa bebida que me encanta cuando se consume de forma reflexiva y cuidadosa? ¿Me convierte eso en el equivalente de un traficante de drogas? ¿Por qué señalar las bebidas alcohólicas? ¿Qué pasa con los riesgos de los refrescos azucarados o los alimentos ultraprocesados?
Siempre hemos sabido de los riesgos inherentes de las bebidas alcohólicas cuando se consumen imprudentemente. Un consumo fuera de control puede ser una amenaza, que plantea peligros para uno mismo y para la sociedad. Eso no puede ignorarse. Pero tampoco pueden ignorarse los goces sociales, emocionales y estéticos que el vino y otras bebidas alcohólicas han proporcionado durante siglos.
En 2023 se advirtió de una epidemia de soledad y aislamiento social en Estados Unidos. Según mi experiencia, el vino siempre ha sido una bebida social, un componente de las comidas que reúne a la gente y crea comunidad. Tanto si bebes vino casualmente como si te gusta lo suficiente como para querer aprender más sobre él, ¿eso no debería figurar en la ecuación?
Cuando bebo vino, casi siempre es en el contexto de una comida y con alimentos. Creo que es la mejor manera de experimentar las alegrías y complejidades del vino. De hecho, considero el vino como un alimento, un elemento básico de mi mesa. No como un elemento de un complicado maridaje, sino como un ingrediente básico de una comida.
Ese ha sido históricamente el mejor papel del vino y creo que debería examinarse más a fondo cómo se consumen el vino y otras bebidas alcohólicas. La recomendación del Ministerio de Salud Pública no distingue entre las distintas bebidas alcohólicas ni considera cómo se consumen, socialmente o de forma aislada, con comida o sin ella. Me gustaría saber mucho más al respecto.
Que quede claro: nunca he consumido vino ni ninguna bebida alcohólica porque creyera que me hiciera bien. Allá por 1991, después de que el periodístico "60 Minutes" informara sobre lo que llamó la “paradoja francesa”, —que asociaba el consumo moderado de vino tinto con un bajo índice de enfermedades cardíacas—, las ventas de vino tinto subieron drásticamente. Durante años, la industria vitivinícola se benefició de promocionarse como saludable.
Ahora que la opinión social sobre el vino y las bebidas alcohólicas dieron un giro en la otra dirección, las ventas están disminuyendo y la industria ha puesto el grito en el cielo. No me solidarizo demasiado con ellos, salvo con las personas cuyos empleos o medios de vida se ven afectados. Si la industria quería presentarse como saludable, debería haberse preparado para que la llamaran insalubre. Uno cosecha lo que siembra.
Pero ¿son las bebidas alcohólicas, y el vino en particular, realmente insalubres, independientemente de cómo se consuman o en qué cantidad? No soy científico ni médico, y francamente he encontrado confusos y contradictorios muchos de los informes de ambos lados de la cuestión de salud.
El mes pasado, las academias de Ciencias, Ingeniería y Medicina concluyeron que, al revisar todas las evidencias disponibles, el consumo moderado de alcohol, comparado con el consumo nulo, estaba “asociado con una menor mortalidad por todas las causas”, entendiendo por tal “el número total de muertes en una población debidas a cualquier causa”.
Este informe concluyó “con una certeza moderada” que el consumo moderado de alcohol está asociado a un mayor riesgo de cáncer de mama en comparación con el consumo cero. También decía, con el mismo nivel de certeza, que el consumo moderado de alcohol provocaba menos muertes por enfermedades cardiovasculares.
Las conclusiones de este informe, que se utilizará para ayudar a dar forma a las nuevas directrices dietéticas del gobierno, van en contra de otros estudios científicos recientes, incluido un informe de 2023 de la Organización Mundial de la Salud, que advierte que cualquier consumo de alcohol, por mínimo que sea, no es saludable.
Para aumentar mi confusión, los informes de la OMS y de las Academias Nacionales han sido criticados por no ser totalmente objetivos. Varios científicos que participaron en el informe de las Academias Nacionales habían recibido financiación de la industria de las bebidas alcohólicas en algún momento de sus carreras, y la OMS, al elaborar su informe, contó con el asesoramiento de personas asociadas a movimientos antialcohólicos como Movendi Internacional, cuyo objetivo declarado es prevenir el consumo de bebidas alcohólicas.
Ahora tengo 60 años, así que mis decisiones de estilo de vida han quedado en gran medida en el pasado. Puede que decida beber menos si me parece bien a medida que cambie mi metabolismo. Pero mis dos hijos tienen poco más de 30 años. ¿Qué les aconsejaría a ellos o a otras personas más jóvenes que puedan encontrarse entre mis lectores?
Cuando mis hijos eran pequeños, solía decirles que pensaba vivir hasta los 100 años. Todavía me lo digo a mí mismo, y aunque comprendo que en cierto momento la longevidad estará fuera de mi control, no deja de ser un objetivo. ¿Cómo puedo darme la mejor oportunidad de conseguirlo?
Me encuentro recurriendo al viejo dicho: moderación en todas las cosas. Suena a lugar común e incluso mojigato. Pero he visto demasiadas opiniones contradictorias y cambiantes a lo largo de las décadas sobre ingredientes como las grasas trans, el salvado de avena, los carbohidratos, la cafeína y el alcohol. Eso me ha hecho desconfiar de los cambios bruscos de pensamiento y comportamiento. Al final, no se me ocurre mejor principio rector que la moderación.
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