Por: Mariel Varela
Alcanza con dar una vuelta a la manzana a su lado para que alguien le grite, "te comiste la pastilla, Yanuzzi". El creador oficial de la popular frase no fue Kesman. Tampoco Yanuzzi. Nació en un contexto opuesto al deportivo. Surgió en una charla cotidiana durante la guerra de las Malvinas. Enrique Yanuzzi estaba seguro del triunfo de Argentina y un compañero de trabajo lo bajó a tierra con un `te vas a comer la pastilla`. Tiempo después, se la tiró a Alberto Kesman en la Oral deportiva y el relator se la devolvió sin aviso en la transmisión de un partido de la Copa América en 1991.
Aterrizó en el aeropuerto de Carrasco y la "pastilla" estaba impregnada en la gente. Yanuzzi convive con ella desde aquel Sudamericano en Chile y no la esquiva un fin de semana. "Es una frase que acompaña a mis hijos cuando dicen que se llaman Yanuzzi. Eso demuestra la repercusión que tiene la transmisión", confirma.
No hay tuteos al aire en Universal. El trato de usted es una costumbre entre los periodistas. "Viene de toda la vida. Es una forma de hacer periodismo. Es marca de la radio", asegura. Pero apenas abandonan el estudio, la cosa cambia y es pura risa.
Cumplió bodas de plata en Radio Universal y hay cuerda para rato. Tiene previsto quedarse hasta que lo echen. No está dispuesto a jubilarse porque no se imagina fuera de la órbita radial. CX22 es su segundo hogar. "Nunca tuve problemas económicos, nunca me fallaron. Como profesional siempre me sentí muy respaldado", confirma.
Fanático de las transmisiones. No es ansioso, a diferencia de Kesman, pero llega el sábado al mediodía y se desespera por arrancar su maratón laboral (de 14:00 a 19:00 horas). "Durante la mañana estoy tranquilo pero llega la una de la tarde y me quiero ir para el estadio. Tengo deseo de que empiece la transmisión", asegura Yanuzzi.
A diferencia de la mayoría de las profesiones, la suya exige estar a la orden los fines de semana. Sábado y domingo se trabaja el triple y no hay descanso que valga. Eso le valió algún que otro reproche de parte de sus hijas mujeres que se perdieron de disfrutar al papá en circunstancias especiales. "Yo al Parque Rodó iba los viernes. Los cumpleaños de los niños se hacen a las cinco de la tarde y yo recuerdo que llegaba cuando estaban cortando la torta", apunta.
Disfruta más la previa que el propio partido. "Cuando me voy de licencia extraño la radio, no el fútbol. El juego me encanta pero no es el motivo del fin de semana. El motivo del fin de semana es mi transmisión. Quizá lo que menos disfrute sea el partido".
Es el primero en asumir sus errores y dar marcha atrás cuando se equivoca. No cree haber dañado a nadie con sus dichos porque no se mete con la intimidad de las personas. "Me pude haber equivocado en un penal pero nunca me meto con la vida privada ni tampoco soy quien para decir que alguien no puede jugar nunca más. Lo que me molesta lo digo con vehemencia, soy profundo en el análisis pero siempre separando la persona del deportista", asevera.
Fiel a sus principios y convicciones. Las circunstancias del fútbol lo colocaron en vereda opuesta a Tenfield y asegura no tener relación con dicha empresa. "Jamás trabajaría y jamás me vendrían a buscar a mí para trabajar en Tenfield", dice convencido.
-¿Te costó caro asumir esta postura?
-Estoy convencido de que no me ha costado caro por Kesman y por Universal. Aquí me han apoyado constantemente. No tolerarían que alguien llamara. Y no creo que lo hicieran tampoco. En eso hay un tema de fantasía. Yo nunca recibí una amenaza. Yo digo lo que digo y trato de ser objetivo pero la objetividad es relativa. Creo que todos somos subjetivos y en este caso tengo que reconocer que hay una subjetividad mía en los temas de Tenfield. Me cuesta aceptar algún acierto, lo tengo que reconocer porque sino sería un falso. Creo que a ellos les debe de pasar lo mismo conmigo.
Arrancó en la prensa escrita, hizo pasantías en distintos diarios hasta que surgió una chance en Radio Centenario. Hubo una seguidilla de pases hasta que se instaló en Universal hace 26 años. Enrique Yanuzzi conversó con Sábado Show acerca de su rol de comentarista, el trabajo al lado de Kesman, su relación con el relator cuando se apaga el micrófono y las frases que quedarán para la historia.
amigos. Yanuzzi de Leo, Kesman de Virgo. Comparten el mismo año de nacimiento (1950), la actitud personalista, "por no decir egocéntrica" y el ser solidarios.
Opuestos al momento de emitir opinión. Se llevan como perro y gato al aire. Se pelean cada mediodía y los oyentes son testigos. Sus discusiones son un símbolo que realza la dupla. Pero al salir del estudio se ríen como si nada hubiera pasado: "A los dos minutos nos olvidamos". Yanuzzi reconoce una virtud en su compañero: "Siendo el director de la parte deportiva, Kesman nunca prohibió las opiniones ni que se discrepe con él".
Hicieron más de 100 viajes juntos, convivieron en Mundiales, Copas Sudamericanas y lo hacen a diario en la Oral deportiva y los relatos del fin de semana. Se conocen de memoria, son amigos dentro y fuera del estudio. "Ante cualquier problema familiar estamos uno con el otro", confirma.
Esa relación tan estrecha se percibe al aire, los potencia y da sus frutos. "Es fundamental llevarse bien, ser amigos. La química entre nosotros influye un 100%. Si tuviéramos una mala relación la transmisión sería distinta".
-¿Qué comparten fuera del aire?
-Los viajes, algunas reuniones o fiestas familiares. Cuando en mi casa digo, `vamos a comer con Kesman`, o Kesman dice, `voy a traer a Yanuzzi`, saben que vamos a hablar de fútbol. A la familia no le gusta mucho. A mis hijas mujeres no les gusta el fútbol.
DUPLA. La previa de Yanuzzi. El relato de Kesman. Los oyentes les dan esa potestad y él lo repite, aunque reconozca que puede sonar pedante. "Cuando la gente dice la previa de Yanuzzi para mí es un orgullo", asevera.
Confía en que la relevancia del comentarista se percibe a partir de la devolución del público. "Cuando la gente empieza a decir, `viste lo que dijo fulano`, es porque hay una importancia. Eso lo nota el fulano. Me pasa, sé que le pasa a Da Silveira y le pasaba a Del Bono. Cuando vos sentís ese ida y vuelta es porque la cosa está funcionando", remarca.
Rapidez, velocidad, precisión y estado de alerta constante: características que hacen a la transmisión de CX22. "Yo sabía cómo se jugaba en Universal". Yanuzzi aceptó las reglas y se subió al barco.
Kesman relata y da entrada al comentarista cuando quiere. O no te da nunca o te tira cinco de corrido. Por más que utilice la muletilla "hay que avisarle, Yanuzzi", nunca lo hace. "Uno tiene que estar pronto", acota. Juega con inteligencia y le pasa la pelota a su compañero cuando tiene ganas. Según Yanuzzi, esa particularidad de Kesman es un acierto: "Prepara al comentarista, lo hace meterse en el partido".
Kesman pone a prueba a quien tiene al lado. Yanuzzi evita dar nombres pero asegura que no cualquier comentarista podría trabajar a la velocidad de su amigo y seguirle el tren. "No es sencillo por la forma de trabajo que tiene. Es muy participativo. Hay relatores que dicen, `ahora va a opinar fulano`. Ahí te preparás. Con Kesman no existe eso. Yo estoy acostumbrado, me gusta así", confirma.
-¿Cuál es la base del mantenimiento de la dupla Kesman - Yanuzzi?
-Yo creo que el éxito. Si todo esto no tuviera repercusión publicitaria, si no se vendiera bien, no podría sostenerse. El éxito es parte de nosotros pero confirmado por la gente. Si hay una encuesta y dice que Universal se escucha mucho, ahí está el éxito.
La frutilla de la torta es el gol. "Ahí tenés que andar bien. Si el comentarista le da un giro bueno, ilustra bien el gol, tiene condiciones. Y pese a decir cosas distintas a Kesman, nos llevamos muy bien en el gol. Creo que los goles es una de las mejores cosas que hacemos. Y el gol en el fútbol es lo más importante", subraya.
Sello. Alberto Kesman tiene un tic: un montón de palabras y frases disparatadas. Lo tiene incorporado, le dio éxito, "entonces no lo va a cambiar".
Recurre a esas marcas registradas ("Es lo que hay valor", "Hay que avisarle, Yanuzzi", "Te comiste la pastilla") durante los partidos y elige el momento indicado. Luego, las deja en el tintero para que las repita el público. "Las usa más la gente que uno", confirma Yanuzzi.
Algunas quedan para la historia, otras se olvidan. "En una época me puso una, `se hizo un traje, Yanuzzi`. Nunca le pregunté por qué me decía eso. Era muy difícil salir de esa", cuenta entre risas.
La "pastilla" es un ejemplo que trascendió cualquier límite esperado. Incluso el presidente de la República la citó. "Al terminar la campaña electoral, Mujica dijo en un discurso, `no me voy a comer la pastilla`. A mí me dio una alegría bárbara, te podés imaginar", redondea el propulsor de este eslogan.