Por: Mariángel Solomita
Lo que hizo este documental con nosotros a la hora de descubrirlo e investigarlo, fue introducirnos en la lógica de qu e tu aldea define al mundo. Te vas dando cuenta de cómo un montón de situaciones absurdas convergen en un mismo momento histórico para que esa acción genere toda una reacción." Andrés Varela tenía cinco años cuando se realizó el Mundialito. Es el productor, co-guionista y entrevistador del documental que lleva ese título y que dirigió Sebastián Bednarik. La dupla ya había realizado La Matinée y Cachila.
A treinta años del Campeonato por la Copa de Oro, una generación que no vivió este suceso observó y rememoró un año particular de la historia reciente con sus preguntas y sus curiosidades. No hay casi información sobre este evento deportivo, "su memoria quedó opacada, como en brumas", y el por qué aún es un tema a investigar, según Gerardo Caetano. El historiador también era jugador de fútbol profesional en esa época: "Lo viví como aficionado y como ciudadano", dice.
Caetano y Virginia Martínez fueron inicialmente quienes se hicieron cargo de la investigación que surgió por una iniciativa de la periodista Carolina García. Durante la pre-producción Martínez se alejó del proyecto y Caetano dedicó seis meses a recopilar información. "Yo creo que sin ser el único elemento, la vivencia traumática de la dictadura terminó por opacar la significación del triunfo del Mundialito, al tiempo que también incorpora al suceso en esa zona de `memorias fracturadas` que influye en el recuerdo tanto personal como colectivo", explica.
Para Bednarik el interés de involucrarse en esta temática fue el plebiscito del `80. "La mirada política siempre estuvo en el guión. Me pareció una buena historia la de dos campañas paralelas y cómo el desenlace que tiene una repercute en la otra."
Se realizaron setenta pre-entrevistas de donde surgieron nuevos enfoques y más involucrados. El resultado del documental ofrece un panorama claro de quiénes y por qué se vincularon a este encuentro deportivo, que se inició como un emprendimiento particular que al principio preocupó a los militares. Por un lado estaba el antecedente dos años antes del Mundial en Argentina, por otro la certeza de que más de mil periodistas de todo el mundo se harían presentes.
"1980 era una auténtica encrucijada, con muchas incertidumbres y desafíos, un tiempo de contingencias que la dictadura había elegido para plebiscitar no sólo un proyecto de reforma constitucional sino la legitimación del régimen. Y contra la mayoría de las previsiones el pueblo dijo el No que marcó el comienzo del fin de la dictadura. Y ese pronunciamiento le aguó la fiesta a los militares. El Mundialito devino entonces en una fiesta del deporte, en un triunfo muy festejado por el pueblo uruguayo y en una ocasión excelente para confirmar el repudio al régimen dictatorial", asegura Caetano.
ARMADO. El guión se rescribió muchas veces. "Necesité de cierta distancia con el entrevistado, dar un paso atrás y poder también dirigir al entrevistador. La persona ideal era Andrés porque hicimos el libreto juntos y me di cuenta de que él tenía la película más clara. Yo la tuve más en la cabeza durante el montaje", cuenta Bednarik.
Ambos procesos fueron fundamentales. Se filmaron cuarenta entrevistas de las se editaron 22 que descifraron el entramado de estos acontecimientos. Varela: "Los personajes nos fueron trasladando a nosotros. Primero en un descubrimiento de una serie de personajes que armaron el negocio pero a la vez estaban los militares y había empresarios que tenían que vender la idea. Así se dan todas estas situaciones complejas y absurdas."
Para Bednarik conseguir material de archivo fue un desafío. "La conservación está en pésimas condiciones. Mucho material fue proporcionado por los propios entrevistados". Prácticamente la mitad del largometraje cuenta con imágenes invalorables que acentúan la narración guiada por Caetano y los testimonios de los entrevistados. Así se muestran, por ejemplo, los equipos que por primera vez permitirían una televisación en color en el país para cubrir el evento, cuyos derechos televisivos fueron vendidos a Silvio Berlusconi, y que le daría a largo plazo el monopolio de la RAI. "Tiene mucho humor e irreverencia, desde dónde se cuentan estas cosas, cómo se combinaron estos personajes, qué estaban pensando cada uno de estos", concluye.
-¿Cuál considera que fue el principal riesgo narrativo para retratar un año tan particular?
-(Caetano) Articular historias y memorias muy diversas de modo de perfilar, sin panfleto y con persuasividad, el vínculo histórico entre el NO del plebiscito y el triunfo del Mundialito. Me parece que se logró una verdadera urdimbre de relatos que apunta muy bien a ese desorden típico de las memorias, de las miradas contradictorias a través de las cuales un suceso colectivo se cruza de forma tan distinta con las peripecias humanas concretas.
La etapa de montaje se concentró en narrar los hechos con una forma que al mismo tiempo que explicara la complejidad del escenario, develara ese costado humorístico de cómo se realizaron las cosas. "Junto a Guzmán García -montajista- tuvimos que tener mucho cuidado porque es un arma muy potente la edición. Nos cuidados de mantener el punto de vista de los personajes y no manipularlos en hacerlos decir otras cosas porque fuera funcional a la película", explica Bednarik.
Este es un documental de personajes donde se consiguió, tal vez involuntariamente, un perfil de cada entrevistado. Hay detalles de comportamiento, maneras de hablar, pequeños enfrentamientos políticos, que se convierten en guiños para el espectador. Esta lógica también funcionó en el exterior: en el Festival de Río el público reía de señas que se considerarían puramente localistas.
-Se menciona que Tabaré Vázquez se negó a dar una entrevista...
-(Bednarik) En la investigación surgió que era Presidente de la Comisión de Contabilidad, cabe aclarar que todos los presidentes de clubes de primera presidían el Comité Organizador. Entre la gente del fútbol y de la política ya se sabía, figura en todas las actas de la AUF, quisimos entrevistarlo así como lo hicimos con otros políticos como Sanguinetti, Batlle y Mujica.
El documental se estrenará en cinco salas en la capital, en Maldonado, Paysandú y Salto. Además se exhibirá los viernes en el cine Plaza con entradas a precio popular.
-¿Podría transformarse en un documento necesario para que las generaciones que vivieron y no vivieron la dictadura puedan revisar este episodio?
-(Bednarik) Puede ser, igual creo que lo no se ha hecho ha sido mostrar lo que hay. Nosotros usamos muchos fragmentos de una película que recién este año se emitió por TNU que se llama A los ganadores no se les ponen condiciones. Yo no la conocía, y no es fácil de conseguir. Mundialito está montada para que funcione como película y para que el espectador siga haciéndose preguntas al salir del cine.
-¿Considera que hay una real reflexión social de lo sucedido en 1980?
-(Caetano) Creo que la reflexión social en torno a 1980 es más extensa que intensa, que nos faltan muchos relatos e investigaciones con pluralismo de voces y de enfoques, y con la interpelación de los más jóvenes. Como lo prueba Mundialito, el pasado no sólo es la "materia prima" de los historiadores.
-¿La figura del futbolista evolucionó en cuanto a la concientización de su rol social?
-(Caetano) Sócrates tiene mucha razón cuando exige que los futbolistas se formen para estar a la altura de las exigencias y poder dar respuestas positivas a las "excesivas" demandas que sociedades como la nuestra depositan en el fútbol. Las imágenes ilustran la diferencia radical de la vivencia de un acontecimiento popular en dictadura y en democracia. Pero me parece también que Tabárez y Forlán fueron este año un ejemplo de cómo aún bajo presión se puede elaborar relatos positivos y defender valores colectivos. Pero la advertencia de Sócrates sigue en pie: los futbolistas necesitan más formación de la que tienen para vivir mejor su propia vida y jugar un rol positivo para la sociedad que a menudo representan.