El estudiante

| Esta noche en Cinemateca se exhibirá El Estudiante. Aquí una entrevista con el director de la película más comentada en Argentina, hecha a base de planos robados.

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Por: Mariángel Solomita

Cuando Santiago Mitre dice que hizo una película indigente, se refiere a que él y los colegas que se sumaron a su proyecto no contaron con apoyo económico estatal para realizar El estudiante. Hicieron la película con el caos como motor de acción.

Probablemente el Instituto de Cine Argentino (INCAA) sea consciente del debe que tiene con esta obra, que además de consagrar a su equipo realizador, disparó debates políticos, sociales y culturales en torno a la política con mayúsculas y con minúsculas. Ésta, la del propio INCAA. "Si no hay una política cinematográfica que acompañe la renovación, hacemos que las películas renueven el cine argentino." Esta película es, en parte, una respuesta al estancamiento que no detuvo a Mitre.

Argentino, 31 años, co-dirigió en 2004 El amor-primera parte. Luego se dedicó a escribir guiones para directores como Pablo Trapero (Leonera y Carancho), Adrián Caetano, Damián Szifrón. El estreno de esta cinta en el BAFICI sorprendió a los críticos que, en su mayoría, ignoraban su existencia.

Fue premiada en este festival -y sigue agregando premios- que la reconoció como una película política que esquivó la demagogia y los clichés a pesar de meterse en un terreno peligroso, plagado de trampas y casi sin recorrer: la militancia universitaria.

Hecha a prepo, se apropió de los impedimentos y los transformó en la imagen que pedía la historia. Su personaje protagonista, Roque Espinosa, ya se convirtió en esos nombres que perduran en la cinematografía de un país.

En una charla telefónica, Santiago Mitre contó por qué y cómo hizo esta película.

-El puntapié fue hacer una película sobre la vocación, ¿ser guionista fue tu vocación desde siempre?

-No, yo estudié cine y mi deseo siempre fue hacer cine, en su amplio sentido. Escribí para otros directores un poco de casualidad. Me formé como director y con intención de llegar a dirigir. De todos modos entiendo que la escritura, el rodaje, el montaje, son partes inasociables del hacer cine, es parte de lo mismo y son partes en donde se trabajan los problemas de la narración, que son los problemas con los que a mí más me interesa lidiar.

-¿Tenés un interés mayor por hacer un cine analítico que implique investigar?

-Sí, me gusta escribir sobre cosas que no conozco. Me gusta que el cine me de esa posibilidad de aprender y de sumergirme en universos que yo desconozco para poder entenderlos, y buscarles alguna perspectiva ficcional.

-¿Por qué hiciste esta película?

-Fueron muchas cosas. La intención de trabajar en la Universidad pública argentina (UBA), hay algo arquitectónico que a mí me interesa rescatar y fotografiar. Me parece que es una institución central para la vida de Buenos Aires y que en Argentina no se había prácticamente filmado. Quería que hubiera una película que retratase a la UBA en esta época. Por otro lado tenía unas preguntas o intuiciones en torno al modo en que se ejecuta la política en esta época, y me parece que tampoco hay demasiadas ficciones que lo reflejen. Quería hacer un relato político estrictamente contemporáneo que problematizase en un punto los ideales y la práctica política en algunos casos en que no van juntos.

Y la vocación, cómo es encontrar eso que uno va a hacer el resto de su vida. La pregunta con la que escribí era esa: ¿Qué es lo que importa más para que alguien tenga un recorrido político importante?, ¿su capacidad práctica o su formación ideológica? ¿Es imposible que alguien sin formación ideológica tenga una carrera exitosa en el ámbito político en la política moderna?

-¿Qué tan planeada estuvo la estética? ¿Cuánto fue fruto de las circunstancias?

-Estuvo planeada en función de las circunstancias. Yo sabía que los elementos con los que contaba eran prácticamente nulos y teníamos que ser coherentes para construir la estética. Trabajamos sin iluminación, había una intención de aprovechar el alumbrado público de la ciudad, trabajar la oscuridad en la noche. El uso del teleobjetivo era porque sabía que había escenas que tenía que filmar robándolas dentro de las asambleas. Había una movilización, íbamos y la filmábamos, insertábamos a nuestros actores dentro de la movilización, entonces no podía interferir, tenía que estar lejos y que la gente que estaba en el interior no se diera cuenta de que estaba filmando. Era como estar a la caza dentro de la Universidad.

-¿Te estimuló trabajar con el caos?

-Sí, me gusta mucho, sobre todo me gusta ese doble tono que tiene la película entre la ficción y el documental. Es una película completamente guionada, completamente construida en todos sus diálogos, en todas sus escenas, pero a su vez produce una percepción de realidad o de documental fuerte que creo es lo que le da mucha espontaneidad al modo en que se perciben las imágenes.

-¿De haber recibido ayuda económica la película hubiera sido la misma?

-No, porque el resultado de una película está intrínsecamente ligado al modo en que se produce, no puedo especular cómo hubiera sido de haber contado con dinero. Pero sí yo quería trabajar con esta intención documental en las imágenes, así que hubiera buscado la forma de armar un rodaje que me permitiese pasar desapercibido en los lugares en los que filmaba.

-Luego de este acercamiento documental al cine, ¿cómo mirás a este género?

-Me gusta mucho el género como espectador pero me cuesta tener ideas para documentales. La verdad es que no me sale, pienso siempre en términos de ficción o de relato porque estoy acostumbrado a trabajar así, pero me encantaría en algún momento. Igual creo que la frontera está cada vez más difusa, esa división queda tal vez un poco arcaica.

-Como espectador, ¿te parece que intervenís en las películas que te gustan ver?

-Sí. Son las que tienen un componente narrativo fuerte, que están muy apoyadas en las actuaciones, disfruto mucho cuando veo buenas actuaciones. Me gusta una película que refleje su época, por eso ésta se centró en Argentina y quería que hablara de la Argentina de ahora. Que de algún modo tenga un componente social fuerte, que es algo que aprendí a hacer con Pablo (Trapero).

-¿Qué de alguna manera funcione como crónica?

-Sí y sin embargo no hay fechas, es reflejar el momento exacto. Por eso no hay menciones a lo que pasa en los diarios, no quería que reflejase el día a día y esquivé con intencionalidad todas las disfunciones de coyuntura política argentina del año pasado y éste, porque no quería que la película se mezclase dentro de esas discusiones. Creo que afortunadamente lo logramos.

-La crítica de tu país comparó tu película con muchas otras, algunas asociadas al primer Nuevo Cine Argentino y otras con el último, ¿tú en dónde te ubicás?

-Empecé a estudiar cine inmediatamente que salió Mundo grúa (1999, P.Trapero) que es la película fundacional del Nuevo Cine Argentino, con el nacimiento del BAFICI, que es el que le dio lugar, viendo las películas de Trapero, de Caetano, de Martel, de Lisandro Alonso. Yo siento que mi aprendizaje como director y como cinéfilo corre muy en paralelo a todo ese movimiento. No me siento parte del Nuevo Cine Argentino pero sí de una gran influencia de él. Trapero y Mariano Llinás colaboraron con la película. Como que hay un movimiento de cine independiente muy fuerte, sigue existiendo esa pulsión de los directores jóvenes por filmar y de filmar como sea, aunque las condiciones de la industria cinematográfica no acompañen y esto es algo que el Nuevo Cine Argentino de algún modo fundó.

-¿Cuál es el resultado de tu película que más valorás?

-Que es una película que trasciende la discusión cinematográfica, es una película que sirve para hablar de otros temas, que la proyectan los partidos políticos y las facultades para empezar debates. Me parece que es una película con muchos abordajes posibles; que es útil para pensar.

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