Pibe, ¿no querés ir a Uruguay? Hay buena plata", me dijeron. Sí, claro, me interesa. Yo había estando en Perú haciendo algún show. Me gustaba viajar. Y agarré viaje. Vine convidado por la Comisión de Fiestas de la Intendencia que, previo al Carnaval, traía artistas y los llevaba por los barrios en una chata. Vine con una comitiva fantástica: Lily Castilla, una cantante española que después mató en México, la tía de este pibe, Copani, Ignacio Copani. Samuel Aguayo, un cantante y compositor paraguayo y Don Edmundo Rivero con las guitarras de oro. Hicimos todos los barrios. 15 días estuvimos. Yo tocaba el trombón y hacía chistes. Me tenía que instruir de cada barrio al que íbamos para que hubiera un poco más de comunión con nosotros. Así conocí todo Montevideo. Y me quedé. Vino la inundación de 1959, era un lío para irse y empecé a tener que vivir. Y para vivir, lo mejor era la noche.
LA NOCHE. Trabajé en todos los cabarets de aquel momento. Un mes en uno, 15 días en otro. Hacía sketchs, animaba. Stand up le dicen ahora. Estaba el Sevilla Colmao y el Colmao Sevilla, eran dos. El más bacán de todos era Embassy, que tenía tres orquestas y quedaba al lado del cine Hindú, que era ¡pornográfico! Se le veían las nalgas a las chicas. Eso era todo, pero ya alcanzaba. La zona de cabarets era en Bartolomé Mitre y Buenos Aires, de ahí hasta la calle 25 de mayo. Pero era con recato. Los viernes y sábados se respetaba a las familias: iban matrimonios con hijos a ver los shows. Eran cabaret y boite al mismo tiempo. El cabaret funcionaba domingo, lunes, martes, miércoles y jueves. Era brutal. Pero las chicas no podían ejercer una prostitución directa, entonces se inventó el Ballet. Las chicas eran del Ballet, supuestamente, y solo podían acercarse a las mesas si eran convidadas por los clientes. Y el arreglo tenía que hacerse afuera. Eso hizo que todos los cabarets tuvieran directores artísticos, algunos muy conocidos, bailarines y bailarinas del Sodre que figuraban como maestros del cuerpo de baile... que en realidad eran las chicas. ¡Fantástico!
EL DÍA. Yo vivía en el Hotel Pigmaleón. Ba, eso le decía a mi madre. En realidad era la boite Pigmaleón, en Gonzalo Ramírez 2219. Mi madre escribía cartas y las dirigía al Hotel Pigmaleón. Se mataban de la risa. No me podía acostar hasta que no se fuera el último cliente. A veces le aguantaba la vela a alguno hasta las 6:00 o 7:00 de la mañana.
LA TV. Lo primero que hice fue en Canal 10, cuando estaba atrás del Cilindro, en una especie de bañado. Era una odisea para llegar en los días de lluvia. Había una camioneta que salía de Radio Carve, en Mercedes y Río Branco hasta Canal 10 y llevaba a los locutores, a los técnicos. El que manejaba la camioneta se llamaba Rodríguez que, después, fijate vos, llegó a ser productor y asistente general de Canal 12. El "Gallego" Rodríguez. ¡Fantástico! Con agencia de publicidad y todo. A Canal 10 íbamos con una orquesta y después hizo un programa que se llamó Las aventuras de Mister Fantasía. Era un tipo con una galerita, con una flor que contaba una historia pero no hablaba. Un mimo. Estaba muy bueno. Después estuve en Canal 4, hicimos un programa cómico que se llamó Broco-broco-puf. Estaba Real Martínez, Alberto Monteagudo... Rada y Fattoruso estaban en la orquesta pero yo los hacía hablar. Dirigía Gustavo Adolfo Ruegger y Upa Ribas. Maravilloso, maravilloso. ¡Fantástico!
CANAL 12. Yo había descubierto a Rada. Él fue a cantar a una cancha de bochas y yo fui a laburar. Y lo invité a hacer una gira. Ahí nace Rada, profesionalmente. Después se manejó espléndido. Yo le decía: "Negro, con la plata que ganaste ahora comprate un smoking, una buena pilcha y pagale unos arreglos a Pancho Nolé y andate por el mundo ¡Quién te para!" Pero no me hizo caso. Estábamos los dos sin laburo o laburando de noche. En esos momentos, todos queríamos entrar en la televisión porque era la manera de zafar de la noche, que era brava, todos los días. Entonces le dije a Rada: "Vamos a trabajar a Canal 12". En ese momento se estaba armando para salir al aire. "Vamos que yo tengo un amigo ahí y nos va a recibir", Fuimos. Nos atendió una señora, Lilián Close, la primera secretaria del Canal. Una señora muy recta, bien inglesa. Eran como las 10 de la noche y faltaba un mes más o menos para que se inaugurara. "Sí, buscamos al señor José Pedro Boiro". "No los va a poder atender". "No, no, dígale que es Cacho de la Cruz." "A ver... esperen acá". Y nos quedamos en la puerta.... Nunca vino. Estuvimos como dos horas con el negro esperando. Cada vez que me encuentro con Rada me dice: "¿y? ¿Te atendió tu amigo?" Al poco tiempo, nos contrató una agencia de publicidad que había comprado el horario del mediodía y me fue metiendo para hacer una imitación, algún sketch. Así nació El show del mediodía, con Rada y con (Alejandro) Trotta que había venido de Buenos Aires contratado por el Canal.
BOCHINCHE. Los cortes de luz a principio de los `70 me dejaron afuera de la programación. Todo empezaba a las seis de la tarde, así que chau al mediodía. Era un verano y yo siempre me iba a Punta del Este a laburar: hacía boites, barría playas, lo que fuera. Mi idea era hacer el verano e irme a Perú. Ya había estado y se podía hacer algún mango. Lo hablé con mi señora de ese momento, Titina, la mamá de Daniella, de Rodrigo y Maxi para irnos todos. Entonces estaba en Punta del Este en un apartamento a medio hacer que me habían prestado y un día cayó Carlos Restano. Me dice: "con Horacio (Scheck, ex director de Canal 12) queremos que te quedes. Pensá que querés hacer y le buscamos la vuelta". Ta, ta fenómeno. Con un amigo pensamos y se nos ocurrió Cacho Bochinche: sonaba lindo, le podíamos meter juegos, canciones. Fenómeno. Al mes me reúno de nuevo con Restano y Horacio Scheck. "¿Y?, ¿pensaste? ¿Qué querés hacer?". Un programa para niños. "¡Otra vez en pedo de mañana!" Claro, yo venía de la noche, los cabaret... se mataban de la risa. Pero les expliqué la idea y me aceptaron, pero a prueba. Un mes, que al final fueron 38 años.
EL ÉXITO. Eran otros tiempos. En aquel momento, se había armado un escándalo porque en una publicidad con Imazúl Fernández y Miguel Ángel Viera uno decía: "no jodas". Una inmoralidad, un escándalo tremendo. Tuvieron que pedir disculpas. Con Trotta hacíamos Cante y gane, donde se decían 10.000 barbaridades peores, pero claro, las decían los participantes. Yo les tiraba la lengua. Y los tipos venían con hinchada, era un fervor. Para las finales, nosotros armábamos un jurado que decidía entre dos candidatos. Y el que perdió, me dice: "Cacho, ¿me permite una palabra?". Sí, cómo no. "¿Sabe por qué no gané". Señala a uno del jurado y dice: "Por culpa de este hijo de puta"... ¡Qué maravilla! Aquello explotaba, eran explosiones en el pueblo. Lo mismo hacen ahora con el Bailando, le tiran la lengua a los participantes.
Años después, del 78 al 80 hicimos Telematch que fue el mayor éxito que tuve. Eran competencias entre liceales. Hacíamos unos juegos tremendos: un elefante, un dinosaurio, Hulk... iba un muchacho en cada pata y tenían que hacer correr al bicho. Las hinchadas. Lo hicimos por toda la república.
De ahí no paré más: El show del mediodía, El castillo de la suerte... Chichita. Tuve una carrera, digamos, igual a la que puede tener un ascensorista de un banco que termina en gerente. Yo empecé de ascensorista.
2012. Por primera vez desde que empecé, este año no pude hacer televisión. Ahora me operan de los hombros, que tengo rotura de tendones. Pero el año que viene me gustaría hacer un programa para celebrar los 50 años del Canal. Puede ser algo como lo que hacía en Ecuador. Yo trabajé varios años en Ecuador y en Colombia, en el 88, 89, 90. Hacer algo que tenga mucho entretenimiento con la gente, juegos, con hinchadas... como un Canal que está en permanente acercamiento con la gente.