Por: Mariel Varela
El mozo los hizo esperar más de lo previsto. Le habían advertido que fuera rápido porque estaban apurados. El pedido arribó tarde y mal. Raúl Taibo no llegó a irse a las manos pero lo puso en su lugar con cierto comentario y una mirada peligrosa que lo convirtió en el protagonista de El túnel de los huesos, ópera prima del director Ignacio Garassino.
Ese altercado significó un casting no planificado para Garassino e hizo que tomara la decisión al instante. "Si vos podés mirar así a la cámara, podés hacer el personaje. Ahí se dio cuenta de que era lo suficientemente peligroso como para hacerlo y me lo ofreció", relata Taibo. En seguida que escuchó esas palabras se convenció de que podía interpretar a Vulcano, jefe de la banda de siete presos que se fugó de la cárcel de Devoto en 1991.
"Cuando me hizo referencia a eso me acordé de mi adolescencia descontrolada, cuando me agarraba a trompadas en la cancha, mis peleas en la secundaria. Me acordé que yo también era eso. Lo que pasa es que uno elige por calidad de vida abandonar esos aspectos pero siguen estando".
La película de Garassino está basada en la investigación que publicó en Página 30 (1993) el periodista Ricardo Ragendorfer, que lleva el mismo nombre que el filme, El túnel de los huesos. Narra la fuga de siete delincuentes que construyen un túnel desde la enfermería de la cárcel de Devoto para escaparse y realizaron un hallazgo macabro: huesos humanos de la época de la dictadura militar. Ante esta situación, los reclusos prometen que si salen vivos contarán al resto del mundo que esos restos están ahí. Tras la fuga se comunican con Ragendorfer para relatar lo ocurrido.
La crónica recibió el premio Príncipe de Asturias y Garassino apenas leyó las siete páginas que había escrito su compañero del ciclo Al otro lado se impactó. Pero unos holandeses la compraron para hacer un documental y él se olvidó del tema. Tiempo después, una llamada de su amigo lo sorprendió: los holandeses no habían hecho nada, el destino quería que fuera de Garassino así que le regaló los derechos para que la hiciera cuando pudiera.
El director se fue a vivir a España, se encontró con Daniel Martucci, co guionista y juntos decidieron adaptarla. La presentaron al INCAA, ganaron y la filmaron. Días atrás, Raúl Taibo viajó a Punta del Este para presentar El túnel de los huesos en el Festival Latinuy. Contó a Sábado Show el desafío que supuso este protagónico, cuánto lo movilizó y sensibilizó. Y también habló sobre sus primeros años como actor, la época de rebeldía con la carrera y su pose de galán.
introspección. No fue un sí de entrada. La propuesta de interpretar a Vulcano encontró a Taibo en una etapa de gran comodidad y alegría. Incursionar en este personaje significaba acercarse al dolor, al sufrimiento y las dificultades. "Uno raja de eso cuando está cómodo. Gracias a Dios que me sacaron de eso en ese momento porque fue de mucho crecimiento para mí. Fue un salto en mi expresión, en mi laburo como actor. Ahora estoy muy agradecido pero si no hubiese sido por los derechos humanos y porque esta historia se aclare de una vez por todas, me hubiese quedado en casa porque me daba pánico hacer este personaje".
Atravesó instancias de dudas existenciales: ¿para qué tengo que hacer esto?, ¿por qué tengo que estar trabajando como actor aún?, ¿por qué no puede ser algo más fácil? "Para entrar en este personaje era necesario sufrir bastante, abrir aspectos de mí mismos con los que no conectaba hacía mucho y había decidido no conectarme más. Eso hace que uno le ponga freno y vienen emociones muy fuertes, de miedo".
-Padeciste a Vulcano en cuanto a la tensión que te generó, ¿qué cosas removió en vos?
-Muchos miedos, por ejemplo, al encierro, a la injusticia, la prisión. Me despertó miedos que hacía mucho que no sentía en carne propia y andaba con ellos durante toda la filmación y mucho antes incluso. Cuando empezamos a preparar el personaje con Nacho Garassino y Daniel Valenzuela entraba en estados muy bravos que yo creí que nunca más iba a pasar, y sin embargo, tuve que atravesar mucho pánico, inseguridad.
-¿Te liberaste pronto de Vulcano o lo llevaste durante un tiempo más?
-No, estuvo bastante encima y aprendí mucho de él. Aprendí de ese compromiso, sobre todo del coraje, de lo que significa la libertad. El túnel que lograron excavar con los medios que lo hicieron es de verdad sobre humano. De eso se aprende mucho y eso me quedó. Me quedaron muchas lecciones de ese personaje. Así que por suerte no me lo pude sacar.
-¿Te había pasado algo semejante con otro personaje?
-Siempre pasa, sobre todo con los personajes con los que uno se compromete y trabaja más a fondo. Y es también por lo que me sigue apasionando trabajar como actor y es mi vocación porque te da herramientas para tu auto conocimiento. Todo lo que toques de un personaje aunque venga de afuera para dentro lo tenés que representar también de dentro para afuera y está en vos. Esas virtudes, defectos son todos aspectos del humano que están en uno, lo que pasa es que los actores los tenemos que expresar y es difícil hacerlo porque a veces es hasta muy incómodo y doloroso, pero de eso se trata, de aprender.
Vulcano fue quien hizo la promesa a los muertos. Ese compromiso y conexión con "el mundo invisible" lo animó a dar el gran salto. El gran enganche fue la necesidad de libertad, un bien muy preciado para Taibo, por el cual siempre está "bregando y accionando".
También supuso uno de los grandes desafíos de su carrera porque "era una ópera prima, lo hicimos en cinco semanas, estuvimos cuatro semanas metidos en la cárcel de Caseros con grandes dificultades que había que atravesar".
a los golpes. Taibo iba a ser arquitecto y trabajaba como técnico en Canal 9 a modo de ganar un poco más de plata y pagarse los estudios. Un día alguien lo puso frente a cámara y funcionó. Siguió haciéndolo como forma de obtener un pesito más, pero le valió el despido porque no se podía hacer artística y técnica a la vez.
Entonces arrancó como actor pero en una pose bien rebelde con el medio. "Me daba mucha bronca no poder haber seguido como técnico porque mi intención era ser director integral", asegura.
Esa rebelión le duró una década. Un día se topó con un tremendo equipo que le cambió la cabeza. Se metió como técnico y asistente de dirección de Susana Torres Molina en un grupo de investigación donde estaban Miguel Ángel Solá, Ana María Picchio, Gerardo Romano y Susú Pecoraro. "De ver actores tan comprometidos, con tanta pasión, con tanta vocación me di cuenta de que eso era lo mío", confirma.
Le cayó la ficha y empezó a tomarse en serio la profesión al verse reflejado en esos compañeros que lo hacían por amor al arte: "Trabajábamos codo a codo no por el dinero, sino por el amor a lo que hacíamos, por seguir desarrollándonos y creciendo dentro de esto. Eso me motivó a seguir investigando, hacer otro tipo de trabajos, a elegir otros roles". Quiso mejorar como actor, su expresión y se abocó a representar a cualquier humano de la forma más verdadera posible.
Arrancó a estudiar fotografía, se metió a escribir, a pintar. Se le despertaron vetas artísticas que lo ayudaron a comprender al ser humano.
Varias veces se arrepintió de haber dejado arquitectura después de que arrancó a trabajar como actor porque no le daba el tiempo, el físico y la cabeza. Pero cuando tocó su vocación, esa sensación se desvaneció. "Ahora estoy feliz por haberlo hecho y mi vocación como arquitecto la experimenté: construí un par de casas con mi propio diseño ayudando a los constructores. Me saqué el gusto", comenta el actor.
mote: galán. No se queja de ser conocido como galán pero tampoco le entusiasma que se lo ponga en ese lugar y no se le permita salirse, ir hacia otros lados. Aunque también reconoce que es un afortunado por seguir interpretando ese tipo de papeles con más de cincuenta años.
Actuó en un montón de novelas, interpretó una cantidad innumerable de galanes y no le quedaron actrices por besar: desde Soledad Silveyra a Juana Viale pasando por Andrea del Boca, Lucía Kuliok, Grecia Colmenares y Carolina Papaleo.
-Te hiciste conocido como galán y te mantuviste en ese rol, ¿necesitabas un papel de las características de Vulcano?, ¿te hacía falta para tu carrera?
-No, la verdad que no. No estoy de acuerdo con eso de que me hice conocido como galán, trabajé muchísimos años para llegar a protagonizar una novela. Trabajé diez años antes como actor y no precisamente hacía trabajos de galán. Lo de galán es un mote que te ponen, es una simplificación de un trabajo muy vasto y extenso que no tiene nada que ver con uno. Sí es una función que uno cumple dentro de ciertos programas pero nunca me consideré un galán, siempre trabajé como actor y artista. En ese sentido no estaba limitado a eso ni me pasó así.
-¿Te molesta que se te encasille?
-En una época sí porque durante muchos años para lo único que me llamaban era para ese tipo de roles. Entonces me molestó porque vengo trabajando como actor desde hace mucho y era como muy limitante pero ahora hasta me honra incluso que me sigan considerando para ese tipo de roles por mi edad. Feliz de hacerlo.
-¿Es difícil reinventarse y no repetirse haciendo de galán?
-Me resulta fácil porque es lo que he sido toda mi vida, para eso somos actores. El actor se está reinventando en cada personaje y si estás comprometido, lo hacés con pasión y es tu vocación, siempre te vas a involucrar de una manera nueva, esto es lo más rico para el actor. Me siento como pez en el agua en este juego de reinventarme permanentemente y de recrear los mismos personajes pero de forma muy distinta. Así que es un gran desafío. Es el gran desafío en definitiva. Contento y agradecido de que me permitan seguir haciéndolo. Estoy en un momento de mi vida donde todo es agradecimiento porque nunca supuse que a esta edad iba a seguir trabajando. La verdad que nunca lo había pensado. Yo creí que ya iba a estar retirado. Cada vez con más protagónicamente, con más ganas, más entusiasmo, más aceptación por parte mía y de la gente y con reconocimiento después de tantos años es hermoso; es algo para mí inusitado, nunca se me hubiese ocurrido que me iba a pasar.