Lejos de enfocarse únicamente en el ejercicio físico, El Método Adulma —creado en 2004— integra estimulación cognitiva, activa y social. Su creadora, la licenciada Ana T. de León, nos cuenta acerca de esta propuesta que cientos de personas mayores han aplicado y continúan haciéndolo.
— ¿Por qué es importante para vos promover una vejez saludable e independiente?
— Comencé a desarrollar El Método Adulma en el año 2004 a partir de observar algo que me impactó profundamente: muchas veces, el envejecimiento se asociaba con la resignación, cuando en realidad gran parte de las capacidades pueden estimularse y conservarse. Escucho a los adultos mayores, les presto atención, los admiro y tomo sabiduría de sus vidas, llenas de experiencias. Mi objetivo nunca fue solamente que una persona caminara mejor o tuviera más fuerza, sino también ayudar a que pudiera tomar decisiones, resolver desafíos, reír, socializar y conservar su independencia durante el mayor tiempo posible. Cada alumno me confirma que en la vejez todavía hay muchísimo por construir, y ese es el motor que me impulsa a seguir enseñando el método. La mayoría de los participantes descubre que no solo está haciendo ejercicio: está entrenando su cerebro, fortaleciendo su cuerpo y recuperando vínculos.
— ¿En qué consiste El Método Adulma?
— Es un sistema integral de estimulación física, cognitiva y social diseñado especialmente para personas mayores. No es únicamente una actividad física: ejercitamos, estimulamos la neuroplasticidad a full, y además la pasamos bien. Es una integración organizada de todas esas áreas en una misma clase. Como sucede con los grandes métodos que hoy son reconocidos mundialmente, su evolución es progresiva. El yoga comenzó a conocerse en la Era Védica y recién muchos siglos después se difundió masivamente en Occidente. Joseph Pilates desarrolló su propio sistema experimentando primero con su cuerpo y luego sus discípulos lo expandieron por el mundo a partir de la década de 1960. Los buenos métodos no nacen completos: evolucionan. El Método Adulma también se perfecciona continuamente. Cada año incorporo nuevas evidencias provenientes de la neurociencia, la geriatría, la fisiología del ejercicio y otras disciplinas vinculadas al envejecimiento saludable. Esa actualización permanente permite que el método continúe creciendo sin perder su esencia, ofreciendo una propuesta segura, científica, humana y eficaz para mejorar la calidad de vida de las personas mayores.
— ¿Qué profesionales pueden formarse con este método?
— La formación está dirigida a médicos neurólogos, gerontólogos, kinesiólogos, profesores de educación física, terapistas ocupacionales, enfermeros, acompañantes terapéuticos, instructores de actividades corporales como Yoga o Pilates y otros profesionales vinculados al cuidado de personas mayores que deseen sumar una alternativa a sus profesiones. Actualmente, la Formación en Estimulación Física, Cognitiva y Social de las Personas Mayores se dicta en la Asociación Médica Argentina (AMA) de manera virtual. Los alumnos realizan trabajos prácticos, análisis de casos reales y prácticas supervisadas, permitiéndoles aplicar inmediatamente los conocimientos adquiridos. El objetivo no es enseñar una serie de ejercicios aislados, sino brindar una manera distinta de comprender el envejecimiento corporal y neurológico para ayudar de forma integral a la vida de los mayores. En la formación explico todo El Método Adulma.
— ¿Cuáles son las principales motivaciones que llevan a la gente a probarlo?
— Muchos llegan porque desean mantenerse independientes y activos. Otros, porque notan que se distraen más o que se olvidan de todo, porque sienten inseguridad al caminar o tienen miedo a caerse, o simplemente buscan un espacio donde volver a sentirse protagonistas. También llegan hijos preocupados por sus padres.
— ¿Qué prejuicios o miedos tienen antes de arrancar?
— El miedo más frecuente es pensar: “No voy a poder”. Muchos creen que, por la edad, ya no pueden aprender cosas nuevas o que los ejercicios serán demasiado difíciles. Pero desde la primera clase descubren que cada actividad tiene distintas posibilidades de adaptación y que cada uno avanza respetando sus propios tiempos. Hace poco, por ejemplo, comenzó una señora en uno de mis grupos y a la tercera clase me dijo: “Se me corrió un velo del cerebro, veo todo mucho más fácil y claro en mis haceres”. De esas historias tengo cientos que me llenan el alma.
— ¿Cuáles son los primeros impactos visibles?
— Los primeros cambios suelen aparecer rápidamente. Las personas comienzan a caminar con mayor seguridad y mejoran el equilibrio, la coordinación, la fuerza, la postura y la confianza para realizar actividades cotidianas. Además, la memoria inmediata mejora significativamente. También aparecen cambios menos visibles, pero muy importantes: prestan más atención, reaccionan con mayor rapidez, participan más en el grupo y recuperan el entusiasmo por la vida. Muchos hijos nos cuentan que notan grandes diferencias en sus padres.
— ¿Cómo impacta El Método Adulma en los vínculos y la salud emocional de las personas mayores?
— Ese es uno de los pilares más importantes. Las clases son grupales, lo que genera un lugar de pertenencia, amistad y compromiso. Muchas personas vuelven a salir con pares, tomar un café, tener salidas. Es maravilloso. Sentirse parte de una comunidad tiene un enorme impacto sobre el bienestar emocional. La salud no es solamente la ausencia de enfermedad: también es sentirse útil, acompañado y con proyectos.
— ¿Hay algún caso que te haya marcado especialmente?
— He visto personas que llegaron con miedo a caminar y hoy vuelven a viajar; personas muy retraídas que recuperaron la alegría de relacionarse; alumnos que creían que ya no podían aprender y hoy realizan ejercicios complejos de coordinación y atención. Pero quizás lo más emocionante es escuchar a los hijos decir: “Volvió a ser mi mamá” o “Mi papá volvió a tener ganas de salir, de vivir”. Esos testimonios son el verdadero reconocimiento al trabajo realizado durante tantos años. Una vez, vino una alumna amorosa de 94 años a contarme que había vuelto a cortarse las uñas de los pies por sí misma. Su cara de felicidad no tenía precio.
— El método ahora está disponible en Uruguay. ¿Cómo se puede participar?
— Es una enorme alegría que El Método Adulma haya comenzado su expansión en Uruguay. Justamente, hace unos días acompañé al primer grupo, en Maldonado. Fue una tarde maravillosa. Tanto quienes deseen participar de las clases como los profesionales interesados en formarse pueden comunicarse a través de las redes sociales oficiales o la página web www.elmetodoadulma.com. También mediante la Asociación Médica Argentina, buscando el curso de Formación online en Estimulación Física, Cognitiva y Social de las Personas Mayores. Formarse para dar clases con El Método Adulma —basado en la estimulación neurológica a través del movimiento, la práctica de ejercicios físicos y cognitivos, el espíritu entusiasta y el acompañamiento social—, significa convertirse en parte eficiente de un cambio hacia un envejecimiento saludable, activo, creativo y pleno de vitalidad. Al hacerlo, se cultivan no solo herramientas para promover la autonomía y la calidad de vida, sino también la enorme satisfacción de contribuir a transformar vidas.
— ¿Cuál es tu sueño para El Método Adulma?
— Que siga creciendo en el mundo. Ya hay estudiantes de Europa, Sudamérica y Norteamérica y todos están sumamente interesados en aplicarlo. Cuando visito Uruguay —un país que amo y siento cerca porque mi abuelo era uruguayo—, veo tanta gente mayor que pienso: “Ojalá lleven El Método Adulma a todo el país”. Los sistemas de salud priorizan cada vez más los modelos preventivos como este; en parte, porque, si se espera el diagnóstico tardío, los costos son altísimos e insostenibles. Para quien quiera dedicarse a la geriatría, neurociencia, rehabilitación o cuidados será cada vez más urgente aprender este método. También deseo continuar fortaleciendo las actualizaciones que año a año sumo al método. Actualmente, proyecto un doctorado que tendrá como eje de investigación El Método Adulma, con el objetivo de generar evidencia que sostenga lo que observo desde hace más de un cuarto de siglo de trabajo con cientos de personas mayores.
— Vos también estás envejeciendo. ¿Cómo imaginas tu futuro y el del método?
— Estoy envejeciendo, sí, y qué alegría, porque quiere decir que sigo viva. Y estoy en forma: doy de seis a ocho clases por semana, con mucha pasión. El futuro propio nadie lo sabe, pero siempre hay que proyectar y soñar. Con respecto a El Método Adulma, deseo seguir trabajando con mis grupos mientras el físico y la cabeza respondan, porque mis alumnos son parte de mi vida y aprendo de ellos todos los días. El aumento de la esperanza de vida está sucediendo. Hoy, tengo alumnos desde los 62 hasta los 98 años. ¿Y si a mis 80 tengo alumnos de 110?
Al mismo tiempo, sé que todo proyecto necesita continuidad. Por eso, siento mucha tranquilidad al ver que hay personas que pueden seguir este camino. Mis sucesores son el profesor de Educación Física Juan Pablo Alfonso —que se acercó al método a los 19 años acompañando a su abuela— y la bailarina e instructora Maité de León Fontela, que además es mi sobrina.
Creo profundamente en el valor de compartir. El conocimiento, cuando se guarda, se achica; cuando se comparte, crece. Insisto mucho en que la formación no es un punto de llegada, sino el comienzo de un camino. Quien trabaja con personas mayores tiene la responsabilidad de seguir capacitándose, actualizándose y creciendo profesionalmente. Por eso, también brindo charlas para las personas mayores sobre su cuidado integral, donde hablo de prevención de caídas, osteoporosis, atención, memoria, neuroplasticidad, movimiento y calidad de vida. Siempre me emociona ver a personas, familias e instructores con ganas de seguir aprendiendo. Cuando los alumnos evolucionan, también evoluciona uno como instructor, y viceversa. Cuando un adulto mayor mejora su calidad de vida, ganamos todos como sociedad. Si esta entrevista logra que una sola persona mire a un adulto mayor con empatía y respeto, lo anime a moverse, le enseñe algo nuevo o simplemente le regale una mirada receptiva, una palabra amable y una sonrisa desde el corazón, entonces ya habrá valido la pena. Porque envejecer es un privilegio, pero hacerlo con movimiento, autonomía, vínculos y alegría... Ese es el verdadero desafío. Y, para mí, es la mayor recompensa de El Método Adulma.
Agradezco desde siempre a todos los alumnos que desde el año 2004 pasaron por mis clases; a los que ya no están y tanto me enseñaron, y a los que están y ayudan muchísimo. Agradezco también a mi gran amor Manolo, a mis adorados hijos, mi sabia madre, hermanos y amigos. Neluna, mi maestra de yoga de 91 años, me dejó una frase que repito en las clases: “Si te mueves y no te conmueves, es porque no te mueves”. Y yo le agrego: “Sentir es el secreto”. Muchas gracias diario El País por esta entrevista para impulsar a los profesionales a que sumen alternativas, y a los adultos mayores que sepan aprovecharlas.