Casi una telenovela. Ella, Tatiana, es una adolescente hija de una propietaria rural. Él, Eugenio, es un militar de grado proveniente de una familia importante. Se conocen. Ella se enamora y él la rechaza. Pasan los años. Se vuelven a ver. Ahora ella es una princesa. Él se da cuenta de que la ha amado siempre. Ella es quien lo rechaza. Como no es ni Hollywood, ni Venezuela, la historia termina así.
Ese esquema básico, que es el de un melodrama latinoamericano, también sintetiza la historia que relataba el ruso Aleksandr Pushkin en una novela llamada Eugenio Oneguin publicada en entregas entre 1823 y 1831 y que sería tomada por el célebre compositor Piotr Ilich Tchaicovsky como base para una ópera estrenada en 1879 con el mismo nombre. Ese título es el que reanuda desde este viernes, tras 40 años, las temporadas de ópera en el Sodre.
en escena. Pese a los años el potencial dramático del argumento sigue allí. Ese potencial es el que reconoce Michael Znaniecki, el Director de Escena y Vestuario de esta ópera, cuando afirma: "para llegar al público de hoy necesitamos una telenovela y tenemos una telenovela".
Lejos de la soprano pálida y regordeta que canta desde un balcón en las caricaturas, en el escenario habrá una piscina, árboles que pierden agua, tres pantallas gigantes y vestuario de época y kistch.
"Es una producción moderna en sus ideas, y en la ambientación. Se mantienen cosas de época, pero es un lenguaje moderno, movimientos modernos de personas y cuerpos", comenta el Director.
La escenografía expresionista utiliza el agua como una metáfora de las emociones de Oneguin que se le escapan de la manos y el hielo como imagen de su incapacidad de sentir y comunicar. Ese encare implica una mayor trabajo en los personajes. "Aquí hablamos de personajes que encontramos en casa cada día, la mujer con menopausia, la adolescente que cubre su femineidad, el hombre que huye de las relaciones personales y se aisla en relaciones de media hora. Tenemos trajes de época pero no es lo importante, porque podría hacerse sin trajes. Es una ópera muy leíble, muy fácil para entender."
Si la puesta en escena es moderna y el enfoque de los personajes es actual es porque la visión de Znaniecki sobre la ópera es poco tradicional. "Mi madre era actriz del Teatro Nacional de Varsovia. De niño yo iba todas las semanas a la ópera, porque la ópera y el teatro compartían el edificio. Pero me aburría y me iba en el primer acto y tenía que volver luego a ver el segundo y el tercero. Cuando empecé a trabajar me propuse pensar el público como un niño que ese aburre. Mi trabajo es que el público no se aburra, hacer una apuesta muy viva, con le público presente despierto. Eso solamente sucede cuando hablás del público. Actualmente la ópera es un museo, pero antes era actual", cuenta.
Znaniecki es polaco y desde hace 20 años es director escénico. Actualmente ejerce como Director General de la ópera de Poznan. Allí se programan 254 espectáculos por año. Hay 40 títulos en el repertorio y 12 estrenos anuales. Es que para los polacos la ópera es un espectáculo popular. "Es una locura, pero funciona así. La gente quiere un teatro-casa. Es muy diferente".
En nuestro país hace 40 años que el Sodre no produce una ópera. Parece ideal para un público no acostumbrado a este tipo de espectáculo la conjunción de un director poco convencional, una puesta en escena moderna y dinámica y una historia sencilla.
"Tengo confianza en que para la gente que no está acostumbrada a la ópera éste espectáculo es perfecto. Es muy importante no tener miedo de esta ópera. Habla a todos los niveles, para la gente que nunca vio una es un buen comienzo", afirma a sabiendas de que para el público uruguayo la ópera es un desafío.
"Cuando empecé a trabajarla pensé en una puesta en escena universal. En Polonia conocen muy bien Oneguin, pero en Uruguay no, no es un libro de formación de chicos. Es algo nuevo. Esta ópera tiene una cosa de Tchaicovsky muy fuerte, es demasiado musical, demasiado melódica, demasiado emotiva. Es una ópera con la cual se puede empezar a ver ópera porque no necesitás instrumentos cognoscitivos, porque es la historia y la música que te toman, no es importante que entiendas el idioma o la historia, sino que te dejes libre".
Más allá de que la potencia musical sea importante, la ópera, que será cantada en ruso, estará subtitulada. "Para el director de escena es siempre difícil, porque desvía los ojos. Pero los subtítulos son importantes. Trabajamos siempre con traducción. Si uno quiere leer al historia antes es perfecto, pero si quiere leer la traducción, la tenemos. De cierta forma la traducción explica mucho mi trabajo. Logra que la gente entienda cuando ve una acción diferente o bizarra", explica Znaniecki.
tras la escena. La ópera, como género, reúne varias disciplinas artísticas y las sube al escenario juntas. "Es una totalidad, un espectáculo orgánico con música, luces, texto, actuación: todo junto. Es una cosa increíble ver a todos los artistas en la misma dirección. Emociona, emociona mucho. Hay historias importantes para contar, pero tiene esa cosa de todo junto y la música es muy fuerte. Aquí también hay baile, tres momentos de baile puro, pero nosotros los hacemos en agua. Uno es la mazurca, un baile polaco que es muy fuerte para el público", comenta Znaniecki.
Esa totalidad artística implica también un desafío económico para cualquier teatro que intente producirla. En el exterior puede ser de 500 mil dólares y en nuestro país de cerca de 300 mil. Buscando reanudar las temporadas de ópera, promover ese circuito en Montevideo y reducir los costos, el Sodre se alió con el teatro de La Plata, el teatro de Bilbao, el de Cracovia y el de Poznan para dar a luz a este Eugenio Oneguin y traerlo al Auditorio Adela Reta.
"Cuando uno tiene que hacer una producción desembolsa cifras importantes para cuatro o cinco representaciones. Con las coproducciones se trata de programar conjuntamente para que cada teatro pueda tener la obra en cartel pagando una quinta parte, con la posibilidad de generar ganancias si la obra llega a ser arrendada por algún otro teatro. En este caso ya se arrendó al de Manaos", explica Ariel Cazes, Director Artístico del Sodre.
Eugenio Oneguin es el inicio de una mini temporada de ópera en el Sodre que se completará en noviembre cuando se estrene la ópera Werther. Cazes aspira a generar en un futuro cercano temporadas que cuenten con cuatro o cinco títulos de ópera. "No diez o doce, como en el Teatro Colón, pero sí temporadas consistentes. Es generar un nuevo público, movimiento, es armar una estructura en un país que estaba quieto".