Una agente de Policía de Nebraska, divorciada dos veces, necesita dinero para mudarse cerca de su hija. Acepta entonces ir seis meses a Bosnia para trabajar en las Fuerzas de Paz de las Naciones Unidas. Su dedicación al trabajo hace que destaque rápidamente y que no le pase desapercibido un hecho terrible: la llegada de jóvenes de distintas partes -como Ucrania- para trabajar como prostitutas en condiciones de esclavitud. Y más terrible aún, esta mujer descubrirá que en el tema están involucrados militares e integrantes de la ONU, tanto en cargos de poca como de mucha importancia. Lo que cuenta esta ópera prima de Larysa Kondracki está basado en hechos reales, cosa que se aclara desde el vamos y que impide que al espectador se le pase por la cabeza que es tan sólo una película de cine. La historia está bien contada, sin recurrir a ningún artificio más allá de alguna escena violenta por demás. Lo distinto es un elenco que le agrega atractivo, como una Rachel Weisz que sabe comunicar tanto con palabras como con gestos, bien secundada por los siempre efectivos Vanesa Redgrave y David Strathairn. Un relato que se sigue con atención y abre los ojos sobre personas y situaciones de los que por lógica nunca se desconfiaría.