En Punta del Este: Mariángel Solomita
Violeta Parra decía que los aplausos no eran para ella sino para Chile, porque estaba cantando la "canción chilena". Muchos artistas siguen admirando su capacidad para devolver en forma de canto, bordado, pintura o cerámica, una mirada individual y a su vez popular. Lo más interesante de su obra, aseguraban algunos, está en ella misma. A no ser del folclore, Violeta acostumbraba responder a los periodistas que no sabía explicar, que no podía explicar nada. Quizás por eso siga siendo una figura que hace falta entender. A 45 años de su muerte, se estrenó en Chile la primera ficción basada en su vida. Superó los 400 mil espectadores y fue premiada en importantes festivales, al igual que su protagonista, Francisca Gavilán. El film abrió el Festival de Cine de Punta del Este el pasado 10 de marzo, y su actriz estuvo presente.
En sus últimos años Violeta Parra vivió y actuó junto a su familia en La Carpa de La Reina, una edificación en forma de carpa que construyó en un terreno en las afueras de Santiago. Allí cerca vive desde hace siete años Francisca Gavilán. Cuenta que en ese espacio ahora hay un supermercado y una plaza para niños. Lo dice con desdén. "En el recuerdo que se guarda de Violeta hay de todo. Hay gente que la quiso mucho, gente que la odió y detestó. Siempre digo que no jugaba en bandos medios: ella era amada u odiada, así de drástica era. Se dice que era una mujer alegre, que tenía un humor increíble. Se dice también que era muy depresiva, hay gente que dice que era muy sucia."
De ese imaginario tomó su dulzura. "Hay un video en el que está exponiendo sus pinturas y habla de ellas, creo que ahí me empecé a enamorar de ella, de su voz, de su mirada. De pronto era muy tímida y de pronto muy certera. Me empezó a encantar su humor, ella se hacía siempre la desmayada, se hacía la muerta en el fondo. Mi madre hacía eso también cuando yo era chica. Me gustó su valentía, esa cosa fuerte que tenía."
A pesar del corte de pelo, aunque use ropa moderna, Gavilán se le parece. Son pocos lo que saben su nombre, aquí se la llama por su personaje. Durante un año entero estudió a Violeta. Entonces se presentó al casting. "Fue extenso, de varias horas, en un teatro, estábamos solos Andrés (Wood, el director) con su cámara y yo. Fueron varias escenas y tuve que cantar tres canciones. Al mes me llaman para decirme que soy Violeta y que Ángel, su hijo, me quería conocer. Muy temprano en la mañana fuimos a su casa y él me abrazaba, me tocaba la cara..."
La película está inspirada en la biografía que Ángel escribió de su madre -la cinta tiene el mismo nombre que el libro- llena de humor y en base a recuerdos. Por eso es que Francisca reconoce que la imaginación tuvo un lugar importante en la manera en que construyó su imagen de Violeta. "Tuve que pensarla mucho. Lo que más hicimos fue conversar: una vez por semana durante un año nos juntábamos a hablar de Violeta, de su Violeta, hablar de mí Violeta para entender qué quería sacar cada uno de este personaje. Tuvimos muy pocos ensayos, él me decía `mañana haremos el cumpleaños de Violeta`, entonces yo llevé un mambo y me puse a bailarlo sobre una mesa, subiendo las faldas. Andrés tuvo que cambiar la escena que tenía escrita. A la escena de amor también tuvimos que pensarla harto, teníamos que ver cómo mostrar esta cosa intensa y pasional que tenía ella. Nos dejamos llevar, fue un proceso lento y paulatino, fue creciendo el personaje hasta que llegamos al día del rodaje"
Fue Ángel quién le enseñó a tocar guitarra. Aprendió cuatro y charango. Aprendió a cantar. En la película es Francisca quien canta e interpreta cada una de las canciones. "Se hizo una búsqueda masiva para buscar una voz idéntica a la de Violeta y pedí hacer la prueba. Para mí cantarla era un sentimiento muy fuerte. Cada vez que hacíamos una escena cantada terminábamos todos llorando."
Hoy Francisca canta con otro Ángel, el nieto de Violeta, las canciones de su abuela. Hubo un miembro de la familia, Tita, nieta de Violeta, que hizo público su rechazo hacia la película. "Debe ser muy difícil para un familiar, sobre todo para ella que fue la nieta regalona, era una niña cuando su abuela se suicidó. Es fuerte para un pariente tan cercano ver cosas que no pretendió ver o que no vio. Está en todo su derecho", opina la actriz.
El rodaje llevó tres meses. En paralelo se rodó la película y una serie televisiva. "El guión cambiaba todos los días. Yo tenía cinco escenas por día, llegaba con las escenas todas aprendidas y Andrés me cambiaba todo, ¡las escenas enteras!, ¡todos los días! Empecé a entrenarme sabiendo que iba a llegar y el plan sería otro. Improvisaba mucho, él dice que terminé haciendo lo que quise. Siento que fue una técnica suya para mantenerme alerta, siempre despierta y concentrada. Fue un trabajo maravilloso porque aprendí a conocerme y sé que puedo hacer más cosas de las que pensaba que podía."
Hay en Francisca una forma de hacer que se parece a la de Violeta. Ésta decía que le gustaba crear sus trabajos en su mente, ver al otro e imaginarse. Algún crítico musical de su país explicó que Violeta recogía material, lo incorporaba a su mundo interior y lo lanzaba de "la manera más lúcida y agresiva". La actriz cuenta que estudió sus letras estrofa por estrofa, "más que su significado en qué época estaba, porque es muy claro en ella: a medida que van pasando distintas épocas cambia su manera de escribir. Empieza desde el más puro folclore hasta que termina escribiendo cosas elevadísimas como Gracias a la vida. Quería tener un conocimiento total. Había días en que me atormentaba un poco porque yo nunca hacía la voz estudiando. Leía, estudiaba los guiones, pero no me atrevía a hacer la voz. Me decía `ya, tranquila, va a aparecer`. Y así fue. Fue apareciendo todos los días y yo sentía que la podía perder entonces estaba súper concentrada. Siempre tuve miedo durante el rodaje, ¡hasta el último día!"
Cuando terminó el rodaje Francisca se acostó a descansar y no se levantó más. "Terminé la película y pensé que me iba a venir una especie de depresión, sabía que iba a ser duro y comencé a dormir y a dormir. Un día me quedé dormida en un supermercado y me internaron en una clínica para operarme de cáncer de tiroides", dice sonriendo. "¡No es que sienta que fue Violeta que me dio cáncer! Es la suerte que uno tiene en la vida, mi mamá tuvo cáncer, mi hermana también, me tocaba a mí. Claro, uno aprende, ahora me río más, me río de lo que lloro. Es que yo soy muy intensa, muy apasionada con mi vida, en el amor, con mis hijos, en el teatro. Ahora me lo tomo con más fuerzas, con más ganas, siento que la vida se te puede terminar de pronto."