Gustaf recargado

A pedido del público repite la gran fiesta del año pasado. Despide el año el 17 de diciembre en el Defensor Sporting con "Hiper tensión" y baile.

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Por: Mariel Varela

En Uruguay no se acostumbra celebrar por qué sí. Las instancias de festejo son contadas con los dedos de la mano: cuando tu cuadro de fútbol sale campeón, si a la Celeste le va bien o si gana las elecciones tu partido. "No hay un por qué sí de la alegría y me parece que el teatro puede ser una excusa".

La idea de Gustaf es hacer del festejo sin motivos una tradición. Él elige celebrar que puede dedicarse a su vocación, actuar. "Celebremos reírnos, algo que siempre tiene una lectura superficial o banal y me parece todo lo contrario: es una lectura mucho más profunda. ¿Cuántas veces tenemos el sentimiento de alegría al día? Muy pocas", asegura el cómico.

El año pasado decidió poner un granito de arena para lograr esa consigna de que "el humor puede salvar al mundo" y convocó a su público en el Teatro de Verano para hacer una gran fiesta de fin de año. Hubo risas, carcajadas, reflexión y frases que nacieron de esa interacción (si la alegría es una droga yo soy tu diller o llamar al espectáculo rock hablado). Y como toda buena fiesta culminó con un gran baile hasta cualquier hora.

Esa noche se despidió con la promesa de que lo repetiría cada año. Este 2011 cumple con su palabra y se presenta el 17 de diciembre en el Defensor Sporting con el espectáculo "Hiper tensión".

La diferencia con el show de 2010 es que viene recargado: "El año pasado no hacía referencia a lo que había pasado a nivel de actualidad, sólo se trataba la temática de la identificación con los problemas triviales que teníamos y cómo nos volvían locos". Optó por agregarle las noticias después de un año de ausencia en las mañanas de Sarandí: "Todos los bombazos noticiosos que inspiraban guiones ahora los vuelco al espectáculo teatral".

Hay algo que no cambia: vuelven a terminar todos en la pista moviendo el esqueleto al compás de la música del dj argentino Fabián Jara. El show hace una curva y se cierra de tal forma que vuelca al público hacia el rincón de baile, que en esta ocasión es la cancha de basketball y no el pedregullo del Teatro de Verano. Hay música para todos los gustos: "El año pasado iban mujeres de 60-70 años con grupos de amigas, compañeros de trabajo, noviecitos, matrimonios o pibes de 17-18 años. El público que va es heterogéneo".

Después de un año de "resistencia", cansancio (viajes a Buenos Aires para grabar Señor y señora Camas de lunes a jueves; estadías en Montevideo viernes y sábados para rodar Porque te quiero así y shows por el interior del país) pero mucho disfrute y aprendizaje, Gustaf está de vuelta en estos pagos para hacer reír a los nuestros.

"El motor fue el propio público que pidió que en diciembre se hiciera algo así. Tuve un largo año de ausencia, de no estar haciendo teatro en Uruguay, entonces un año después me vuelvo a presentar con un show que sólamente se vio esa vez".

No tiene tiempo de hacer balances a fin de año. Pero la realidad habla por sí sola: trabajó en Buenos Aires durante nueve meses con "actores de primera línea" como el Puma Goity, Florencia Peña y Mirta Busnelli; fue el primer actor uruguayo en hacer un show solo en La Trastienda bonaerense y tiene chances de concretar otro espectáculo similar en la capital argentina en marzo próximo.

La enumeración sigue: está trabajando en un nuevo espectáculo, "Frontman", y planea tenerlo pronto para estrenarlo en 2012 e irse de gira por el interior del país. "Trata de todas las personas que tienen el coraje de saltar al vacío, los que se atreven. Tiene que ver con la fe en lo que creemos y no vemos; los que van adelante en las batallas, el coraje de pararse frente a algo".

Por si fuera poco, en julio se estrena La vida del actor, un documental sobre Gustaf que lleva el mismo nombre que el libro que escribió para la editorial Medio y Medio. "Son los dos últimos años de registro de mis actividades actorales y no tanto: shows, entrevistas, back stage -desde que salgo de mi casa hasta la actuación-, cómo se preparan los monólogos, las idas a la cancha de Fénix, mi cuadro".

-Decís que el humor salvará al mundo, ¿de qué te ha salvado a vos?

-Salva de la tristeza, la depresión, la desolación, los malos momentos, las decepciones, las desilusiones. El humor exorciza. Antonio Gasalla dice que el humor es distancia: cuando tenés un problema te alejás y no termina siendo tan grave. Sirve para eso. Es como una medicina diaria que hay que tomar, lo que pasa es que a veces no la tomamos.

"rock hablado". El término stand up no le convencía. Encontró uno más acorde a su show de fin de año precisamente aquella noche de diciembre en el Teatro de Verano. "Todo el mundo se estaba riendo, aplaudiendo, saltando, me subí a un parlante y grité eso (rock hablado) y todos dijeron, sí, sí. El cliente tiene la razón. Lo dijo la gente más que yo", cuenta. Así nació esta definición que se aplica para estos "shows estadio para miles de personas" e inaugura una nueva tendencia teatral.

Hacer reír al otro es para él un acto de amor. Ejerce su profesión "con la mayor cantidad de amor que tengo para dar". Y por eso no le gusta colocar al público en una situación incómoda a través de un humor destructivo donde el espectáculo se hace en base a la gente.

"Shakespeare decía que el teatro es un hombre hablando a otros hombres pero los que están contemplando tienen que participar haciendo catarsis, emocionándose. Hay una especie de ejercicio en el teatro donde la gente se va a destrancar energéticamente".

Con este show pretende volver a las raíces y recuperar el sentido puro del teatro como hacían los griegos: "Ir a un lugar al aire libre, conmoverse con una obra, hacer catarsis, reírse, llorar, comer algo y terminar danzando. Es el sentido puro que tenía el teatro en Grecia".

Lo suyo no es sólo humor y robar carcajadas. Intenta generar distintos climas donde el público entre y salga de ellos "como una montaña rusa". En sus shows siempre hay un atril y ello marca el descenso de humor y aumento de reflexión. "Hiper tensión" está basado en un poema de Charles Bukowski que se llama El cordón del zapato y "refiere a que no son las grandes tragedias las que vuelven loco a un ser humano sino el goteo constante de tragedias cotidianas tan triviales que en la acumulación nos estresan, nos generan enfermedades y nos hacen detonar".

Sucede que la reflexión es un sello en sus actuaciones. "No me gusta hacer reír porque sí, siempre hay algo detrás, pero tampoco me gusta que sea muy explícito. Me gusta que el espectador vaya leyendo entre líneas".

antídoto. Anda siempre con la libretita a cuestas. No busca ni fuerza las situaciones: trabaja desde el encuentro. "Cuando viene algo lo anoto. Después voy acumulando y separo por temas y ahí empiezo a escribir para unir absolutamente todo". En las idas y vueltas a Buenos Aires en avión descubrió grandes historias que plasmó en el papel.

Confía en trabajar bien las ideas hasta que funcionen. Y lo compara con un diamante en bruto que necesita pulirse. "Creo en repetir el show hasta que crezca. Capaz que tenés una buena idea, la planteas mal y ahí es donde tenés que trabajar una y otra vez". Su método es probar con el público. Se arriesga. Cuanta más gente, mejor. "Esto es todo el tiempo saltar al vacío".

No tiene la receta infalible para hacer reír y tampoco le interesa conocerla porque le quitaría toda pasión. "Hasta último momento no sabés lo que realmente va a hacer reír al público". Recurre al "condimento del absurdo, la lectura de la actualidad desde otro punto de vista y la picardía" para elaborar sus guiones.

Intenta reírse de todo. Incluso de aquellas cosas que no son gratas. "Trato de utilizar ese antídoto", comenta. Y atribuye gran parte del mérito a haber hecho seis temporadas de radio en la mañana: "Me ha generado una reacción instantánea a sacarle humor hasta a un ladrillo".

Aprendió a reírse de sí mismo y lo hace a diario. "Me río de este flan de inseguridades que soy, de esta tortilla de ansiedad que soy, de este coctail de defectos que soy; de mis miedos, mis prejuicios".

Este ejercicio le permite mejorar como persona, comprender la realidad y reírse de otras cosas. "Pero primero hay que reírse de uno mismo, sino uno no queda habilitado".

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