Estrategias para gestionar el aula sin gritar: Laura Lewin explica cómo fortalecer el vínculo con los estudiantes

La especialista propone un cambio de enfoque en la gestión docente priorizando la seguridad emocional del estudiante para garantizar un aprendizaje transformador en clase.

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Laura Lewin.
Foto: Gentileza.

Cómo gestionar tu aula sin gritar (ni enloquecer)”, así bautizó Laura Lewin, especialista en educación, a un trabajo que incluye más de 500 estrategias para docentes y una mirada actual sobre los desafíos de enseñar.

Durante más de tres décadas, esta argentina se convirtió en una de las voces más influyentes de la capacitación docente en América Latina. Especialista en management empresarial y gestión educativa, conferencista y autora de numerosos libros, la experta recorrió miles de escuelas, trabajando con equipos directivos y profesores en un desafío que parece cada vez más complejo: enseñar en aulas que cambiaron radicalmente mientras muchas de las herramientas para gestionarlas siguen siendo las mismas de hace 40 años.

Su nuevo trabajo, que lanzó con editorial Santillana, nace precisamente de esa preocupación. La obra reúne más de 500 estrategias prácticas para mejorar la convivencia escolar, fortalecer el vínculo entre docentes y estudiantes y recuperar el aula como un espacio de aprendizaje, en un contexto donde -aseguró- muchos profesores dedican más tiempo a controlar la clase que a enseñar.

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Foto: Pixnio.

“Lo que veía en las capacitaciones docentes era que muchos docentes me decían: ‘Me encanta esta estrategia, pero a mí no me sale porque tengo muchos alumnos’. Empecé a recopilar todas esas inquietudes y entendí que hacía falta un libro que hablara del manejo del aula, del vínculo y de la convivencia”, explicó Lewin a El País.

La también autora de La nueva educación y La educación transformada, sostuvo que el gran cambio educativo de los últimos años no tiene tanto que ver con los contenidos, sino con la transformación de los estudiantes, las familias y la sociedad.
“Un docente puede tener la mejor estrategia del mundo, pero sin vínculo cualquier estrategia se cae”, resumió.

Para Lewin, las neurociencias terminaron de confirmar algo que muchos buenos educadores intuían desde hace tiempo: Nadie aprende de verdad cuando no se siente seguro.

“Todos los estudios coinciden en que sin vínculo no hay aprendizaje. Antes era el alumno el que no dormía cuando sus padres tenían que hablar con un profesor. Hoy muchas veces es el docente el que no duerme cuando tiene que reunirse con una familia. Cambiaron las relaciones, cambió la autoridad y cambió la escuela”.

Ese cambio obligó, según explicó, a abandonar definitivamente un modelo de enseñanza basado únicamente en la transmisión de contenidos.

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Laura Lewin.
Foto: Difusión.

“El aula tiene que dejar de ser un lugar de transmisión para convertirse en un lugar de transformación”, afirmó.
“No significa dejar de enseñar contenidos, sino generar experiencias donde los alumnos tengan que pensar, resolver problemas, equivocarse, debatir y aprender juntos. Si un estudiante falta un día y lo único que pasó fue que el docente habló, alcanza con pedir la carpeta. Pero si en el aula ocurrieron cosas que lo hicieron pensar de otra manera, ya no alcanza con copiar lo que hicieron”.

La especialista enfatizó en que el foco ya no debería estar únicamente en lo que cada docente enseña, sino también en cómo aprenden los estudiantes. “Cuando un docente asume el compromiso de enseñar, también está asumiendo el compromiso de que sus alumnos aprendan. Y enseñar no garantiza que eso ocurra.”

Uno de los conceptos centrales de su libro es justamente la idea de “gestionar el aula”, una palabra que Lewin eligió deliberadamente por encima de otras, tales como controlar o dominar.

“Muchos docentes hoy sobreviven el aula más que disfrutarla”, señaló. “Siempre hago dos preguntas cuando doy una capacitación: ¿Quiénes sienten que pasan más tiempo gestionando el aula que enseñando? Se levantan muchísimas manos. Y la segunda es: ¿cuándo nos acostumbramos a esto?”

Para la autora, el problema no es solamente el comportamiento de los estudiantes, sino la enorme carga emocional que enfrentan quienes están frente a una clase todos los días.

“Ser docente es un trabajo épico. No se trata solo de preparar clases o corregir exámenes. El aula es un gran laboratorio de humanidad. Está el alumno que llega cansado, el que tiene problemas en su casa, el que se frustra, el que aprende rápido y el que necesita más tiempo. Todo eso ocurre al mismo tiempo”.

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Foto: Commons.

A esa complejidad se suma otro factor que, según Lewin, suele pasar inadvertido. “Nadie le enseña al docente a gestionar su propia energía. Entonces termina el día, la semana o el año completamente agotado”.

Parte de esa mirada nace de su propia experiencia. Comenzó a dar clases con apenas 19 años a alumnos apenas dos años menores que ella, cuando todavía no había realizado el profesorado.

“Aprendí directamente en el aula. Como tenía prácticamente la misma edad que mis estudiantes, muchas de las cosas que pasaban no me asustaban; me divertían. Fui aprendiendo con ellos”, detalló.

Ese recorrido terminó marcando su forma de entender la educación. “Siempre tuve muy buen vínculo con mis alumnos y eso es lo que intento transmitir en este libro. Estoy convencida de que cuando al docente le divierte enseñar, al alumno le divierte aprender. Y eso no significa convertir la clase en un espectáculo. No tiene que ser divertida; tiene que ser interesante”.

La importancia del desarrollo socioemocional es otro de los ejes del trabajo y también un tema que Lewin trabaja desde hace años. Consultada sobre los proyectos para fortalecer la educación emocional en las escuelas, considera que ya no puede pensarse como un complemento del aprendizaje académico.

“La parte cognitiva y la parte socioemocional no pueden ir por caminos separados. El aula es un gran gimnasio emocional donde los chicos entrenan todos los días habilidades socioemocionales fundamentales para la vida.” La metáfora le sirve para explicar que, además de aprender matemática o historia, los estudiantes ejercitan permanentemente capacidades invisibles. “Levantan pesas emocionales todo el tiempo: la frustración, la espera, el miedo a equivocarse, los conflictos con otros. Todo eso también se aprende”.

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Foto: Commons.

Para Lewin, las investigaciones en neurociencias aportaron herramientas concretas para comprender mejor cómo aprenden las personas y cómo mejorar las clases.

“Hoy sabemos mucho más sobre la atención, sobre la importancia de las pausas, sobre el impacto que tiene la postura corporal en la motivación y sobre las condiciones que necesita el cerebro para aprender. Toda esa información ya no puede quedarse afuera del aula”.

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Mientras presenta Cómo gestionar tu aula sin gritar (ni enloquecer) en distintos países de América Latina, la especialista volverá a Uruguay en agosto para participar del congreso organizado por el Instituto Anglo, donde ya se siente como locataria.
Su objetivo es el mismo que cuando comenzó a enseñar hace más de tres décadas: ayudar a que los profesores recuperen el disfrute de dar clases y que las aulas vuelvan a ser espacios donde aprender sea una experiencia significativa, tanto para quienes enseñan como para quienes están del otro lado del pupitre.

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