Por: Mariel Varela
La inmigración desde dos ópticas. Los europeos cuentan la historia desde comienzo de siglo a la guerra civil española y los latinos van 30 años para atrás y llegan a nuestros días.
Espacio Teatro (Franklin Rodríguez y María Filippi) se encarga de la visión americana y Escena Miriñaque (Noelia Fernández, Esther Aja y Blanca del Barrio) hace lo propio con el viejo continente.
"Es una mirada de la inmigración de un lado y del otro sin juzgar ni enojarnos. Simplemente, esto fue lo que pasó. Estamos tratando de armar nuestro pasado para ver de dónde venimos, qué nos pasó, cómo fue. No alcanza con decir garra charrúa. No es solo fútbol. El país es otra cosa más y entenderlo es parte de la historia", asegura Franklin Rodríguez, actor y co autor de Cartas de las golondrinas junto a Blanca del Barrio.
El primer encuentro sucedió en un festival marplatense. Las muchachas de Escena Miriñaque descubrieron un espejo de su empresa en Espacio Teatro. Ambas son escuela, compañía y sala. "La sensación fue: hemos visto nuestra empresa pero en Montevideo", cuenta Noelia Fernández. Y nació un vínculo.
Ese entramado de relaciones vía mail, chat, obras llevadas a Santander, otras traídas a Montevideo derivaron en el nacimiento de Cartas de las golondrinas, una co producción España - Uruguay que se presentó en Espacio Teatro con dos únicas funciones el jueves 28 y viernes 29 de julio. Este sábado estarán en el Teatro Municipal de Maldonado, el 1 de agosto harán una función a beneficio en el liceo 11 (donde Franklin fue alumno) y habrá otra en Colonia. Hacia octubre, repetirán la gira por España.
-¿Cuál es el futuro de Cartas de las golondrinas?
-Franklin: la idea es pedir la parte que le corresponde a ellos, que nos den el libreto y hacer la obra completa con gente uruguaya.
Noelia, Blanca y Ethel aseguran haber hecho la ruta que siguieron sus abuelos para llegar a estos pagos por la cantidad de escalas que les tocó en suerte. Llegaron con sus 30 minutos de parlamento armado y con una semana para ensamblar lo suyo a la media hora de Franklin y María mediante uniones musicales.
Franklin Rodríguez y el trío oriundo de Santander charlaron con Sábado Show acerca de este proyecto que obtuvo su lugar en Iberescena. Ello supuso ayuda financiera, "aunque no da para tirar la casa por la ventana", según Noelia, promoción y comunicación a nivel institucional.
como anillo al dedo. Escena Miriñaque acostumbra a presentarse en Iberescena para obtener fondos estatales. Habían colaborado con ellos en dos ocasiones y otra vez no podían inscribirse en la categoría sala. Entonces apareció Franklin con esta idea que traía en mente hacía tiempo y la compartió con las tres mujeres.
Calzó justo. Se presentaron en el segmento co producción y Cartas de las golondrinas quedó entre las ocho ganadoras.
-¿Consideran que es un síntoma de apertura que el gobierno español haya elegido la propuesta?
-Noelia: el gobierno siempre lo tiene presente, sabe que es parte de la memoria histórica. Pasan constantemente documentales sobre la inmigración que hubo a Argentina y Uruguay. No se puede olvidar. Para el gobierno es más fácil decir que sí a un proyecto así que respalda su posición frente a la historia. Vamos, que no se puede negar.
detrás. Primero las damas (Noelia y Ethel) al escenario pero no por una cuestión de caballerosidad sino de relación temporal. Ellas traen maletas de cuero y ropa de época para recrear el comienzo de siglo; Franklin y María usan "montgomery, gabardina, pantasote y valijas de colores".
Para acercarse al `70, Franklin eligió poner un pasadiscos y hacer sonar temas como La Balsa o Yesterday, que marcaron una época en ese Uruguay.
Las españolas manejan una modalidad de trabajo: la escenografía como tercer personaje en la acción. "Nos sirve como comodín. Tiene su vida propia y le sacamos el máximo jugo", dice Blanca. "Va empujando. Por delante va la escenografía y después aparecen los personajes", complementa Ethel.
Escenografía no es sinónimo de decorado. Le dan tanta importancia que no empiezan los ensayos hasta que no la tienen construida. En Cartas de las golondrinas la compone algo bien sencillo: cuatro mesas. Y dan rienda suelta a la imaginación del público.
"Usan dos mesas al revés y se convierte en un barco. Hacen cosas maravillosas", cuenta Franklin. "En teatro te ofrecemos una imagen. Aquí jugamos. El espectador hace su parte de camino hacia nosotros: presta su imaginación a nuestra sugestión. Sugerimos y él trabaja un poquito", añade Blanca.
nómades. La inmigración es un tema repetido. Cine, teatro y libros recurren a él, pero este grupo intentó sortear los lugares comunes: evitó "caer en el viejo estigma del exilio" y por eso "hubo que contar poéticamente". "Hablamos de algo que el teatro ha contado: la nostalgia, el desgarro, las despedidas interminables. Quieras o no, el espectador siempre quiere ver eso porque está dentro de él. El cómo se lo dices es más interesante que el tema en sí mismo", agrega Blanca. Esquivar el melodrama fue otra consigna: "Las cosas son dichas sin ningún tipo de apego en la interpretación. Y cuando hay emoción, casi no decimos nada, se ve".
La intención es mover, no conmover. "Incluso que se te desencaje la mandíbula", dice la escritora. Nadie queda ajeno. Todos conocemos a alguien que se ha movido por el mundo. Partir, volver, quedarse, retornar es cuento viejo y repetido. El texto lo toma como eje. "Porque la historia se repite casi nadie se acuerda de la otra historia. Y la otra historia, la de nuestros abuelos, es la que presentamos en escena", señala Blanca.
Siempre hay alguien que marchó o fue víctima de los papeles. Noelia, por ejemplo, debió casarse con su actual marido por los problemas burocráticos que le ocasionaron por ser israelí. "De repente me encuentro con un policía interrogándome y pidiéndome fotos de mi marido para ver si era verdad".
Blanca volvió a su patria después de años en Francia. "Es un constante adaptarse a una vida. Cuando nos vamos de nuestro país y retornamos, volvemos a ser inmigrantes de nuevo".
técnica. Cada grupo trabajó por separado el mismo material de forma distinta. Franklin apeló a la ayuda memoria y su experiencia personal. "La historia me interpuso en esa etapa importante. Me tocó a mí".
Siguió otro proceso. "Invité a amigos que tienen que ver con el exilio por distintas razones. Les mostré el espectáculo, nos comentaban cosas y sobre eso íbamos arreglándolo. Teníamos un ojo avisor que nos alertaba si algo andaba mal", cuenta.
Las mujeres de Santander se apoyaron en un forma "telegráfica" de contar justificada en que "con una sola imagen ves el mundo entero".
No tenían de qué agarrarse, salvo de los libros, porque no era historia reciente. No existía el mail. El medio era epistolar y fue la documentación básica de su ardua investigación. Tanto buscaron que llegaron a cartas de 1895. "En esas cartas se escribe de todo: desde cosas domésticas a lo más profundo y sentimental. Es el documento del hombre", asegura Blanca.
-¿Las van a leer?
-Blanca: no, las cartas se dicen, no se leen, sino te paso el contacto del libro. Al teatro se viene para ver y para vivir. Dices, voy a ver teatro; no dices, voy a escuchar teatro.