El error que cometés al lavarte los dientes antes de dormir: por qué cepillarse rápido daña el esmalte

No alcanza con cumplir la rutina. Cepillarse con demasiada fuerza o justo después de comer puede causar daños irreversibles. Descubrí la técnica correcta y por qué la noche es el momento más crítico.

Lavarse los dientes
Dos adultos lavándose los dientes.
Foto: Freepik.

Redacción El País
Antes de acostarse, el cepillado nocturno suele resolverse casi en piloto automático. Sin embargo, distintos especialistas en higiene bucal advierten que no alcanza con cumplir la rutina: cepillarse mal —con apuro, demasiada fuerza o en el momento equivocado— puede generar daños silenciosos que se acumulan a largo plazo.

Durante la noche, la boca atraviesa un período de mayor vulnerabilidad. La producción de saliva disminuye de forma natural, lo que facilita la proliferación de bacterias y la formación de placa. Por eso, el cuidado dental antes de dormir resulta incluso más determinante que el cepillado matutino.

El cepillado nocturno, más importante de lo que parece

Instituciones médicas de referencia internacional, como Mayo Clinic y Cleveland Clinic, coinciden en que el cepillado antes de dormir cumple un rol central en la prevención de caries, enfermedades de las encías y desgaste del esmalte.

Uno de los errores más habituales es cepillarse inmediatamente después de consumir alimentos o bebidas ácidas, como cítricos, refrescos o café. En ese momento, el esmalte está transitoriamente más frágil y la fricción del cepillo puede acelerar su deterioro. Los especialistas recomiendan esperar al menos una hora antes de cepillarse.

Fuerza y apuro: una combinación riesgosa

Otro fallo frecuente es aplicar demasiada presión o realizar movimientos bruscos y horizontales. Aunque parezca inofensivo, este hábito puede provocar retracción de encías, sensibilidad dental y mayor desgaste del esmalte con el paso del tiempo.

Un cepillado eficaz debería durar al menos dos minutos y hacerse con movimientos suaves y controlados. La idea no es “raspar” los dientes, sino remover la placa sin lastimar los tejidos que los rodean.

La técnica también protege la sonrisa

La técnica de cepillado es clave. Los odontólogos recomiendan inclinar el cepillo a unos 45 grados hacia la línea de la encía y realizar movimientos cortos, de barrido, desde la encía hacia el diente. Este método permite limpiar sin dañar el esmalte ni las encías.

El tipo de cepillo también importa. Las cerdas suaves son las más indicadas para la salud bucal, ya que reducen el riesgo de lesiones. En este punto, Cleveland Clinic destaca los beneficios de los cepillos eléctricos, especialmente en personas que tienden a ejercer demasiada fuerza, ya que muchos incluyen sensores de presión.

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Foto: Unsplash.

Lo que el cepillo no alcanza a limpiar

La higiene nocturna no termina con el cepillado. Omitir el hilo dental antes de dormir deja sin limpiar zonas donde el cepillo no llega, permitiendo que parte de la placa quede entre los dientes. Esto aumenta el riesgo de caries interdentales y problemas gingivales.

Usar hilo dental por la noche resulta especialmente importante, ya que esos restos permanecerán en la boca durante varias horas sin la protección que brinda la saliva durante el día.

Pasta dental, flúor y otros aliados nocturnos

El dentífrico con flúor cumple un papel central en la protección nocturna. El flúor fortalece el esmalte dental y ayuda a prevenir caries. Un error común es enjuagarse con abundante agua justo después del cepillado, lo que reduce el tiempo de acción del flúor sobre los dientes.

La hidratación también cumple una función defensiva. Beber agua ayuda a equilibrar el pH bucal y a eliminar restos de comida, mientras que la saliva neutraliza ácidos de forma natural. En cambio, el uso excesivo de enjuagues bucales ácidos puede resultar contraproducente si reemplaza la limpieza mecánica.

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Lo mejor es mojar el cepillo antes de poner la pasta de dientes.
Foto: Commons.

Hábitos diarios que dejan huella

El consumo frecuente de bebidas azucaradas, café o alimentos ácidos, especialmente en horarios nocturnos, incrementa el riesgo de erosión dental. A esto se suma la importancia de cambiar el cepillo cada tres meses o cuando las cerdas estén visiblemente desgastadas.

Más allá de la rutina diaria, los controles periódicos con el odontólogo siguen siendo una herramienta clave de prevención. Detectar a tiempo problemas que no se ven a simple vista y corregir la técnica de higiene puede marcar la diferencia entre una sonrisa sana y daños irreversibles.

En base a El Tiempo/GDA

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