Publicidad

¿Por qué consideraban la pasión como enfermedad en la Edad Media y qué tratamientos usaban para curarla?

Siglos atrás, se creía que el amor pasional era un sentimiento peligroso y desenfrenado, y como tal debía ser tratado por médicos.

Compartir esta noticia
Amor, pasión, pareja
Pareja.
Foto: Freepik.

Victoria Vera Ziccardi, La Nación/GDA
Uno de los aspectos del amor que más dudas despierta es la pasión: esa intensa emoción que ha sido fuente de inspiración de canciones, poemas e historias literarias a lo largo de los siglos. No obstante, durante la Edad Media, en vez de celebrar este tipo de emociones, se consideraban como una enfermedad del alma humana.

En los soñados paisajes del Medioevo, el amor no era concebido como en la actualidad. En vez de pensarlo como algo dulce o romántico se creía que era un sentimiento peligroso y desenfrenado que desviaba a las personas de sus deberes y responsabilidades. Prueba de esto son las historias de esa época que ilustran cómo los apasionados caían rendidos ante el deseo, provocando tragedias épicas y dilemas morales. Desde Romeo y Julieta hasta Tristán e Isolda, la mayoría de las leyendas medievales inmortalizaron la intensidad de los sentimientos amorosos, pero también pusieron sobre la mesa las consecuencias devastadoras de entregarse sin reservas al amor pasional.

Socialmente se creía que aquellos que se dejaban llevar por sus impulsos amorosos eran víctimas de una dolencia del alma, denominada amor loco o amor heroico. Se pensaba que los amantes eran poseídos por una fuerza sobrenatural que los despojaba de su racionalidad y los conducía a un desenfreno emocional que desafiaba las normas sociales establecidas. En consecuencia, este sentimiento intenso era condenado y temido ya que se creía que amenazaba la estabilidad y el orden de la sociedad medieval.

Qué es el amor loco.

Según señala un escrito la Universidad Autónoma de Barcelona, el médico reputado de reyes y papas de la Edad Media Arnau de Vilanova entendía al amor heroico como una deformación de eros, “amor-pasión” en griego. Los escritos de Arnau señalan que para ese entonces durante la “enfermedad” el enamorado se sometía a la persona amada como lo haría un vasallo con su señor.

Para Arnau, los síntomas del amor pasional eran: extenuación y debilitamiento del cuerpo, color amarillento, insomnio, falta de apetito, tristeza en la ausencia de la persona amada o alegría en su proximidad. En su tratado médico, destaca que algunos remedios para curar el amor heroico eran mostrar los defectos del ser amado o distraerse del pensamiento con actividades agradables: dormir, conversar con amigos, pasear por la naturaleza, escuchar música o tener relaciones sexuales con jóvenes y sobre todo viajar, cuanto más lejos mejor.

Según señala el escrito científico “El «amor que dicen hereos» o aegritudo amoris” realizado por María Eugenia Lacarra Lanz, crítica literaria y medievalista española, el texto que mayor influencia tuvo en el conocimiento de la enfermedad de amor fue el Viaticum de Constantino el Africano, una figura de la Escuela de Salerno —primera escuela médica medieval. Este escrito servía como manual para viajeros sin acceso a cuidados médicos y contenía un capítulo sobre esta enfermedad. Constantino señalaba que eros era una enfermedad del cerebro relacionada con el deseo que produce una alteración de los pensamientos. Al igual que Galeno —médico, cirujano y filósofo griego en el Imperio romano—, la localiza en el cerebro y no en el corazón. Para él, la ausencia de control emocional se atribuía a las tristezas y llantos de los enamorados. Sumado a eso, la obsesión por el amado dificultaba la comprensión de todo lo que no tenía que ver con el amor y con esa persona deseada.

Amor pasional en la actualidad.

“El concepto de amor vincular ha ido evolucionando a lo largo de la historia dependiendo de los contextos socioculturales. Es común confundir lo que es el amor como sentimiento y lo que es la sexualidad; de ahí surgen las malas interpretaciones que es lo que considero que pasaba en la época medieval”, dice la médica y sexóloga clínica, Sandra Magirena. Sucesivamente, la especialista sostiene que es importante tener en cuenta que para ese entonces existía una dominación del masculino y por lo tanto la noción de placer —que se encontraba más ligada a lo femenino— no existía ni tenía el visto bueno.

En la actualidad, la evidencia científica que hay sobre la ciencia del amor reconoce que los neurotransmisores como la dopamina, adrenalina y serotonina en el cerebro causan los síntomas físicos que se experimentan cuando se está enamorado. Un estudio publicado en el Journal of Neurophsyology concluye que el amor romántico/pasional es una motivación o un estado orientado a un objetivo que conduce a emociones o sensaciones como la euforia o la ansiedad en quienes tienen ese deseo.

“Sería preocupante el caso de adultos que vivan la pasión igual que lo haría un adolescente ya que para esa edad madurativa no se considera normal desvivirse por un vínculo como si fuese lo único que se tiene”, dice la sexóloga y licenciada en Psicología, Sandra López. Y revela que al vivir con ese nivel de intensidad una relación, los adultos se quedan sin energía para otras cosas importantes o responsabilidades. “Así, la persona comienza a ser disfuncional en otras áreas de su vida y aparecen los problemas”, dice.

“Como especialista en relaciones de dependencia emocional sé que quienes hacen estas cosas cuando se enamoran esconden una cuestión de fondo que, generalmente, tiene que ver con su historia personal y que debe ser tratada”, añade López.

Por último, Magirena advierte que “no hay que confundir el amor con las emociones tóxicas” ya que estas últimas desencadenan dependencia emocional y relaciones tóxicas y codependientes. “El amor puro o sentido es la emoción más perfecta que tenemos los humanos y es la única que puede manifestarse y expresarse libremente con toda su intensidad y no enferma; al contrario, cura”, enfatiza.

¿Encontraste un error?

Reportar

Temas relacionados

Mente

Te puede interesar

Publicidad

Publicidad