El verdadero éxito no se mide en metas alcanzadas, sino en la capacidad de resistir todo aquello que nos desvía de ellas. El autocontrolEl autocontrol, desde la perspectiva del entrenamiento cognitivo, puede definirse como la capacidad para regular y gestionar nuestros pensamientos, emociones y comportamientos con el objetivo de alcanzar metas a largo plazo y adaptarnos eficazmente a las demandas del entorno, inhibiendo impulsos inmediatos o respuestas automáticas que podrían ser contraproducentes.
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Componentes clave
En este marco, el autocontrol se vincula directamente con las funciones ejecutivas del cerebro, que son habilidades cognitivas de alto nivel e incluyen:
- Inhibición de la respuesta: Es la habilidad crucial para frenar o detener una respuesta dominante, un impulso o una tentación inmediata para perseguir un objetivo mayor.
- Flexibilidad cognitiva: La capacidad de cambiar de perspectiva, atención o estrategia de manera flexible en función de las demandas de la situación, lo que permite modificar un plan o respuesta si no está funcionando.
- Memoria de trabajo: La habilidad para mantener y manipular información relevante durante un corto período de tiempo, necesaria para la planificación y la toma de decisiones conscientes, ayudando a considerar las consecuencias a largo plazo.
- Planificación y toma de decisiones: El proceso mental de definir pasos para lograr una meta y evaluar las posibles consecuencias de las acciones antes de ejecutarlas.
Una habilidad que se puede mejorar
El entrenamiento cognitivo aborda el autocontrol como una habilidad que puede ser desarrollada y fortalecida a través de la práctica de estrategias específicas, no como una característica fija. El objetivo es aprender a aplicar nuestros propios mecanismos reguladores.
Por un lado, la gestión cognitiva constituye un pilar central en el entrenamiento del autocontrol, enfocándose en la modificación proactiva de los procesos de pensamiento que anteceden y disparan nuestra conducta impulsiva. Esta estrategia parte de la premisa de que nuestras acciones no son puramente automáticas, sino que obedecen a un diálogo interno o "auto instrucciones" que, si son negativos, inútiles o peligrosos, sabotean las metas a largo plazo. El entrenamiento busca identificar estos pensamientos automáticos y reemplazarlos conscientemente por instrucciones más racionales y reflexivas. La aplicación de auto instrucciones estratégicas actúa como un freno mental. Frases como "¿Qué tengo hacer?" o "Pensemos antes de actuar" insertan un tiempo de demora vital entre el impulso y la respuesta. Este espacio permite activar las funciones ejecutivas, facilitando la evaluación de consecuencias y la elección de una respuesta que esté alineada con los objetivos deseados. Al dominar este diálogo interno, reestructuramos nuestro patrón de respuesta, fortaleciendo la habilidad de inhibición.
Por otro lado, el control estimular ofrece un enfoque práctico y preventivo del autocontrol, centrado en la manipulación consciente de nuestro entorno físico y social. Esta estrategia se basa en la premisa de que la voluntad no debe ser la única defensa contra la impulsividad; es más efectivo reducir la exposición a los estímulos desencadenantes antes de que sea necesaria una resistencia activa. Este proceso, a menudo llamado "autocontrol decisional", implica tomar decisiones por adelantado para evitar situaciones de riesgo. En lugar de confiar en la fuerza de voluntad al momento de la tentación, se diseñan las circunstancias para minimizarla. Ejemplos claros incluyen evitar pasar por la panadería si estamos a dieta o apagar las notificaciones del celular durante una tarea concentrada. Al gestionar el entorno de esta manera, se reduce drásticamente la probabilidad de que ocurra la conducta impulsiva, liberando recursos cognitivos para las metas importantes a largo plazo y haciendo que el autocontrol sea menos una batalla diaria y más una elección estratégica.
Aunque el entrenamiento del autocontrol se centra principalmente en la cognición, la autorregulación emocional es reconocida como un componente esencial debido a la interconexión mente-emoción. Las emociones intensas (como la frustración, el enojo o la euforia) actúan como potentes disparadores de respuestas automáticas e impulsivas, que a menudo anulan la planificación racional. El objetivo es capacitarnos para reconocer y comprender el surgimiento de estas emociones antes de que tomen el control. Esto implica aprender a etiquetar el sentimiento (reconociendo, por ejemplo, cuando estamos experimentando ira intensa) y analizar su fuente. Al gestionar activamente estas emociones, logramos evitar que dirijan automáticamente la respuesta. En lugar de reaccionar impulsivamente bajo la influencia emocional, se crea una pausa reflexiva que permite aplicar estrategias cognitivas previamente aprendidas, garantizando que nuestro comportamiento final esté regido por metas conscientes y no por el estado emocional momentáneo.
Consejos prácticos
En nuestra vida cotidiana, podemos ejercitar el autocontrol fortaleciendo las funciones ejecutivas:
- Ante un fuerte impulso (querer comer algo, responder airadamente a un correo, comprar algo innecesario), establezcamos una pausa obligatoria de tres a diez segundos. Esto crea el espacio cognitivo necesario para que la razón intervenga antes de la acción.
- Evitemos hacer varias cosas a la vez, incluso las sencillas. Concentrémonos en una sola tarea (por ejemplo, solo lavar los platos, sin escuchar música o hablar). Este enfoque simple entrena el cerebro para resistir la interferencia de estímulos externos, que es la base de la inhibición.
- Practiquemos actividades que requieran cambios súbitos de reglas o enfoque. Esto entrena nuestra flexibilidad cognitiva.
- Hacer lo fácil difícil y lo difícil fácil: Si queremos dejar de revisar el celular, saquémoslo de nuestra vista y dejémoslo en un cajón (hacerlo difícil). Si queremos hacer ejercicio, dejemos la ropa deportiva lista la noche anterior (hacerlo fácil).
- Si una meta es muy grande (y el impulso de procrastinar es alto), dividámosla en tareas muy pequeñas. Esto hace que el logro sea más inmediato y menos abrumador, recompensando al cerebro por pequeños avances en lugar de esperar una gran recompensa final.
El autocontrol es el resultado de un cerebro bien entrenado, que puede demorar la gratificación, resistir la interferencia y ejercer una respuesta reflexiva en lugar de una impulsiva.
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