Pintó encuentro en Maldonado

Se intituló Encuentro Escrituras y esta ha sido, ya, la sexta edición. Participaron escritores de Uruguay, Argentina, Brasil, Chile y Cuba.

Un encuentro como el que acaba de ocurrir en Maldonado, donde docenas de narradores y poetas de América intercambiaron, departieron y curtieron de martes a sábado, entre ellos y con una tan receptiva como entusiasta audiencia.

Por: Elbio Rodríguez Barilari

Hay que resaltar, de entrada, un rasgo muy escaso a nivel internacional: la ausencia absoluta y bienvenida de discursos políticos o politizados de parte de las autoridades. El Sr. director de Cultura, el escritor Marciano Durán, cultivó un cuidadoso perfil bajo a lo largo del encuentro. Su momento de mayor relumbre fue un gol de cabeza que tuvo a bien narrar en el match disputado el sábado de mañana. Si el austero jerarca convertía ese tanto en posición sesgada a la meta y casi de espaldas, teníamos que irnos todos, apagar la luz y tirar a las procelosas aguas de La Brava la llave del vestuario.

Lo mismo vale para el director de Programas, el poeta Luis Pereira, que presentó las distintas mesas con encomiable brevedad, ocasionales pinceladas de buen humor y sin procurar arrimar aguas a molino alguno.

En tren de expresar gratitud, corresponde extender los parabienes a Ana Aldacour, Laura Píriz y Mariel Cardozo, integrantes de este equipo organizador tan ilustrado como valiente. Y sin olvidarnos del impagable Jorge Pensado, chofer en jefe, ex acróbata del circo de su familia, el indeleble Circo Pensado, con cuyas historias el hábil volante nos deleitó gracias sus ostensibles dotes de narrador oral.

El encuentro fue proteico, plural y variopinto. Resulta ardua la decisión de por dónde comenzar. Pero caigo en la cuenta de que ya comencé.

Prosigamos.

Un factor que me llamó poderosamente la atención fue la impresionante actividad que se registra en la Casa de la Cultura de Maldonado. Talleres de plástica, literatura; exposiciones, conferencias, conciertos; congresos, encuentros (como el de marras). Paralelamente al evento literario había dos más, uno sobre migraciones y otro, muy concurrido, cuyo tópico en este momento escapa a mi erosionada memoria.

Así, de prima, al toque, se me ocurre destacar algunas presencias y participaciones.

Por ejemplamente, gráfico neologismo, la notable narradora uruguaya Fernanda Trías, que con su devoradora novela La Azotea, y sin las bendiciones de la crítica frígida de nuestra patria, ha ido generando todo un remolino de lectores y de nuevas ediciones a nivel internacional.

Otros que dejaron huella fueron el parco poeta Gerardo Ciancio, con una certera descarga de índole cuasi, o sin cuasi, filosófica. Como un notable poema construido sobre los cimientos que nos dejó el brasileño Oswald de Andrade. O la construcción lúdico manierista en la que Ciancio interpela nada menos que a Dante. El literato, Ciancio, no Dante, se puso los cortos (y mis medias deportivas) para jugar de punta por afuera en el antedicho encuentro futbolístico. Donde, a pesar de mi marca férrea pero tardía, consiguió conquistar el cuarto gol del equipo visitante. Vaya uno a saber por qué, me tocó el honor de defender colores del equipo fernandino. Mostrando que nada de lo humano nos es ajeno a los artistas, cuando dentro de las incidencias normales del match lo sujeté de la camiseta, el mencionado autor supo decirme:

-¡No me agarrés!- con el mejor acento a división Intermedia, o Extra. Que conste.

A sus 85 años el crédito local, el narrador Ignacio Olmedo, demostró ser por lejos el miembro más joven de la Generación del 45, regalando a sus oyentes con un delicioso fragmento de su novela "La Turca Tatuada". Elegante, erótica, tersa y gozosa, en un país como el nuestro que lo erótico, cuando se da, es casi siempre torturado, culposo o degradado.

Entre los uruguayos, por no conocerlos, las mayores sorpresas me las depararon los poetas Ignacio Fernández de Palleja, irónico, finísimo, inteligente, penetrante, y Martín Palacios Gamboa, erudito y sofisticado como un Darnauchans, pero, por suerte para él, mucho más relumbrante. Y sobre todo, más enamorado de la vida.

Estuvo mi amigo Rafael Courtoisie, pero justo estábamos haciendo la prueba de sonido, así que me lo perdí.

¿Y usted, entonces, que hacía ahí?, se preguntarán.

Tuvieron a bien invitarme a leer, lo que hice presentado aquél tremebundo best seller publicado por entregas y en éstas mismas páginas, intitulado "El Guardián del Secreto", donde se develaban pavorosos secretos y había persecuciones en Tres Cruces, el Shopping de Punta Carretas y las cornisas del Palacio Salvo.

Y también tocamos un concierto en el precioso teatro de la Casa de la Cultura, con mi eterno cómplice José Luis Pérez. Mi admirado Diego Azar en guitarra eléctrica, que nos conocimos arriba del escenario y fue como jugar de memoria. Y el tremendo bajista de Maldonado Gabriel Díaz, líder de la Gata Flora, que con total autoridad se puso a la altura del Flaco Pérez y de Azar.

Yo toqué la viola eléctrica y hasta canté dos temas. Un blues en homenaje al rock argentino y uruguayo que canta en español como si cantara en inglés. Y un homenaje a Los Estómagos, donde canté lo más parecido que pude a Gabriel Peluffo tema de mi autoría intitulado "Aniquilación".

El glorioso Macunaíma leyó textos de su flamante libro La Bufanda del Aviador. Gozamos como condenados, así que esperamos que la gente también. Aplausos hubo, y hasta gritos de locura, como diría Rada.

Amén de esa incursión escénica, en el partido matutino del sábado cumplí con mi rol, como carrilero por derecha, de anular totalmente, a como diera lugar, al punta por afuera del equipo visitante, el juvenil narrador Horacio Cavallo, que no me pudo pasar ni una vez.

Eso sí, todavía me duele todo.La semana que viene les cuento acerca de los escritores de Argentina, Brasil, Chile y Cuba.

barilarius@yahoo.com

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