Por: Mariel Varela
La noche del 24 de agosto tiene dos grandes protagonistas: la música y el público que se animan a mover el esqueleto en esta fiesta que ya es marca registrada. "La estrella es la música y la gente, que ellos disfruten", manifiesta convencido y entusiasta Henry Mullins, que si de clásicos se trata, la tiene súper clara.
Con apenas veinte años participó de la primera edición de la Noche de la Nostalgia. Fue testigo presencial desde esos inicios y lo hizo detrás de la consola. Hace más de tres décadas que está en el oficio de "pasar música y hacer bailar a la gente". Casamientos, cumpleaños o fiestas de amigos son las únicas ocasiones en que cambia de rol y se para en la pista. Pero en comparación, fueron muy pocas las veces que le tocó estar del otro lado: "Los demás se divierten mientras yo laburo", bromea.
Nostálgico exagerado, el disc jockey reconoce los beneficios que supone la tecnología en su trabajo, no reniega del digital, pero tampoco esconde su añoranza por aquellos precarios artefactos que solían usarse cuando la noche del 24 comenzaba a gestarse. "Antes cargaba con cuatro bolsos de discos, ahora cargo con una computadora", compara. ¿La principal diferencia en cuanto a la técnica? "Antes eran dos platos -generalmente se usaba la marca Technics- con discos de vinilo y ahí hacías las mezclas con un mezclador. Era bastante artesanal pero brillante. Eso se extraña en la fiesta", recuerda Mullins, que algún 24 se animó a volver a la vieja usanza, pero la calidad de sonido pudo más. "Suena mejor en digital", confirma.
Desde los estudios de Metrópolis FM, rodeado de pósters y cuadros de grandes músicos, con clásicos sonando de fondo, Henry Mullins conversó con Sábado Show a propósito de esta previa al 24 de agosto. Habló sobre su oficio, las fiestas de antes, las de ahora, los clásicos infaltables, y su nostalgia personal.
ayer/hoy. Fiestas hubo muchas, pero Mullins agiliza su memoria para lograr elegir una entre esa treintena. El primer puesto se lo lleva la segunda edición de la Noche de la Nostalgia que hizo Radio Mundo y lo encontró como disc jockey en el castillo de Lancelot. ¿Razones? "El castillo tiene su magia. Aparte era estrictamente en pareja. Era otro entorno, se bailaba música lenta, o sea que podías tranquilizar la noche. Era un público -no sé cómo llamarlo- si más tranqui o más culto pero se pasaba muy bien", rememora.
En aquél entonces los que hoy llamamos oldies se denominaban clásicos, la noche comenzaba a las once y no a las tres de la mañana ("A las doce yo subía la música") y las fiestas eran dos o tres. Hoy se multiplicaron los lugares para salir porque se creó un negocio detrás, y Mullins encuentra el lado negativo a esta cuestión comercial: "No todas te brindan una Noche de la Nostalgia con un dj idóneo, de aquella época. Conozco fiestas donde terminan con cumbias. Te ponen media hora de oldies y después la gente pide cumbia", declara.
idóneo. Saber percibir es característica esencial de un buen disc jockey. ¿Cómo se logra? Se elige la música de acuerdo al perfil de edad promedio del lugar. "Yo calculo, esta piba tiene entre 30 y 36, sé que Beatles va a bailar, Creedence también y música disco algo", cuenta. Incluso presta atención a la vestimenta porque "todo marca códigos".
Elige asombrar, innovar e improvisar en las distintas ediciones de la Noche de la Nostalgia. "Prefiero sorprenderme y sorprender a la gente con lo que puedo llegar a darles. Si armo una rutina, me aburro, y directamente pongo a alguien que lo haga por mí", dice Mullins.
La experiencia en el rubro le ha dado cierto grado de conocimiento en la materia. Logra advertir qué quiere la gente, y lo pone en práctica en su fiesta del Flamingo. "Buena música, buen audio y buena gastronomía es lo ideal en la noche del 24", asegura el dj, que se jacta de "no matar con el volumen", y así evita saturar. El público del 24 de agosto reclama pista. Mullins pensó en contratar algún humorista como forma de incluir algo novedoso a su fiesta, pero descartó la idea: "La gente quiere bailar, pasar un rato ameno y piden discoteca", advierte. ¿Los infaltables? Smoking, I will survive, Michael Jackson, Bee Gees, Queen, Bob Marley, Rod Stewart, Cindy Lauper: "Tienen que estar", asevera.
lentos. La gente se vuelca a la pista apenas comienzan a sonar los románticos. Se escuchan sólo una noche al año y la aprovechan jóvenes y adultos. "Hay gente bastante más joven que también los baila. Es lindo, agradable. Es la manera de acercarse a la chica y la chica a vos", comenta Mullins, que sí o sí tendrá que incluir Classic de Adrian Gurvitz a su repertorio este 24 de agosto, así como algún tema de Neil Diamond y Barry Manelon.
El público se anima a tirar unos pasos en la pista pero también a acercarse al dj y solicitar su preferido: "Te piden sí, y cuando vienen los lentos más aún porque quieren apretar", atestigua Mullins, que solía bailarlos en su etapa de adolescente. Hoy también se anima si tiene la oportunidad pero ya no es lo mismo. "Lo que pasa es que mido dos metros y todas las mujeres me quedan de bastón, inclusive mi pareja. Es una macana. Nadie quiere bailar conmigo. Meté la barriga adentro y agachate", se ríe el dj.
Personal. La década del ochenta lo encontró de blanco: "Siempre con jean y camisas blancas", confirma. Esa moda la superó, pero no así sus gustos musicales. Sus preferidos siempre fueron los Beatles y eso no cambió. Zona Libre y Zum Zum eran los boliches que el dj elegía para pasar sus fines de semana, aunque nunca se destacó como bailarín. En la pista "siempre fui de madera".
Hay ciertas poses que tampoco se modifican con el tiempo, y su costado nostálgico es un ejemplo. "Miro demasiado para atrás, no sé si es tan bueno", reconoce. Y larga una catarata de añoranzas: "Antes teníamos otros valores. Hoy para divertirte si no tenés una computadora, no funcionás. Nosotros con un equipo de miércoles andábamos y no nos calentaba nada. Vivíamos sin celular. Tu madre te decía, llamame para saber dónde estás, y tenías que ir a una estación, pagar cuatro pesos y hacer la llamada", finaliza en tono melancólico.