MARIEL VARELA
Se fijó en la película. Le gustó que convivieran palabra, música y baile. El libreto original de 8 mujeres, comedia policial escrita por Robert Thomas, no sigue ese formato musical que enganchó a Martín Inthamoussú y lo llevó a conseguir el texto, traducirlo, hacer la adaptación rioplatense "para llevarla a un lenguaje más coloquial y entendible que el guión francés" y acercarse a Movie Center con la idea. El coreógrafo, bailarín y en esta ocasión director de 8 mujeres eligió "un norte" para la construcción de los personajes: la histeria. El hombre de la casa (Marcel) es asesinado y cualquiera puede ser la culpable. "Las ocho encerradas en una casa sospechando todas de todas llegaban a un punto de histeria interesante de trabajar".
El año pasado derramó muchas lágrimas sobre las tablas interpretando a Blanche Du Bois en Un tranvía llamado deseo y a la esposa de Washington Beltrán en Qué tupé. Fueron dos trabajos que Victoria Rodríguez amó profundamente pero "me desgastaron emocionalmente. Estaba ansiosa por hacer una comedia, por abrazar algo de humor", cuenta quien encarna a Gaby, la esposa del difunto Marcel.
Martín fue muy meticuloso a la hora de elegir el elenco y reconoce que le costó bastante. Su camino es buscar a la actriz ideal para un personaje. "Por lo general las obras las voy creando yo pero como acá tenía un texto previo manejaba una idea del personaje que quería crear, entonces fue bastante meticulosa la búsqueda: acercarse a una actriz que pudiera darme ese personaje", asegura el director. A Victoria la convocó vía Facebook: "Como te llegan las cosas en esta era", se ríe ella. Y se tiró al agua. "Lo primero que me sedujo fue el director. Moría por hacer algo con Martín. Seguro sería bien diferente a cualquier cosa que había hecho antes. Al momento de su convocatoria todavía no había un elenco claro. El guión lo leí después de darle el `sí`, ja ja, simplemente confié".
El director quitó toda referencia temporal y espacial (el texto original menciona constantemente París). Transmitió esa idea a escenografía y vestuario con el objetivo de lograr "atemporalidad y no lugar". Ello supuso cierta diferencia con respecto al libreto original y "me marcó a mí un camino a seguir con el texto". Otro sello propio que lo separó de la película y de lo escrito por Robert Thomas en el `61 fue la inclusión de dos hombres disfrazados de mujeres en la escena. Siempre tuvo presente que era una comedia, más allá de la trama policial, y entendió que era una buena forma de arrimar al público a ese género. "Así como las canciones te relajan de la trama, ver que son dos hombres haciendo de mujeres pone en otro lugar al público. Es decir, tampoco lo están tomando así como el mega drama", dice. Eligió a Federico Longo y Luis Magallanes, dos actores que regularmente hacen papeles de mujeres para encarnar a Mamy (suegra del muerto) y Chanel (ama de llaves): "Los he visto hacer sus personajes (Gorda y Dulce Polly) y tienen una veta histriónica que me pareció que estaba bueno explotar".
Completan el elenco cinco mujeres más: María Mendive (Pierette, hermana de Marcel), Cecilia Sánchez (Susana, hija mayor de Gaby), Leonor Svarcas (Luisa, la nueva mucama), Valeria Piana (Agustina, hermana resentida de Gaby) y Victoria Novick (Catalina, la hija menor).
"Norte". Asoció la histeria femenina a esa idea de que están "encerradas en una casa, no pueden salir, es como si fuera un experimento y el público es testigo de todo eso", cuenta. Y agrega que para lograr ese estado recurrieron a un par de psicólogos que asesoraron a los actores. "Venían e íbamos viendo cuál era la histeria de cada personaje". Manejar la situación de hablar naturalmente y de golpe lanzar un chillido no era nada simple a nivel actoral. Se requiere "pasar de un susurro a un grito en nada y que el público entre en esa histeria también", asegura.
Martín tiene una concepción que arrastra de Complot (colectivo de artistas integrado por Gabriel Calderón y Mariana Percovich, entre otros): "En un momento el espectáculo tiene vida propia y ahí respira solo. En ese momento hay que estar muy atento a lo que te está pidiendo. Ahora necesito que el espectáculo tenga el ritmo vertiginoso de una histeria. Con 8 mujeres quiero lograr que el público vaya detrás del espectáculo. Se van sucediendo tantos episodios, se entrevera tanto la trama que vos tenés que estar muy atento, moviéndote para entender qué está pasando".
Un par de pruebas corroboran que el director supo transmitir ese grado de histeria y estos ocho artistas supieron alcanzarlo. Victoria Rodríguez, por ejemplo, publicó en su Twitter que 8 mujeres era `un himno a la histeria femenina`. "La historia hace foco en descubrir quién es la asesina pero también versa sobre la histeria femenina. Los rasgos de la personalidad de cada una van contando otra historia en paralelo. En los momentos de caos y pánico, cada una de estas mujeres va dejando aflorar sus mezquindades, rencores, su soledad... su verdadero yo. Te diría que todas las mujeres tenemos un grado de histeria; todas somos un poquito locas, caprichosas, otro poco mimosas, guerreras y otras sumisas; un día sabemos lo que queremos, otro no. Cuidado, muchos hombres también", dice la actriz y conductora.
Martín logró su cometido y lo certifica en cada ensayo: "Cuando las veo gritando por cualquier cosa pienso, `lo peor es que hay gente que es así, que está a ese borde de la histeria. Es interesante que el público diga, `yo conozco a una persona que es así`". "Todos podemos encontrar algún punto de contacto con cualquiera de los personajes. Son mujeres al fin, con historias personales diferentes pero con emociones, miedos y sueños que no nos son ajenos", complementa Victoria.
Método. Para llegar a ese nivel de histeria que manejaba como norte en este espectáculo eligió llevar los personajes al límite. "Lo podría haber hecho naturalista, donde nadie grita, todos mantienen un personaje común y corriente y no llevarlo a ese punto que roza con lo grotesco. Me interesaba mucho no ser naturalista por la ruptura en la escenografía, el vestuario, la no temporalidad, la fragmentación, que es una característica muy importante en la personalidad de una histérica", justifica.
Se basó en los sketches de Urdapilleta y Tortonese en el programa de Antonio Gasalla, "que lograban un nivel de actuación muy bizarro, llegaban al límite sin llegar a ser una caricatura. Me interesó empujarlas y cuando ellas me proponían algo, les decía, `eso es muy naturalista, llevalo más al límite, más al límite`". Victoria llevó el personaje de Gaby "al extremo" pero no por eso perdió contacto con la realidad: "Los rasgos más fuertes de su personalidad los encontré afuera, en mujeres que conozco y son de verdad". Gaby imprime con su tono de voz una dosis de humor en esta comedia. Martín le pedía, `buscale otra manera, ¿cómo habla Gaby?`. A ella le costó varios ensayos "dar con una Gaby creíble. Hasta tuve que cambiar mi tono de voz. María Mendive me dio una buena mano con eso, motivándome a que jugara, que no tuviera miedo y me divirtiera".
Apertura. Sin un elenco creativo no puede trabajar. Martín considera que "el performer de hoy tiene que ser inteligente y no sólo hacer lo que le dice el director porque se vuelve aburrido para todos. Cualquier persona que esté interpretando un material que lo siente propio es mucho más creíble que cuando te imponen todo de afuera porque estás reproduciendo la idea de otra persona", señala.
Estuvo siempre abierto a las propuestas e inquietudes que planteó el elenco. "Les doy libertad hasta cierto punto, cuando no me sirve me pongo encima y les digo, `hacé esto, levantá esto`, me pongo en detallista", cuenta.
En esta ocasión tuvo que remarla porque no había bailarines en escena, eran todos actores, e incluyó canto y coreografías. "El desafío es que lo hagan al mismo nivel, no que cuando canten digas, `ay, que se calle la boca`. Durante dos meses trabajaron todos los días con coach de canto (Álvaro Pérez) y de baile (Jorge Vidal)". Victoria depositó toda su confianza en el director: "Transmite mucha seguridad, sabe lo que quiere y tiene una manera muy tranquila y simpática de explicar las cosas. Como lo admiro y respeto mucho como artista, me puse en sus manos 100%".
Esa apertura también la trae de Complot y la traspasa a lo global: "No hay un librito que te diga, `los espectáculos se hacen de tal manera porque cada espectáculo tiene que ser un desafío. Estar abierto a las metodologías es algo que me apasiona de mi trabajo, ir modificando las herramientas en función de lo que estás buscando".
Integral. Palabra, danza y música dialogan de forma fluida en los espectáculos de Martín. "Me interesa entender las artes escénicas como una sola, no pensar en que esta persona baila, la otra actúa, no hago esa división, intento que se encuentren todos los lenguajes escénicos. 8 mujeres es parte de ese proceso que me está interesando investigar", asegura.
Cada maestrito con su librito. Martín no hace lecturas de mesa: "Me interesa trabajar desde otro lado, desde la verdad del cuerpo". Para Victoria fue una novedad y le resultó algo "incómodo" al principio porque no tenía "experiencia en usar el cuerpo como único medio de expresión". La primera semana no tocaron el texto en el ensayo pero ya lo traían leído. "Llegaron y se imaginaban una forma en que caminaba el personaje, una manera en que se movía, gesticulaba y fui llevando el cuerpo hacia otro lugar. Miro mucho el cuerpo, es mi fuerte y estoy mucho encima: `tiene que ser más sexy, bajale la mirada, el brazo no debería estar así, no reacciones de esa manera con las manos`", enumera.
Esos primeros días no se manejó el guión original, sino que buscaron la forma de caminar, de acercarse y vincularse de cuerpo a cuerpo con el otro personaje. Martín considera que lograr sintonía entre gestos y voz no es difícil si se empieza por el cuerpo. "Si aparece después y antes le diste una idea racional al texto, cuesta mucho bajarlo al cuerpo". A Victoria le costó liberarse, expresarse, moverse. "Todavía no había entrado en confianza y tener que hacer esos movimientos (lo más parecido a pasos de avestruz en cámara lenta desde mi ignorancia) me daba vergüenza". Martín siguió fiel a su técnica, perseveró y triunfó. "El cuerpo y la voz son parte de un mismo lenguaje y estoy muy pendiente de lo global. Cuando un actor está diciendo un texto, está bailando una coreografía. Hay una partitura de cómo se está moviendo el cuerpo y todo lo que éste hace es parte de lo que se está diciendo con la voz. Entonces no me gustan las actuaciones en que está disociado el cuerpo de la voz", finaliza.
Nuevo espectáculo de Inthamoussú : una comedia policial
LLevar los personajes al límite sin convertirlos en caricaturas fue una de las consignas principales de Martín Inthamoussú. Se enfocó en la histeria femenina para marcar las pautas de la dirección de esta obra que marca el regreso de Victoria Rodríguez a las tablas.
Empezar a trabajar por el cuerpo es el método elegido por este director que no hace lecturas de mesa del guión con los actores.