El hombre detrás de la Estatua

El director y guionista, Mario Sabato, llegó al Festival Cine del Mar en Punta del Este para presentar Ernesto Sabato, mi padre, un retrato familiar del escritor.

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Por: Mariel Varela

Cuando alguien le pregunta por las desventajas de ser el hijo de Sabato, Mario contesta con un chiste. "Si fue difícil ser el hijo de Ernesto Sabato, no se imaginan lo fastidioso que debe de haber sido ser el padre de Mario Sabato".

Mario sacó rédito de esa cuota positiva de ser hijo de. Estima que su padre debería sospechar lo que se traía entre manos pero no le pidió permiso para hacer Ernesto Sabato, mi padre. "Hice la película y él se enteró cuando la terminé. Son las ventajas de ser el hijo. Tiene tantas desventajas que alguna ventaja es bueno que tenga", declara Mario.

Sus respuestas asombran. Es un hombre curioso y atractivo. Después de una relación de 63 años, no hay casi nada para extrañar, asegura. "Cuando extrañás a alguien es porque algo más deberías haber hecho o sentido con esa persona. No es lo que me pasó con mi padre", confirma.

A Mario le sucedió algo infrecuente. Llegó "al atardecer de su vida" con un padre vivo y pudo hacer "una especie de cierre de cuentas". Así se siente el director y guionista de Ernesto Sabato, mi padre respecto a la posibilidad de haber concretado el filme antes del fallecimiento del escritor.

Confía en que pronto vendrán varios documentales sobre su padre a cargo de personas más capacitadas que él en el terreno literario. Esa seguridad lo llevó a recorrer y ahondar el camino del "retrato familiar, el que uno puede hacer de su padre".

Se resiste a decir que se trate de un documental porque está lejos "de la objetividad, investigación y seriedad" ortodoxa que exige ese género. Prefiere llamarlo "un documental pura sangre".

Goza de autoridad para definirlo y lo hace en uno tono metafórico, digno hijo de Ernesto Sabato. "¿Viste la frase que el árbol no impida ver el bosque? Bueno, yo hice al revés. Miré el árbol, las hojitas por donde venía la sabia, el polvillo que levanta el viento. El bosque lo pondrán otros".

A los 15 años descubrió su vocación. "Tomé una determinación muy drástica que mis padres apoyaron: dejé el colegio para empezar a hacer cine". Cumplió 18 filmando su primer corto formal. Se llamó El nacimiento de un libro y precisamente también tuvo a su padre como protagonista.

Familia "rara y loca" los Sabato. Por ende, la verosimilitud no fue una pretensión en su película, aunque lo logró: la gente se cree lo que está mirando. "Muchas de las cosas que hemos hecho mi padre, mis tíos y yo tienen mucho más que ver con el disparate que con la prudencia", confirma.

Ernesto Sabato, mi padre tiene una magia especial. Él lo sabe. Le llevó 50 años registrarla. Nunca supo que esas filmaciones caseras irían a parar a la pantalla grande. "Empezó como un video familiar y no lo excedió mucho. Sigue siendo un video familiar. Si tiene alguna gracia, es eso", asevera.

Mario Sabato dijo presente en el Festival Cine del Mar en Punta del Este y Sábado Show lo encontró en la recepción del Hotel Conrad. Recién llegado de Buenos Aires y con las valijas en la mano, el director accedió a dialogar a cambio de sentarse en un lugar abierto para poder fumarse un cigarrillo.

EL HOMBRE. Mario se acercó a la productora con la cual trabaja y pidió una cámara prestada. Quería hacer un video sobre su padre para mostrárselo a sus nietos y bisnietos cuando crecieran. El objetivo era que supieran quién era ese tipo que está en plazas y avenidas; qué había detrás de la estatua. "Ahí me dijeron, no te vamos a prestar una camarita, te vas a llevar la mejor cámara que tenemos porque no tenés derecho a que esto sea sólo para tu familia. Me convencieron y son los culpables de que esto exista", cuenta.

Mario intentó reflejar ese hombre detrás de la estatua y los anteojos negros. "Corría el riesgo de que quienes prefieren verlo como una estatua se desilusionaran. Yo nunca pude verlo así. Además cuando llegaron los nietos lo bajaron de la estatua a risotadas. Ni te cuento los bisnietos. Había un Sabato para fuera que era cierto y otro para dentro que también era cierto, con cosas contradictorias pero ambas verdaderas".

La irrupción de los nietos y bisnietos en la vida de Ernesto Sabato fue una travesía. "Cambió mucho para bien. Se convirtió en un abuelo. A él le pareció excepcional pero es lo que le pasa a todo el mundo. Mis hijos y sobrinas le hacían bromas que nadie podía hacerle. Él las aceptaba y hasta lo provocaban porque les entretenían muchísimo sus ataques de furia".

mirada íntima. Homenaje es lo primero que surge al pensar en la película pero Mario no lo asumió así. "Es lo que podría haber hecho cualquier persona que sepa de cine recapitulando la relación con su padre", comenta. La cuestión laudatoria es más un bagaje que le atribuyen los admiradores que un mérito o propósito que se haya fijado Mario. "No es la película de alguien que admira a otro. Es la película de alguien que quiere a otro. Es muy distinto".

-La mirada de un hijo es la más íntima, ¿también es la más sincera?

-No creo que la sinceridad exista entre personas tan próximas. La podés tener con gente que te resulte ligeramente indiferente. Pasa por otro lado: el amor, la comprensión, la tolerancia; tiene cosas de bronca, de orgullo. Me parece que la sinceridad es una cosa medio quirúrgica que no cabe dentro de semejante tormenta.

Mario supo salirse de su pose de hijo para asumir con exactitud la tarea de director. Le daba mucha vergüenza aparecer frente a las cámaras pero se decidió a hacerlo por el bien de la película. "No me considero un personaje y si lo fuera, me molestaría serlo. Pero dije, si yo fuera sólo el director de esta película y tuviera nada menos que al hijo para contarla, pues usaría al hijo. No es una entrevista. Es una narración de alguien que lo conoció muy de cerca. No me podía dar el lujo como director de no optar por este recurso. Además, la película es la relación de un padre con su hijo", señala.

-¿Por qué la música de Bach como banda sonora?

-Porque él era y yo sigo siendo melómano. Teníamos diferencias pero Bach siempre fue una comunión entre nosotros. Mi cuarto hijo se llama Juan Sebastián y para colmo, porque no me lo podía imaginar, es músico.

cuánta cinta, cuánta magia. Mario pasó 50 años filmando esta película. "Cuando empezó a juntarse todo me di cuenta de que siempre había perseguido una misma película que era ésta", asegura. No insiste mucho en el asunto. Lo dice en voz baja porque tiene esperanzas de continuar en el cine y "si un productor lee que tardé medio siglo en hacer una película, no me va a contratar", bromea.

Lo más complejo fue encontrar el punto de abordaje, pero una vez que lo tuvo claro, surgió espontáneo. Cada grabación, cada fragmento se ensambló de forma mágica. "Imágenes hechas 40 años antes parecían haber seguido un mismo guión que las que estaban después y después".

Mario sabía que tarde o temprano acabaría por usar esas filmaciones caseras. Algo en su inconsciente se lo decía e incluso guiaba su cámara. "Todo el material fue hecho previo a la película, excepto los dos últimos cumpleaños. Cada plano tenía que ver con lo que sentía en ese momento pero era como que alguien me estaba diciendo, vos dentro de 30 o 40 años vas a utilizar esto y te conviene que el plano sea ese. Estaba escribiendo un guión sin saberlo", asegura.

Ernesto Sabato nunca vio la película completa. Le mostraron los primeros minutos porque ya estaba muy mal de salud y sabían que revivir la muerte de su esposa y su hijo le causaría una emoción muy fuerte que no podría tolerar.

Ya casi no hablaba y su reacción tuvo alti bajos: "Se reía, lloraba un poco", cuenta Mario. Al minuto 20, una mentirita piadosa les permitió salir del paso y apagar la TV: el dvd se había roto. "Le prometí que le iba a traer otra copia pero nunca se la llevé", cuenta el hijo de Sabato.

A Mario no le hace bien volver a ver Ernesto Sabato, mi padre junto al público. Es más, dice que Punta del Este será la última vez que la presente porque lo deja conmocionado. "En todos los lados que fui, la gente llora como si fuera su propio padre. Entonces, bueno, prefiero ya no verla mucho".

santos lugares. Era el décimo hijo y pasar por el Registro Civil complicaba. "Ya que estás por ahí, anotalo vos al Ernesto Roque", especula Mario que habrán dicho sus abuelos. El cumpleaños de Ernesto Sabato se celebró siempre la fecha que su madre decía que había nacido, pero Mario tiene sus dudas: "Hubo sospechas de que nació el 23 de junio pero como era noche de brujas, mi abuela no quiso poner esa especie de maldición en su vida y dijo que había nacido horas después". Con ese relato arranca Ernesto Sabato, mi padre.

El pasado 24 de junio Sabato hubiera cumplido 100 años. Y su hijo decidió festejar ese nacimiento de forma especial: inauguró las obras de Santos Lugares, la casa de su padre. "Estoy podrido de conmemorar la muerte de San Martín. ¿Por qué no festejamos su nacimiento?", increpa Mario.

Y así fue. Se hizo en la calle con los vecinos que se acercaron. "Es una obra larga, compleja y costosa, pero vamos a ponerla como estaba en su momento de esplendor -en los ochenta- antes de la tristeza y el decaimiento", finaliza Mario Sabato.

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