Tradicionalmente las vacaciones se relacionaban con “hacer más”. Era el momento de planificar viajes, paseos y aventuras que generaban esas fotos infinitas de situaciones además eran “instagrameables” y con sentido estético.
Sin embargo, en la actualidad existe una nueva tendencia en el mundo que marca una impronta diferente y un nuevo concepto de las vacaciones. Ahora los días de receso se asocian más a un descanso reparador y con reducir al máximo la cantidad de actividades.
Las últimas estadísticas muestran que el 37% de los trabajadores estadounidenses han utilizado sus últimas vacaciones pagas para quedarse en su casa. Literalmente para dormir y no hacer nada más que disfrutar lo que se bautizó como un “stop consciente”.
Los millennials son los grandes abanderados de esta nueva ola, priorizando la desconexión para reconectar de forma más plena y eficaz, desde el rendimiento. Un 43% de ellos, admite utilizar sus vacaciones para recuperar energía y descansar realmente.
El mayor lujo es dormir y de allí surge el término inglés compuesto por “sleepcation” (“sleep” (dormir) “cation” (vacation)). La idea puede resultar un tanto extravagante porque ¿quién gastaría dinero para hacer algo que, en teoría, puede hacer gratis en su propia cama? La respuesta es cada vez más gente. Y eso dice mucho menos sobre la industria del turismo que sobre el mundo en el que vivimos.
El agotamiento psíquico, la sobrecarga mental y el cansancio físico suelen asociarse con el mérito. Dormir poco se asoció durante muchos años con el éxito. Quien respondía correos a las dos de la mañana parecía más comprometido que quien apagaba el teléfono para descansar.
La ciencia lleva décadas advirtiendo que esa ecuación es falsa. Dormir bien no es tiempo perdido, sino una necesidad biológica tan importante como alimentarse o respirar. Durante el sueño el cerebro consolida funciones ejecutivas superiores como; memoria, capacidad de atención y concentración, regula las emociones, fortalece el sistema inmunológico y favorece la recuperación física. En cambio, la falta crónica de descanso, aumenta el riesgo de desequilibrio emocional, problemas en el estado de ánimo, así como también enfermedades cardiovasculares, obesidad, diabetes y deterioro cognitivo.El sueño esquivo
Paradójicamente, cuanto más sabemos sobre la importancia del sueño, más difícil parece conseguirlo. Las notificaciones no descansan. Las plataformas de entretenimiento ofrecen contenido infinito. El trabajo invade el hogar a través del teléfono celular y el teletrabajo borró las fronteras entre el horario laboral y la vida privada.
Incluso las vacaciones muchas veces se convierten en una carrera contra el reloj para “aprovechar cada minuto”. Si además se trata de madres o padres con hijos también en período de receso académico, el gran desafío de los adultos es entretener y a los pequeños y pasar tiempo con ellos sin desatender sus propias necesidades y preferencias personales.
En ese contexto el sleepcation propone: hoteles que ofrecen habitaciones insonorizadas, colchones de última generación, menús diseñados para favorecer el descanso, sesiones de meditación, aromaterapia, control de iluminación y programas para mejorar la calidad del sueño. Algunos establecimientos incluso cuentan con especialistas que analizan los hábitos de los huéspedes y diseñan rutinas personalizadas.
Puede parecer una estrategia de marketing -y en parte lo es-, pero también responde a una demanda del mundo real. El bienestar dejó de medirse únicamente por la posibilidad de acceder a un viaje o a un paseo exótico. Cada vez más personas consideran dormir ocho horas seguidas o pasar un fin de semana sin mirar el celular representa una experiencia tan valiosa como recorrer un museo o conocer una playa paradisíaca.
La tendencia también plantea una pregunta incómoda: ¿por qué necesitamos viajar para hacer algo tan básico como dormir? Quizás porque nuestras casas ya no siempre son espacios de descanso. El ruido urbano, las obligaciones familiares, la conexión permanente y la sensación de estar disponibles las veinticuatro horas dificultan desconectar.
Cambiar de escenario constituye uno de los grandes desafíos que se imponen en nuestra actualidad, retornando al hogar como un lugar de refugio, donde nos sentimos seguros y tranquilos. No deja de ser una paradoja de nuestro tiempo. Hemos desarrollado aplicaciones para controlar el sueño, relojes inteligentes que miden cada movimiento nocturno y dispositivos que registran la calidad del descanso con una precisión sorprendente. Sin embargo, dormimos menos de lo recomendable.
También existe un componente cultural. Durante mucho tiempo el ocio fue visto con cierta desconfianza. Descansar generaba culpa. “No hacer nada” parecía incompatible con la productividad. El auge del bienestar, con todas sus contradicciones, está ayudando a cuestionar esa mirada.
Cuidar la salud mental ya no es un tema marginal, y dormir, parar y tomarnos un tiempo personal en consciencia comienza a ocupar el lugar preponderante dentro del cuidado personal.
Por supuesto, el sleepcation no resolverá el problema global del agotamiento. El verdadero desafío pasa por recuperar una cultura del descanso que no dependa de una reserva turística ni de un fin de semana especial. Dormir bien y relajarte en tu casa y dentro de tu ciudad de residencia debería ser un derecho cotidiano, no una experiencia exclusiva.
En una época obsesionada con la velocidad, el rendimiento y la disponibilidad permanente, elegir descansar puede convertirse en un pequeño acto disruptivo. Tal vez el verdadero lujo del siglo XXI ya no sea viajar más lejos, sino recuperar algo mucho más simple y escaso: la capacidad de cerrar los ojos, dormir profundamente y despertar sintiendo que, por fin, el cuerpo y la mente han tenido tiempo suficiente para ponerse al día.
Asimismo, una gran enseñanza para las nuevas generaciones: aprender a disfrutar de sus vacaciones académicas priorizando el descanso real como parte del autocuidado y del reseteo cerebral para retomar con mayor energía y rendir mejor lo que resta del año, generando actividades en casa, dentro de su país y apelando a incentivar la creatividad y la conexión humana real y presencial con amigos y familia.