Del 6 al 8 de octubre, San Pablo recibió una nueva edición de ProWine, la feria profesional de vinos y destilados más grande de las Américas.
El encuentro reunió en el centro de convenciones Expo Center Norte a productores y profesionales del sector de distintos países, en un espacio donde las degustaciones convivieron con las presentaciones y las reuniones comerciales.
Lo que más llamó la atención al recorrer la feria era la dimensión del evento. Italia, Francia, Rumania, Grecia o Japón fueron tan solo algunos de los países presentes, en una oferta que reunía vinos y destilados de distintos rincones del mundo. La variedad de etiquetas y propuestas dio cuenta de la importancia internacional del encuentro y del desafío que supone para cada productor captar la atención de quienes buscan nuevos vinos para sus mercados.
En ese contexto, Uruguay tuvo una presencia que se distinguía: un stand amplio, luminoso y abierto, visible desde lejos, con mesas y lugares para sentarse. El espacio estuvo pensado para recibir a quienes se acercaban a conocer sus vinos y permitió reunir bajo una misma marca una parte importante de la producción vitivinícola nacional.
La imagen tal vez contrastaba con la escala de un país pequeño como Uruguay, pero también mostraba la apuesta del sector por hacerse un lugar en el mercado internacional. Más de 40 bodegas uruguayas participaron en ProWine. Algunas estuvieron en el espacio de Uruguay Wine, la marca sectorial impulsada por el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INAVI), mientras que otras participaron de forma independiente.
El stand de Uruguay.
En el stand de Uruguay Wine se reunieron 38 bodegas, con más de 250 etiquetas. La oferta incluyó vinos de distintas regiones del país, desde el área metropolitana hasta el norte, pasando por el litoral, el centro y el este.
En una feria donde los vinos de decenas de países competían por captar la atención de los profesionales, reunir esa producción en un mismo espacio permitía mostrar la variedad de la vitivinicultura uruguaya.
Esta presencia tiene una explicación comercial. Brasil es el principal destino de las exportaciones de vino uruguayo y, por lo tanto, un mercado estratégico para las bodegas que buscan ampliar sus ventas en el exterior.
Según datos de Ideal.Bi, una empresa de inteligencia de mercado enfocada en el sector vitivinícola, durante el primer semestre de 2026 las importaciones brasileñas de vinos uruguayos crecieron un 25% en volumen, frente a un aumento del 9% del mercado total.
En términos absolutos, pasaron de unas 96.000 a 120.000 cajas de nueve litros, equivalentes a aproximadamente 216.000 litros adicionales en seis meses.
Las cifras ayudan a entender por qué tantas bodegas uruguayas dijeron "presente" en San Pablo. Pero en una feria profesional, mostrar un vino es apenas una parte del trabajo. También hay que entrar en contacto con importadores, distribuidores y compradores que puedan incorporarlo a sus catálogos y llevarlo a nuevos puntos de venta. Por eso, las degustaciones conviven con las reuniones comerciales y las conversaciones sobre productos, precios y posibilidades de distribución.
Los contactos no garantizan nuevas operaciones, pero pueden ser el comienzo de relaciones que continúen después de la feria.
En 2025, Brasil importó alrededor de 18,3 millones de cajas de nueve litros de vino, un volumen un 42% superior al de 2018.
Más allá del tannat.
Uruguay cuenta con 156 bodegas, en su mayoría familiares, según datos de 2025. En el exterior, la Tannat es su variedad más reconocida y uno de los principales símbolos de la identidad vitivinícola. Sin embargo, la oferta que los productores buscan posicionar en los mercados internacionales es más amplia. En ProWine convivieron bodegas de distintas dimensiones, con historias, estilos y propuestas diversas.
Para Uruguay, mostrar más que su variedad emblemática es una forma de ampliar el reconocimiento de sus vinos. La Tannat funciona como referencia para quienes ya conocen la producción nacional, mientras que otras cepas permiten presentar nuevas opciones. También importa la diversidad de territorios: los suelos, las condiciones climáticas y las decisiones de elaboración contribuyen a generar vinos con características diferentes.
La programación incluyó dos clases magistrales a cargo de Inês Salpico, editora regional de la revista Decanter para España, Portugal y América del Sur. La primera estuvo dedicada a la diversidad regional de Uruguay y a la relación entre los territorios y las características de sus vinos. La segunda se centró en la Tannat y el Albariño y en las expresiones que ambas variedades desarrollaron en las condiciones naturales y productivas del país.
Oportunidades.
Participar en una feria como ProWine implica una inversión de tiempo y dinero, especialmente para las bodegas más pequeñas. Además de presentar sus vinos, el objetivo es acercarse a importadores y distribuidores, conocer qué buscan y generar contactos que puedan convertirse en negocios.
La séptima edición de ProWine São Paulo cerró el 8 de octubre con más de 25.000 visitantes y la participación de más de 2.000 productores de 43 países, según cifras de la organización. En ese escenario, Uruguay buscó consolidar su lugar en un mercado cercano y estratégico, donde las importaciones de vino uruguayo vienen creciendo.
Estar presente no garantiza nuevas ventas, pero permite mostrar lo que el país produce y ampliar las posibilidades de llegar a otros compradores. Con más de 40 bodegas en la feria, Uruguay llevó una oferta que va más allá de Tannat y busca mostrar la variedad de sus vinos, sus regiones y sus productores.