Tradicionalmente, medimos el éxito por indicadores de acumulación: cuánto ganamos, qué título ostentamos o qué tan alto hemos llegado en la jerarquía social. Sin embargo, si somos afortunados, llegamos a la madurez con un valioso aprendizaje: el prestigio es una vidriera que se ve brillante desde afuera, pero puede ser frío y opaco por dentro. El verdadero éxito no es una consecuencia del acopio, sino de aquello que logramos retener.
De la vidriera al hogar
El dinero y el estatus constituyen un capital volátil que puede desaparecer debido a causas que, muchas veces, escapan a nuestro control. Los afectos significativos, por el contrario, representan el fruto de una inversión de largo plazo cuya moneda es la presencia, la vulnerabilidad y el perdón.
Estas competencias humanas no suman créditos en ninguna escolaridad ni forman parte de ningún programa de incentivos corporativos, pero resulta que hemos estado midiendo el prestigio según el signo de las miradas externas, y ahora la madurez nos muestra que el triunfo real es la construcción de un ecosistema íntimo —poblado por familia, mascotas, libros y música— que nos sostiene.
El éxito adulto no es alcanzar una cima, sino habitar un hogar tan pleno que no sintamos la necesidad de escapar.
La familia como obra maestra
No son pocos los que sostienen que llegar a la edad madura formando parte de vínculos sólidos es el resultado de que fuimos confiables para algunas personas y estuvimos presentes en aquellas circunstancias en las que marcamos una diferencia. Esto entraña una buena noticia y es que la plenitud no es una casualidad o un accidente biológico, sino un acto de voluntad y la resultante de un propósito.
Por cierto, cuando hablamos de vínculos nos referimos tanto a la familia de sangre, que requiere cultivo y mantenimiento constante, como a la familia elegida, compuesta por esos amigos que, con los años, se vuelven hermanos.
Nadie rodea con afecto genuino a alguien que solo se dedicó a perseguir sus objetivos personales. El éxito laboral, una posición económica desahogada y la cima profesional son válidos y nos brindan comodidad, confort y una buena calidad de vida. Pero carecen de sentido si nos descubrimos disfrutando estos bienes en soledad.
Un hogar vivo
Si hablamos de plenitud tenemos que decir que la verdadera victoria reside en la capacidad de sostener un hogar vivo. Bajo esta mirada, el lugar que habitamos deja de ser una propiedad inmobiliaria para transformarse en una comunidad ampliada, un entramado en el que nuestra capacidad de cuidar es el hilo conductor.
En este hábitat, los animales de compañía actúan como anclaje al presente. Ellos representan el afecto puro, ajeno a los roles jerárquicos y ascensos, o al saldo bancario; nos obligan a bajar el ritmo y nos sitúan aquí y ahora. De igual manera, las plantas nos enfrentan a ciclos que requieren paciencia y que invitan a la contemplación. Un hogar que respira a través del verde es un refugio que nos reconecta con los ritmos naturales, recordándonos que lo que realmente importa no crece con apuro, sino con constancia.
Los logros se vuelven profundos: ya no se trata solamente de vínculos humanos, sino de la calidad de vida que logramos generar a nuestro alrededor. Una vida plena es aquella que desemboca en un entorno donde cada ser —persona, animal o planta— florece bajo nuestra protección. Es el triunfo del cuidado sobre el poder.
El triunfo de la sensibilidad
Cuando el hogar es el marco de una existencia feliz suele representar para quienes lo habitamos, un refugio poblado de elementos intangibles. Si las personas, los animales y las plantas constituyen el corazón palpitante del ambiente, los libros y los discos, por ejemplo, se plantan como signos de su memoria y su voz. Esta perspectiva representa el triunfo definitivo de la sensibilidad sobre la utilidad: en lugar de limitarnos a juzgar a un mundo que solo valora lo que sirve para algo, cuando poseemos objetos que nos conectan con emociones y sentimientos estamos llevando a cabo un acto de libertad.
Una casa habitada por libros, está poblada por una extraordinaria diversidad de voces y diálogos. Cuando tenemos la quietud mental necesaria para leer también experimentamos el éxito en una forma que no imaginábamos en nuestra juventud. Esas obras en los estantes (o en cualquier rincón de nuestra casa) son una belleza, pero también componen un mapa detallado de quiénes hemos sido y las ideas que nos han moldeado. Los libros cuentan fragmentos de nuestra propia biografía.
Y, por otro lado, la música es el aglutinante de nuestras emociones y del ambiente. Un disco girando no es sólo una cuestión de sonidos; que también obtenemos en nuestros dispositivos electrónicos. Es un objeto que fue pensado y diseñado para contar una historia y generar una atmósfera. En este santuario, los libros y discos contienen y al mismo tiempo expresan nuestra cultura personal.
La capacidad de cuidar
Hubo un tiempo en el que el éxito se narraba como un ascenso hacia una posición donde fuéramos servidos, atendidos y eximidos de las tareas cotidianas. Sin embargo, la madurez contemporánea propone la recuperación de la capacidad de cuidar como una nueva versión de la felicidad y el alcance del sentido existencial (componentes esenciales, ambos, del éxito).
Más allá de la obsesión que alguna vez tuvimos por la eficiencia y la productividad, disponer del tiempo y el bienestar emocional para regar las plantas, pasear al perro sin prisas o cocinar para los seres queridos es un privilegio. Ya no se trata de cuántas personas integran nuestro equipo de trabajo, sino de cuánta vida somos capaces de sostener. La construcción de poder ha dado paso a la constitución de autonomía y compromiso afectivo.
A fin de cuentas, los números que realmente importan son simples y básicos. ¿Quiénes y cuántos son esos por los que nos preocupamos en medio del trajín cotidiano, o nos acompañan en la tristeza y en la risa?
El éxito en la vejez está marcado por la densidad de la red que fuimos tejiendo a lo largo de la vida.
1. ¿Cuál es el resultado?
2 + 2 x 2 – 2 = ?
2. Descubre una palabra que puede designar una herramienta y un accidente geográfico.
3. Utiliza estas letras para formar dos palabras de seis letras.
C – E – F – O – R – S
Respuestas
1. Cuatro (4).
2. Sierra.
3. Cofres. Fresco.
-
Las claves para desarrollar con éxito la confianza en nosotros mismos y tres desafíos para ponerte a prueba
Zaperoco, un nuevo juego de mesa uruguayo creado por una especialista en entrenamiento y desarrollo cognitivo
Que es muy tarde, que es solo para grandes, que con juegos alcanza: conocé los mitos sobre el entrenamiento del cerebro
Salud cognitiva: consejos para que puedas entrenar la mente y vencer la pereza mental