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 Sábado 11.02.2012, 05:39 hs l Montevideo, Uruguay
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Sábado Show

Las mujeres de Dios Momo

Por primera vez en la historia hay dos murgas sólo de mujeres.

Por: Mariel Varela

Carpa de la Intendencia. Parque Rodó, prueba de admisión Carnaval `99. Charla entre un murguero viejo y un espectador.

-(Murguero) ¿Actuó la murga de mujeres?

-Sí, me dijeron que estuvo bien.

-(Murguero) ¿Qué?, ¿hicieron otra categoría?

Una de las muchachas de La Bolilla que faltaba presenció ese diálogo de costado, se lo contó al resto pero a ninguna de las integrantes que conforman esta murga con coro femenino y batería masculina le cayó mal el comentario. "El tipo pensaba que iba a haber otra categoría como en el fútbol, pero no. Igual fue inocente y me pareció muy tierno", reflexiona Gabriela Gómez (directora y fundadora).

El relato ilustra una realidad innegable. Al público le llama la atención ver en el escenario una murga cuyos componentes son exclusivamente femeninos. Este año se da un caso excepcional: son dos los conjuntos de mujeres que participan del concurso oficial (La Bolilla que faltaba y Cero Bola).

A veces las miran como bicho raro porque no saben con qué se van a encontrar. Crean expectativa y lo saben. Desde Cero bola comentan que las miden los primeros minutos y se "tuercen" cuando arranca el cuplé de la menstruación. "Ahí entran indefectiblemente pero tardan un rato", comenta Jimena Márquez, letrista y fundadora de Cero Bola.

Es cierto. Sus amigos murgueros hombres les llegaron a decir, `el coro de mujeres me molesta un poco`. Pero las reinas de la mentira (nombre del espectáculo 2012 de Cero Bola) tienen una anécdota para contrarrestar y demostrar que es costumbre. "Un coro femenino suena raro, no cierra mucho, `eso no es murga`. Vinieron unas españolas que nunca habían visto una murga, fueron a nuestros ensayos y en un festival vieron otras murgas de hombres. Cuando termina A Contramano le pregunto, `¿y?, ¿te gustó?` `Sí, pero me parece tan raro escuchar una murga de hombres`. Así que bueno, hay que pelear para que el oído se acostumbre", se ríe Jimena.

Rosario (Petit), Andrea (Pitu), Noel y Jimena vivían juntas. Una mañana de 2007 mientras desayunaban tiraron la bomba: ¿por qué no armar esa Cero Bola que se les había ocurrido en un cumpleaños? Escribieron un libreto, llamaron a primas, amigas, hermanas, amigas de amigas. No hubo selección artística ni prueba de voz; el único requisito era reclutar mujeres. "Era por darse un gusto y superó muchísimo las expectativas que teníamos", cuenta Rosario "Petit" Ferrari. Se presentaron y ganaron primer premio en Murga Joven tres años seguidos (2007, 2008 y 2009), aunque el objetivo inicial ni siquiera era ese, sino juntarse a cantar algo de murga por placer.

La historia de La Bolilla se remonta al `99. Gabriela había hecho un espectáculo con doce mujeres invitadas donde cantaban canciones con arreglos murgueros y se le ocurrió armar su propio equipo. Buscó gente e hizo talleres "porque estábamos todas descubriendo esto de sacar una murga toda de mujeres". Al igual que sus colegas de Cero Bola, quiso sacarse las ganas y cumplir el desafío de trabajar ese sonido con féminas. "Nunca saqué la murga para hacer historia ni para competir con los hombres". "La gente cuando se saca las ganas de salir en Carnaval está hablando de subirse al Teatro de Verano, vivir la experiencia y poder decir, `me subí y canté`", comenta Raquel Blatt, otra integrante de La Bolilla.

No quieren cargar con el rótulo de pioneras. La realidad es que no son las primeras; existían murgas de mujeres pero no salieron durante 30 años y quedaron en el olvido. Por eso la meta de Gabriela es la permanencia, aunque no pudo cumplirla de 2002 a 2011 por cuestiones monetarias. "Ahora tampoco hay plata pero yo quería retomarlo porque habíamos dejado un lugar que después está bravo recuperarlo. Era un debe, una responsabilidad. Más allá de que no tenga los medios, es un lugar ganado que hay que defender".

Cero Bola también atravesó un impás porque el grupo estaba desmotivado. La Pitu (fundadora) se fue a vivir a España y desde allá las agitaba: `¿qué pasa con la murga?, ¿en qué va a quedar el proyecto?` Ellas eligieron el camino democrático para decidir si presentarse al concurso oficial o no. Un año ganó el sí por un voto pero dijeron que no era diferencia suficiente y no aplicaron balotaje. La vuelta de Andrea fue pieza esencial: "Necesitábamos alguien que hiciera de nexo entre nosotras", dice Petit. Volvieron a votar y esta vez se presentaron a la prueba de admisión.

El objetivo 2012 quedó cumplido. Resta disfrutarlo. Cero Bola no siente que haya murgas rivales. "No tenemos sentimiento de competencia. Nos interesa el día que estamos nosotras por protagonizar, por estar ahí, pero no por ver qué pasa, cómo quedamos posicionadas", dice Petit.

En La Bolilla son conscientes de que van con las de perder a competir porque hoy se necesita dinero para presentar un espectáculo capaz de seguir en el ruedo y conseguir tablados. "En ese sentido pesa la competencia porque no tenemos plata para invertir en eso. Sabés que vas en desventaja en la competencia como está hoy el Carnaval. Entonces esa presión no la sentimos, pero sí el nervio del Teatro de Verano porque es el día que mostrás a la gente, el jurado y compañeros de otras murgas lo que hiciste", opina María José Hernández, una de las letristas.

COINCIDENCIAS. En sus nombres aparece palabra "bola" y "bolilla". Tienen significados distintos, si se quiere, pero van por el mismo lado. La ausencia de componentes masculinos es la razón por la cual las mujeres de Cero Bola eligieron llamarse así. Aunque también juega el doble sentido por esa expresión de no dar corte a lo que puedan llegar a decir los demás.

Una tarde de 1998 Gabriela se subió al ómnibus, vio un afiche de lotería que decía "la bolilla que faltaba" y se le prendió la lamparita. Le gustó eso del azar, jugarse la última a ver si ganás. Se puede interpretar como que no hay "bolillas" porque son todas mujeres pero el concepto que se ajusta mejor es "justo lo que faltaba, una murga de mujeres".

Nació y morirá como un proyecto de mujeres. Eso vale para las dos. Si bien hay hombres involucrados, no los quieren en el coro. Las chicas de Cero Bola no creen necesitar una voz masculina en el equipo porque "es la murga en la que nacimos y es el sonido al que estamos acostumbradas". Aunque a veces fantasean con la idea de salir con Fernando Paleo, su primer arreglador, para hacer el camino inverso: "¿Por qué no? Si hay murgas que salen todas con una mujer sola", dice Jimena.

Desde La Bolilla el no es rotundo. Afirman que una murga mixta es diferente. "Es distinto para arreglar, tenés otra escala para trabajar, otro registro de voces", según María José. "Acá la idea era que la nota la dieran las mujeres", agrega la directora. Eligió una batería de hombres porque entendía que era un rubro fundamental, necesitaba seguridad y a fines de los noventa las mujeres "no teníamos tan logrado estar ahí arriba, pararse, ser seguras. Y yo necesitaba una batería que tuviera esa firmeza y ese conocimiento del lugar".

Aquel primer año las sorprendió la recepción de los más pequeños que coparon los tablados. "Creo que es cultural porque la voz de la mujer el niño la asocia a la madre. Eso fue lindo porque era un cariño especial", dice Gabriela. A Cero Bola le pasó algo similar este año. Generaron buena química con los vecinos del club La Espada (Prado) pero sobre todo con un grupo de niñas (sólo mujeres) que se arrimaron a los ensayos y practicaron frente al micrófono como un integrante más de la murga. "Cosas de la vida, disimular, disimular, formas de mentira, disimular, disimular", cantaban el estribillo mientras Cero Bola se maquillaba para irse al tablado.

CORO. En Cero Bola no se preocupaban por timbrar como los hombres ni buscan llegar al clásico sonido murguero. "Cantamos a la manera nuestra", dice Jimena. "Te da una ventaja porque la búsqueda es más amplia. Podés experimentar más porque no hay una referencia que digas, ta, esto tiene que sonar así, sino que vas buscando algo que tenga que ver con la murga pero que a todas nos guste", comenta Victoria Gutiérrez, directora de Cero Bola.

Las muchachas de La Bolilla van a lo tradicional y su desafío es lograr cantar la murga con ese sonido que crecieron escuchando y las hizo enamorarse del género. Y es un peso tratar de que quien recibe escuche algo cercano a lo que está acostumbrado a oír. Jamás van a poder llegar a un registro tan grave por una cuestión de anatomía pero el objetivo es acercarse y sonar cada vez más parecido a lo que hacen los hombres. A la vez intentan crear un sonido propio que las identifique, como sucedió con Contrafarsa o Diablos Verdes, murgas a las que se las reconoce por su timbre.

Para lograr ese "coloque de timbre y voz" Gabriela planteó traer hombres a cantar a los ensayos, pero no lo hicieron. "Se aprende mucho cantando con el tipo al lado. Yo aprendí cantando con murgas de hombres. En realidad tenés que imitar ese sonido (...) Sabemos que no somos igual al sonido de ellos, pero hay que seguir laburando hasta acercarse porque es imposible ser igual".

Equidad. Es una murga y punto. Quieren dejar de lado el tema del género pero a veces cuesta. "De repente escuchás los comentarios y la crítica dice que somos lindas, bellas y solteras. Ahí sí te pesa un poco el género", apunta María José. También en cuanto a las empresas que invierten dinero. No están seguras si es esa la razón o el miedo a lo nuevo pero es real que no se animan a apostar por esta propuesta que funciona en los tablados y es valorada a nivel artístico. "Es una incógnita", agrega.

En Cero Bola reconocen su touch femenino: la sensibilidad, el vestuario a la hora de elegir cómo combinar las telas, los movimientos en la puesta en escena e incluso las melodías. "Elegimos música que no sé si los hombres eligirían. Ponele está Alejandro Sanz ("Amiga mía") que lo usamos en joda", dice Jimena.

A nivel del texto, no se busca ahondar en temas femeninos. El objetivo es ir hacia lo atemporal. "A la hora de crear artísticamente directamente no vamos hacia ahí. En ningún momento hubo que decir, `che, vamos a sacarle este verso porque es muy feminista`. No sale así", aclara Jimena. "La murga originalmente no surgió pensando en defender el género, complementa Victoria.

El cuplé de la menstruación lo podría hacer una murga de hombres pero desde otro lugar porque ellos no lo viven. "Son unas delgadas líneas que te cambian el lugar desde donde hablás sin querer hacer una defensa de género arriba del escenario", señala Jimena.

En La Bolilla le escapan a la cuestión del género. "Está en el afuera el querer ver dónde está lo femenino y masculino. Nosotras hacemos arte, Carnaval y la murga no tiene que ver con la femineidad y masculinidad", declara María José. A la inversa no sucede y Gabriela se queja: "He salido en murgas de hombres y he tenido que cantar `la novia que me espera` y ahí nunca dijeron, `ah, están hablando desde el lugar del hombre`".

Raquel es consciente de que cuando una murga se presenta con un coro exclusivo de mujeres da lugar a este debate sobre el género. "La idea es que la permanencia logre que eso ya no distraiga del objetivo principal que es ofrecer un buen espectáculo, pero es inevitable cuando uno empieza un camino". Confía en que la trayectoria transforme esta visión porque el uruguayo le da valor a lo que perdura. "Aspiro a que el Carnaval llegue a tener murgas de mujeres, con hombres, mixtas, donde no importe cómo estén conformados los componentes y lo que quede sea el espectáculo y lo que uno quiere decir. En definitiva uno hace un espectáculo porque tiene algo para decir", cierra Raquel.

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