Otra forma de hacer tango

El 1° de setiembre vuelven al Solís los tangueros más descarados del Río de la Plata. 10 años de tango violento, rápido y roquero.

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Por: Mariángel Solomita

La obra de la Fernández Fierro grita. Se siente como el golpe del piano que tiraron de un puente. Cayó destruido: doce músicos lo rodearon en el pavimento.

"La idea es salir a patearle la cabeza a la gente y dejarla boquiabierta. Tocamos muy rápido, fuerte y con un show de luces al estilo de rock. Te puede gustar o no. Somos el underground del tango", dijo a un medio argentino Walter "Chino" Laborde, "vocalista no; un buen intérprete".

Él dice que al tango lo entiende un poco más cada vez que lo canta. Y que no está muerto, ya regresó, hace 15 años, "en 10 años se va a poder valorar mejor la producción actual."

La Fernández Fierro es una orquesta típica que descartó bastante de lo típico de estas orquestas.

En 2001, cuando empezaron a tocar, usaban vestimenta negra y formal. Duró poco. Juan "Charly" Pacini violista y el entrevistado de esta nota, se sube al escenario de jeans. Alguno se animó descalzo.

"Fue un cambio más profundo, más rápido y más real que era que no representaba, en la medida que íbamos tocando, lo que nosotros entendíamos que es el tango ahora. Es como hacer una banda tributo a orquestas de tango vestirse con el uniforme, toda esa cosa de los moños y la pareja de baile, esa cosa más de show for export que nunca nos atrajo y sin saber estábamos reproduciendo. Ahí se dio un cambio mínimamente ético de decir no queremos esto, no somos una orquesta de covers."

-¿A partir de ahí se abrió un camino en busca de una sonoridad propia?

-El cambio estético fue parte del interés nuestro en hacer música más o menos nueva, y tocar el tango como lo sentíamos nosotros. Lo bueno es que ninguno era experto en tocar tango, fue un crecimiento grupal y también estético del estilo nuestro: recrear, afianzarse en un sonido como el de (Osvaldo) Pugliese y esa base rítmica potente, y a partir de ahí laburar. Creo que el cambio estético surgió por una cuestión más que nada musical, de no querer hacer o escribir lo mismo que se escribía, tocar lo mismo que se tocó. También va con la imagen eso.

Hubo otro piano en otro pavimento. Por el 2002 estos músicos llevaron los instrumentos a un local de San Telmo. Volantearon pero la gente seguía en la calle; entonces arrastraron al piano. En una esquina doce músicos cantaban y tocaban tango. Sin partituras: muchos de ellos no saben leer música. Igual, eligen tocar de memoria. Por esa calle de San Telmo era imposible circular. Había mucha gente cantando.

-¿Les interesa llegar a la perfección musical?

-La perfección es buscar la canción perfecta, es buscar la música que nos guste. Ser buenos compañeros, ser buenos músicos, respetarnos entre nosotros, esa es la búsqueda de perfección: de mantener vivo el espíritu de la banda, que ya cumplió 10 años y hay que mantener esa misma energía, las ganas de seguir, la perfección humana de grupo, para mantenerse en el tiempo.

Otro día, el "Chino" logró patear cabezas: cantó con un casco. Cantó tango, con un casco en la cabeza.

Demasiados tangueros, ofendidos, heridos, boquiabiertos. Pero hubo otros demasiados: los que fueron ampliando el público, y esta orquesta se volvió masiva.

Punks, roqueros, violentos. Banda, más que orquesta. Sonidos como golpes. Lograron con éxito que Astor Piazzolla y Jaime Roos dialogaran: Buenos Aires hora cero y Las luces del estadio fueron una misma canción.

-En una entrevista comentó Rodolfo Mederos "ya no estoy sometido a las reglas de la armonía, fluyen". Dijo que en ese momento fue feliz ¿Han sufrido la misma determinación?

-Ante todo la orquesta tiene un director musical que es nuestro contrabajista Yuri Venturín y todos los arreglos, todas las ideas se filtran a través de él, y después en el ensayo a través de todo el grupo. Somos bastante técnicos pero a su vez no, porque son temas diferentes la interpretación y la composición. Son dos filtros grandes: primero que esté bien compuesta la obra, bien hecha técnica y estéticamente, y después si funciona en lo grupal. Somos muy exigentes para nosotros y entre nosotros. Tiene que haber un respeto por el estilo nuestro que ya estamos casi teniendo. Y que sea tango, y que a su vez nos represente, primero a nosotros como grupo y después al estilo.

Los descarados se bajaron del escenario. Crearon una cooperativa. Juntaron las ganancias y compraron un galpón, que hoy es el Club Atlético Fernández Fierro (CAFF). Allí hay demasiadas sillas. Todas son distintas. En el escenario hay un alambre de tejido. Las sillas las aporta el público, una vez por año una vale por dos entradas. La reja es para los músicos: Charly Pacini, cada miércoles, tocá detrás.

-Es como si les importara más la música que los discos, ¿cómo interactúa con la banda el contacto continuo con el público?

-Componer es muy personal. Tenemos también contacto con poetas, con compositores de tango como Alfredo "Tape" Rubín , hemos hecho tango con Roberto Pandolfo, un músico de rock argentino que en los `80 tuvo bandas muy emblemáticas. El público se acerca a la orquesta por algo, y a ellos también algo les sedujo, vieron que podían verse reflejados por música de una orquesta y la verdad que ese contacto es bastante enriquecedor, hay un reconocimiento mutuo. Yo siento que el público se acerca por algo más que ir a ver una banda de tango, es animarse a ir a ver algo que te mueve y que a su vez es algo como tradicional, y que se esté tocando tango nuevo, es crear. Nosotros, a parte de lo musical y estético, creamos ese ambiente de motivación.

Sin intermediario. Editan y venden sus discos. Organizan sus giras. El CAFF es casa, sala de ensayo, espacio para tocar y para escuchar. La prioridad es generar intercambio. Por eso también gestionan una radio donde sólo emiten tango contemporáneo, discos recientes, músicos en actividad.

-Da la impresión de que ustedes se toman la música más como una forma de vida que como un trabajo.

-Sí, es que al cumplir los 10 años volvés la vista atrás y ver lo que tenemos ahora, que es haber conseguido primero el club, crear nuestra radio en Internet, eso también da como una cosa cómoda de sentirte vos con lo que hiciste y con lo que estás haciendo, de que estás haciendo una parte de tu vida...el trabajo es justamente mantener esto, seguir tocando, que vengan más músicos a tocar al club, que la gente conozca más la radio, y ese es el trabajo que nos gusta.

-Por dónde pasa la búsqueda artística de la banda, en cuanto a su interacción con otros géneros musicales: ¿es explícita o es algo que los constituye a ustedes como músicos de forma natural?

-Se da de las dos formas, un poco por una cuestión natural de haber crecido escuchando otra música que no es solamente tango. Somos doce personas cada una con una valija de música conocida completamente diferente, pero la mayoría crecimos escuchando rock, y a su vez tango. Esto sucede con el público que nos viene a ver, que siente esa misma identificación de haber crecido con otra música y de repente escuchan una banda que hace tango que tiene cierta conexión con su conocimiento musical y se da esa movida. Entre nosotros es como una explosión que se da. Siempre nos preguntaron quién era Fernández Fierro, primero hacíamos bromas, pero la primera vez que empieza a vivir es cuando nos juntamos los doce a tocar, porque muy pocos son los que tocan tango o realmente viven escuchando tango en la orquesta. Tenemos otras inquietudes, nos gusta el tango pero nos gusta el tango que toca Fernández Fierro. Esa es la posta. Es un confluir de energías de distintos conocimientos musicales en pos del sonido de la orquesta Fernández Fierro.

Rodolfo Mederos tocó el bandoneón junto a Piazzolla y a Pugliese. Es director, compositor y docente. Asegura que el tango ha muerto. Sin embargo, en una entrevista que concedió al suplemento El Cultural, reconoció su actitud contradictoria. Mederos busca una sonoridad genuina, "no importada, ni oportunista ni consumista". Dice que busca entre los huesos, los reúne, intenta recuperarlos. "La sociedad de consumo requiere de una música distinta. El tango mira hacia adentro y hacia lo individual y hoy las expresiones son colectivas y muy superficiales. Haría falta una nueva manera de hacer poesía y otra manera de pensar para lograr una música diferente pero a la que quisiéramos seguir llamando tango."

Puede ser que asumir que el tango está vivo y muerto provoque una misma resignación: hacerlo de nuevo.

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