Literatura y café

Una borra especial motivó a keoroglian a registrar su experiencia en el libro Corazón de café

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Por: Mariel Varela

Así como entre los criollos es moneda corriente jugar a la quiniela, para los armenios, "la borra del café es de todos los días. Mi abuelo era re timbero, agarraba a mí tía, su hija, y le decía, léeme el café a ver qué número me va a salir", relata Laura Keoroglian. Ella descubrió su capacidad perceptiva en un cumpleaños de su padre, hace una década, y tardó cuatro años en decidir cerrar el colegio que dirigía, abandonar la docencia y abocarse al café. "Está bueno tomar lo que te viene, aunque no lo esperes. Yo me resistí unos años a dedicarme a full a leer la borra y ahora me encanta", indica.

La Barra de Maldonado es un sitio especial para Laura. Allí conoció a su actual pareja y se reencontró con su interior. "Empecé a renacer después de lo del colegio. Y me acerqué a un público desconocido, de un nivel económico más alto". Pasó varios veranos inmiscuida en restaurantes y galerías del Este, rodeada de una clientela "con otras costumbres". En una de esas ocasiones, se topó con un pocillo fascinante. La historia prohibida de esa mujer sorprendió tanto a Laura que la motivó a capturar una foto de ese café y redactar un borrador, que sirvió de inspiración para que registrara conocimientos y experiencias en el libro Corazón de café. Dedica el capítulo "Nunca más seré infiel" a relatar las vivencias de esta mujer: "La vi tres veces en mi vida y voy siguiendo lo que le pasa a través de su café. La última vez que vino yo creía que el libro no iba a salir. Me trajo un pocillo de regalo y me dio la ilusión de que el momento final estaba cerca".

De docente a "bruja" y escritora. Laura Keoroglian recibió a Sábado Show e hizo mención al éxito de su espacio "Un famoso, un café" en Buen día, Uruguay.

Intuición. El arranque de Corazón de café se corresponde con el nacimiento de una nueva etapa en la vida de Laura. El inicio se remonta al cumpleaños de su padre y tiene a un invitado de su hermana como intermediario. La tradición manda y había café en la reunión: "Lo convidamos y me dijo, `¿me leés el café?`. En otro momento de mi vida me hubiera matado de risa. Y no sé por qué me sorprendió pero lo acepté. Cuando miré el café empezaron a aparecer cosas y me asombré porque vi que se había abierto un canal", relata. Tardó algunos días en advertir que atravesaba un proceso de transformación y apertura.

"bruja". Deja a sus clientes en soledad y aguarda en la cocina que beban su café: "Soy muy perceptiva, sé leer entre líneas y no quiero que la charla previa contamine la interpretación". Tiene más de veinte pocillos porque los colecciona, pero elige los blancos para la lectura y así evita confundir las manchas: "La persona pinta el lienzo con su información".

Cada dibujo tiene un significado especial que vibra y es válido en ese tiempo para ese individuo. "Mi modalidad es que como esa mancha que veo me impacta tanto, se la muestro a la persona y le enseño a ver dentro de ese juego de figuras. Al verlo, lo cree", dice sobre su técnica.

Cada historia es única y Laura no pierde la capacidad de asombro en las consultas. "Me maravilla esa comunicación mágica porque somos la misma esencia. Lo que te hace sufrir a vos, también me hace sufrir a mí, por eso lo puedo ver".

farándula. ¿Si traemos un invitado conocido y le leemos la borra? Así de espontánea e informal fue la propuesta de Laura a la productora de Buen día, Uruguay, y así de rápido se concretó y resultó un éxito. "Fue increíble porque la gente quería venir después. Me cuentan que la cara del famoso se desfigura. Algunos han llorado y se han emocionado".

Algunos se la bancan más que otros. Laura no quiere dar nombres pero confirma que fueron hombres los que le pidieron que no los mandara al frente. "Hay cosas que se las digo fuera de cámara, el invitado las admite pero no las puedo tirar al aire porque los incinero", declara.

La reacción de los famosos suele ser positiva: "La mayoría quedan contentos y sorprendidos. Algunos me recomiendan a sus amigos, y otros vienen y se hacen la lectura más profunda". El balance del espacio favorece también a Laura: "Estar en la pantalla es una vidriera y es una forma de propagar mi trabajo", concluye.

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