Calzarse un traje de apicultor y meterse en el mundo de las abejas. Caminar entre monte nativo y descubrir cascadas escondidas.
Escuchar el silencio que se quiebra solo por el canto de aves (del color que se pida) que vienen y van. En las Quebradas del Norte de Tacuarembó, el turismo tiene otro ritmo: el del campo, el de las manos que lo trabajan y comparten lo que saben.
En este rincón de Uruguay, las familias locales abren las puertas de sus casas para invitar a vivir el territorio desde adentro. Se puede hacer de todo: navegar, mirar las estrellas como nunca antes, aprender a elaborar un charque o disfrutar un cordero hecho a las brasas, al Tannat o a la cerveza. Acá todo cuenta una historia, y los postres también: arroz con orejones, flanes, crema de naranja. Las mesas se sirven y se comparten sin apuro, y el que enseguida conquista es el pan casero, que nunca falta.
Entre cabalgatas y senderos que llevan a saltos de agua, el viaje se convierte en toda una experiencia. Incluso de noche, cuando lo único que ilumina al monte es alguna linterna, estrellas y bichitos de luz, hay recorridos nocturnos que vale la pena hacer al menos una vez en la vida.
Todo esto forma parte de un proyecto colectivo: una decena de emprendimientos familiares trabajan juntos para consolidar el destino Quebradas del Norte – Corredor Turístico de Tacuarembó, con el apoyo del Programa de Pequeñas Donaciones del FMAM, el Ministerio de Turismo y la Intendencia de Tacuarembó. Así, en este rincón del norte uruguayo, la naturaleza y la hospitalidad se combinan para crear un destino auténtico, lleno de historias y sabores por descubrir.
Para recorrer el monte nativo.
Entre las propuestas está la de recorrer senderos que invitan a conocer el monte nativo.
Valle Edén Paseos es una empresa familiar que hace caminatas guiadas con naturaleza, relatos y saberes locales: plantas medicinales, historias y un modo de vida que se mantiene en el tiempo.
De noche, la experiencia sigue: en sus salidas de astroturismo se aprende a reconocer constelaciones, planetas y mitos.
Gastronomía local y paisajes.
En la zona de Laureles está la estancia turística Bichadero, un lugar que invita a vivir la experiencia desde adentro con comidas caseras, cabalgatas, senderismo y salidas de avistamiento de flora y fauna, entre otras propuestas que son ideales para descubrir el campo desde otra perspectiva. Un imperdible: el sendero nocturno.
La ruta de la miel.
El apiturismo también es protagonista. En la Ruta de la Miel Nativa se puede vestir el traje de apicultor y adentrarse en el mundo de las colmenas.
Allí se aprende sobre la meliponicultura —las abejas sin aguijón, esenciales para el equilibrio del ecosistema— y se recorren senderos entre flores y mieles.
Naturaleza y experiencias rurales.
En materia de hospedaje, una de las opciones es El Quincho Nativo, en Zapará, a pocos kilómetros de la ciudad de Tacuarembó. Ofrecen alojamiento y experiencias rurales en un entorno ideal para desconectar.
Un quincho de piedra, una casita sencilla pero con todo lo necesario y un paisaje que acompaña. Desde ahí salen cabalgatas, caminatas y hacen avistamiento de aves: el monte de Pajonal, que rodea el lugar, es hogar de una enorme variedad de especies autóctonas.
Mujeres rurales.
Las mujeres rurales son parte esencial de este movimiento. El grupo A puro coraje, de Paso del Cerro, trabaja para recuperar la historia y los saberes del pueblo. Con ellas, recorrer las calles y la vieja estación de tren es también una especie de viaje en el tiempo.
Las visitas terminan de la mejor manera: con una mesa repleta de sabores locales, charlas y risas que hacen sentir al visitante parte de la comunidad. Además, elaboran artesanías que también rescatan la identidad del lugar.
Cascadas escondidas.
En Cuchilla del Rincón, la Estancia La Lata combina naturaleza, tradición y hospitalidad. Ofrecen hospedaje, gastronomía, cabalgatas y senderos que conducen al “Camino de las Cascadas”, un recorrido entre saltos de agua.
Es un emprendimiento familiar donde se puede vivir un día de campo: conocer el trabajo rural, disfrutar de comida casera y disfrutar la caída del sol sobre las sierras.
Ideal para desconectarse.
A unos 12 kilómetros de la ciudad de Tacuarembó, Guidaí Alojamientos propone descansar en domos, casas o monoambientes rodeados de naturaleza.
Con piscina, parrillero y espacios al aire libre, es un refugio ideal para quienes buscan tranquilidad sin alejarse demasiado del centro.
Para acampar.
os amantes del camping están de parabienes. En Costa de Cañas, la naturaleza marca el pulso. El Camping El Charrúa se extiende junto a una cascada que forma una piscina natural y una pequeña laguna.
Allí se puede acampar, recorrer senderos o remar en kayak. El espacio cuenta con todo lo necesario para pasar unos días al aire libre: baños, parrilleros, mesas y carpas disponibles para alquilar.
Tradiciones para compartir.
En la misma línea, en Cañas, Pueblo 33, el Camping Entre las Sierras combina alojamiento, gastronomía y paisaje. Tiene espacios verdes, cabañas, quincho, salón comedor y un gran fogón al aire libre.
Fue allí donde, junto a Sonia, elaboramos un charque criollo que luego probamos en un tradicional guiso. Experiencias que quedan grabadas: cocinar, compartir y comer con quienes mantienen vivas las tradiciones.
Cultura rural.
También en Paso del Cerro, el grupo Nativos del Cerro impulsa propuestas de turismo rural comunitario. Organizan ferias con artesanías y gastronomía local, además de paseos guiados por el pueblo, donde el tren aún se detiene y el tiempo parece haberse detenido también.
Su trabajo colectivo pone en valor la identidad del norte, uniendo mujeres, familias y comunidades en torno a la cultura rural.
Para saber más, se puede visitar la cuenta de Instagram @quebradasdelnortetacuarembo.
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