Por: Mariángel Solomita
Ya tengo 39 años". A Fernando Amaral parece incomodarlo levemente decir su edad. El tiempo pesa. Sobre todo cuando se trataba de acelerar los apagones programados de los `80 que él aprovechaba para reclutar a los niños del barrio y actuar para ellos. La infancia de algunos artistas suele tener anécdotas de este tipo.
El tiempo pesó cuando Leonardo y la máquina de volar se mantuvo en cartel un mes y otro mes, y pasó el año, y se presentó en salas de teatro del interior que se desbordaban de espectadores. "Sí, es lindo trabajar con una obra con tiempo y tanto tiempo, te hace disfrutarlo de otra manera. Para mí el éxito en una obra de teatro es que la gente la vea. El actor uruguayo no se enfrenta a muchos éxitos, es difícil encontrarlos".
Tiene 39 años y muchos personajes encima: Amaral no puede hacer una sola obra. Dice que así funciona él, que es por elección. "Es que cuando un director te llama para mí ya es un honor. Somos muchos actores que están en la vuelta...Cuando piensan en vos, me parece tan sublime ese momento, que venga el director y te diga que pensó en vos...Yo siempre siento que el que tiene la última palabra es él".
Por eso asegura que necesita más tiempo. Es que además Fernando Amaral es vendedor. Primero trabajó en una aerolínea que cerró, ahora vende asistencia de viajes. Con los amigos del trabajo fue a ver Norberto apenas tarde por octava vez. Y cuando aparece vestido de oscuro, pantalón de vestir, camisa, corbata y buzo escote en v, y comenta que siempre se dedicó a las ventas, Amaral es Norberto. Después, para sacar la foto que viste esta nota, se cambia de ropa. Entonces es Amaral, el tipo que interpretó a Norberto pero no se le parece en nada. "Mientras lo hice lo quise mucho. Nunca lo critiqué ni lo analicé demasiado. Cuando lo vi en el cine, ahí sí, `este tipo es un hijo de su madre`. No me cerraba en muchas cosas, y me gustó eso de poder mirarlo de afuera, de separarme y darle palo."
Había conocido a Daniel Hendler en un taller que este dio junto a Verónica Perrotta en 2005. Amaral nunca había hecho un casting para ninguna película. Sí para alguna ficción de televisión en la que no fue elegido. Estas también son anécdotas comunes a ciertos actores protagónicos.
"Daniel siempre me dijo que yo tenía que hacer cine, y después del taller nos mantuvimos en contacto. Me mandó el guión y me dijo que había pensado en mí para Norberto o para el rol del jefe de Norberto, que interpretó César Troncoso. Trabajamos desde mi no experiencia. Tuvimos que improvisar mucho, para mí la improvisación es una de las herramientas más lindas que tenemos los actores".
Ha dicho que cuando empezaron a grabar se sentía un inútil. De todas formas él no quería verse en el monitor, "jamás, odiaba eso. No se me pasaba por la cabeza. Me gusta más confiar en el director que en lo que veo, es que confié tanto en Daniel en el proceso...lo hice como si fuera teatro: me entregué al director".
La primera vez que se vio fue en una sala con otras ochocientas personas, en el Festival de Cine de San Sebastián. "Fue terrible, estaba tan nervioso como Norberto antes de salir a escena". Ese momento de la película, para Amaral, es el más bello. "Todos los actores sabemos que la primera vez que te parás en un escenario no te la olvidás más, y estás solo y desnudo viendo a la gente que te está mirando a vos. Ese momento me removió muchísimo. Esos momentos de la preparación de Norberto, agarrándose la cabeza, pensando qué está haciendo ahí..."
Cuando él empezó a estudiar teatro en 1993 eligió una escuela que funcionaba en un teatro chiquito de Ciudad Vieja, que hoy ya no existe pero en la puerta de 25 de Mayo y Zabala siguen los carteles del Centro de Estudios Teatrales El Picadero. Era muy under. En aquellas clases Amaral descubrió que a él la comedia le calza bien. "Entonces elijo el drama, para alejarme de lo que me es fácil. Trato de mechar comedia igual, porque es lo más grande. Está el viejo mito de que hacer reír es lo más difícil, bueno, a mí me gusta sentir que para mí es lo más fácil".
Amaral no cree que Norberto haya tenido algo que ver con su recargada agenda. Aunque Rodrigo Plá le dio un pequeño personaje en La demora (de próximo estreno) luego de ver la película, aunque seguramente haya pesado en su doble intervención en la serie televisiva Adicciones. Para él el punto de partida fue Francesco, el joven ayudante de Leonardo Da Vinci que representó durante 2009 en aquella obra exitosa. "A mí me gusta trabajar sobre todo con dos directoras que fueron muy exigentes, Marisa Bentancourt y María Dodera. Te llevan a un límite extremo de hasta sentir que lo estoy haciendo todo mal y en realidad te están empujando y te exprimen hasta la última gota. Eso para mí es absolutamente genial." Y con Rocío Villamil, su maestra.
A Dodera, a su manera de trabajar, le dijo que sí antes siquiera de leer el texto que Gabriel Peveroni escribió para Shanghai, una de las obras que interpreta en estos días. Allí es Arturo Lem, un personaje con líneas extensísimas, físicas, vertiginosas, verborrágicas, "nunca me había costado tanto estudiar una letra". También actúa en Snorkel (Bernardo Trías y Federico Guerra), que agota entradas desde marzo. Y prepara dos obras más para setiembre, Salmo 91 y El enemigo del pueblo. "Es como que uno siempre está enfrascado en muchas actividades, ¿sabés para mí qué falta siempre en el teatro? Tiempo falta".