Por: Mariángel Solomita
Hay un tiempo en el que Aldo Garay se permite descubrir. Puede ser algo mínimo, que habitualmente derrumba el orden del rodaje, pero que según él hace del cine algo fantástico.
Está del lado del espectador. Y lo dice para explicar que a él la forma por la forma no le interesa. Que las películas que logran, dejan sensaciones y emociones, y que esto es lo que debe importar.
-¿Dirías que tus películas pueden considerarse crónicas?
-No. Es que no detecto muy bien la diferencia entre una crónica y un documental. A ver, ¿la crónica cuenta una historia?
-Sí. Basándose en la realidad...
-La realidad... lo que pasa es que yo no sé si a mí me interesa la realidad porque, en realidad, lo que hago en mis documentales es contar historias donde sí, la realidad es un elemento más, pero no me interesa fanáticamente la realidad.
-Tú decís que los personajes tienen una faceta que es ficción...
-Todos, siempre.
-¿Te interesa exponerla?
-Convivo con total naturalidad, yo creo que todos tenemos una representación de nosotros mismos permanentemente. Lo tomo como un insumo más en el momento de contar una historia. Pero me quedé pensando, una crónica, ¿qué sería?: como detallar acciones cotidianas mezcladas con una capa de información sobre algo o sobre alguien...
-En un momento preciso.
-En una situación precisa. No, no es eso. Muchas de las historias que cuento, con personajes incluidos, las sigo durante mucho tiempo. Entonces no es precisamente una crónica... no sé. Es difícil definir, el documental roza con la ficción y la ficción roza con el documental. El documental tiene esos territorios que tocan con el teleperiodismo, con el reportaje, con la televisión más basura que te puedas imaginar, con el reality show. Estamos en una situación en donde los géneros están dialogando y tocándose entre sí. Hay mucha cosa que no sabés lo que es, y eso está bueno.
-¿Qué es lo que hace que tú quieras hacer una película?
-Varios factores. Uno, visibilizar una historia, no un personaje: una historia. Y luego sobre esa historia cuál es mi mirada, qué le podés aportar. Creo que todos podemos ser posibles protagonistas de una película, el asunto está en cómo abrazás eso. Ahí está lo que hace interesante al cine, sobre todo al cine documental: son las miradas de los directores, no los temas.
Mirar desde fuera una casa, cualquier espacio habitado y percibir su actividad. Por la luz, los sonidos leves que llegan hasta la vereda. Acercarse un poco más y tal vez oler algo especial. Imaginar cómo es adentro, cómo son los de adentro. Esto está en su cine. Es el punto de partida. Desde esa frontera entre lo que es y lo que le sugiere, Garay retrata, descubre, construye su mirada. Forma al director.
"Esa cosa de mirar hacia adentro, lo hago permanentemente. Es básico, está instalado en todos. Por eso: no es la vida, no es la realidad, porque sí, son personajes ciertos, puede ser cierto, puede haber mucha verdad, pero también puede haber mentira en el documental y eso no lo inhabilita. No hay ningún decálogo que diga que el documental tiene que mostrar la realidad y contar la verdad.
-Pero esa mentira de dónde surge, ¿del director, del personaje?
-Puede surgir de los dos lados, o en base a una complicidad. El argumento central tiene capas (el amor, el compañerismo...) que son ciertas y existen, y es una situación que otros padecen. Desde un lugar, desde una experiencia de tus personajes, hablás de otros. Eso hace que se permita en el documental esa cosa de no ser en sí mismo toda la realidad ni toda la verdad.
-¿No hacés ninguna diferencia entre documental y ficción cuando buscás la mirada adecuada?
-Sabés que no. No, porque me parece que lo que importa es lo que vas a contar. El casamiento podría haber sido una historia de ficción, casi con los mismo escenarios y hasta te diría con los mismos protagonistas. Claro, trabajando desde otro lugar.
-¿Cómo ordenás el rodaje?
-Es muy precario el orden, cuando armo el trípode ya estoy cambiando. Hago entrevistas, pero muchas veces no las utilizo. Genero situaciones, registro situaciones que se dan y planteo situaciones que se pueden llegar a dar, o que vi y no registré. Empleo muchas herramientas para intentar componer una escena. Me gusta ir y buscar.
-¿Pero estudiás antes las posibilidades?, ¿cómo te organizás?
-Me armo escaletas mentales de forma muy rápida. Me dejo llevar mucho por las primeras impresiones, como si fuera un hombre cámara. Trato de ser el primer espectador antes de que se tire un plano.
EN CONSTRUCCIÓN. A Julia Brian él la vio primero. La conoció en 1995 cuando filmó su primer documental Yo, la más tremendo. Julia era travesti. Seis años después la volvió a filmar en Mi gringa, retrato inconcluso. "Tenía claro que lo que habíamos generado con Julia no se consideraba una película finalizada". Cuando cumplió 60 Julia se operó. A los 65 años quiso casarse con Ignacio, su pareja desde hace más de 20 años. Le pidieron a Garay que fuera el padrino, él filmó una película. "Nunca cortamos la relación personal, sí la fílmica. Me confirmó una cosa bastante obvia que es que uno hace películas diferentes según las circunstancias y los momentos".
-¿Y tú volvés a ver tus películas?
-No. En este caso sí. Pero no las vuelvo a ver, pierdo todo interés.
-¿Hacés las películas que te gustan ver como espectador?
-Algunas sí y otras no sé si las vería. El casamiento es una película que me gustaría ver, es el tipo de película que veo y que buscaría para ver. No sé La espera (2002, ficción)... Ves, hoy con ese mismo guión y esa misma locación creo que la película tendría otros elementos que en su momento los vi pero no me animé...
-¿Hoy sos otro director?
-Claro, me parece que es un proceso permanente. Con el tema de hallar, creo que el cine es un arte vivo, es movimiento, es espacio, tenés que aprender a caminar y a respirar haciendo el cine. No creo en métodos rígidos, "esto se hace así". Las cosas no sé cómo se hacen, hay que sentirlas más que nada.
-¿Qué tanto tenés que conocer a un personaje?
-Es un mito eso de que tenés que conocerlo mucho, tenés que conocerlo lo suficiente para saber qué querés hacer. Yo te diría que es al revés: primero tenés que conocerte vos como director, tenés que saber todo de tí para saber todo sobre el personaje, para después poder ver un punto de vista claro, que la película tenga una identidad.
-Generás situaciones, ¿qué tanto consultás con tus personajes?
-Acá todo se habla. No todo tiene que estar en función de la película. Si a las personas les hacen mal hay que considerarlo, hay mucho que se habla; se trabaja. Hay cosas que terminan siendo efectivas emocionalmente en la medida de que los personajes estén a la altura emocional de lo que va a suceder, porque si no es muy malo para el personaje y es muy malo para la película.
-Y tú, emocionalmente, como director, ¿podés filmar cualquier historia en cualquier momento?
-No. Yo creo que nunca tenés que afrontar una historia con la que no estás a la altura emocional. No creo que pueda filmar cualquier historia en cualquier momento. Hay cosas que por ahí no haría, situaciones de mucha violencia, ese tipo de cosas no sé si lo haría.
Detrás de la cámara también hay misterio. Es ese que Garay une a cierta predisposición vital, una línea de interés que quedó ajustada y que lo conduce hacia historias que le interesan, sin necesidad de buscarlas. La ansiedad de filmarlas ya, apenas tomó la decisión de hacerlo, dice que aprendió a manejarla. Todo cambia, y él cambia mucho.
-¿Qué habilidad dirías que desarrollaste con la dirección?
-Tener la capacidad de ver más allá y no agotarme en la primera mirada. Preguntarme para qué, cómo y por qué como ejercicio permanente. No pretender decir "esta es mi verdad y esta es la realidad", sino, "esta es mi verdad y esta es la realidad" en este momento. Me parece que mi mayor habilidad es haber desarrollado el concepto de la duda.