En puntas de ballet

| El ballet del Sodre estrenó El Cascanueces. Coreografía, vestuario y animación creados para esta producción del Sodre.

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Por: Ximena Aleman

Desde el 9 de diciembre en el Auditorio Adela Reta el Ballet Nacional del Sodre (BNS) presenta El Cascanueces, un ballet clásico con sello de producción nacional. Las entradas del espectáculo están agotadas desde el 9 de noviembre y las salas, noche tras noche, se llenan para ver este espectáculo que reúne la escenografía creada por los talleres del Sodre, el vestuario a cargo de Nelson Mancebo y confeccionado por estudiantes de la UTU, la coreografía de Silvia Bazilis y la animación con muñecos gigantes de Martín Romanelli, fundador y ex-integrante de Bosquimanos.

Cascanueces. La historia original es de E.T.A. Hoffman, un cuento llamado El Cascanueces y el Rey Ratón que luego fue adaptado por el escritor francés Alejandro Dumas en el libro El cuento del Cascanueces. Con esta historia como base, Marius Petipa y Lev Ivanov coreografiaron un ballet con música de Tchaicovsky y encargado por el director de los Teatros Imperiales de Rusia Ivan Vsevolozhsky. El ballet fue estrenado con éxito relativo en 1892 en el Teatro Mariinsky de San Petersburgo.

El Cascanueces está históricamente unido a la Navidad desde su primera presentación en Estados Unidos. Fue un 24 de diciembre de 1944 y estuvo a cargo del Ballet de San Francisco. Luego fue nuevamente representado en 1954, también en Navidad, por el Ballet de la Ciudad de Nueva York y coreografiado por el prestigioso George Balanchine. Desde entonces es tradición que se presenta anualmente cerca de Navidad. Esta tradición se ha expandido por todo el mundo y desde este año llega a Uruguay.

La coreografía. La versión que se presenta en el Auditorio Adela Reta está a cargo de Silvia Bazilis. Esta es la primer vez que la ex primera bailarina del Colón y actual coreógrafa del Estudio Bocca realiza una coreografía para una compañía profesional.

"Los que fuimos bailarines conocemos la historia desde siempre. Pero yo sobre todas las cosas me basé en mi gusto para trabajar con los niños. Intenté que el cuento se cuente no desde la oscuridad. Hay distintas lecturas, en algunas la historia puede tener una veta oscura. A mí no me gustaba eso", cuenta Bazilis.

Su versión, basada en la de Petipa, es menos escolástica, más desestructurada y con grandes cuadros grupales. Sin embargo, aclara, "respeta lo que tiene que existir en todo ballet El Cascanueces en cualquier lugar del mundo y sobre todo respeta el cuento contado por la música de Tchaicovsky, pero con esa cosa infantil".

Con la mente puesta en los niños, el motivo de Bazilis es inspirador. "Me gustaría que vinieran muchos niños y familias, que descubran el ballet. Ese es mi sueño, que El Cascanueces mueva a un niño y que, quién sabe, después aprenda danza".

el vestuario. El camino que para Bazilis empezó hace más de un año, para Nelson Mancebo comenzó hace apenas seis meses cuando Julio Bocca lo convocó para diseñar el vestuario de la producción.

"El proyecto era bastante ambicioso, además es la primera vez desde que está Julio que se hace el vestuario entero de un ballet", dice Mancebo. "Desde que se quemó el Teatro del Sodre pocas veces se armaron cosas acá. Se hacían cosas chiquitas pero no como esta, que es una producción impresionante. Hasta ahora cuando se hacían grandes ballets se traían de afuera. Esto es como producir los ballets de antes. Fue un trabajo impresionante y está al nivel de cualquier lugar del mundo".

Para El Cascanueces se diseñaron entre 80 y 90 trajes de danza que involucraron a casi 30 personas: costureras, el equipo del taller del Sodre y un equipo de estudiantes de la UTU. Todo se confeccionó con telas nacionales e incluso se trajo a una maestra argentina que dio clases a los funcionarios del taller sobre confección de tutus.

"Es importante porque es todo trabajo nacional. Toda la gente que trabajó en el proyecto tiene un compromiso sensible por hacer esto y para que se forme en Uruguay una nueva industria que es la del ballet. Creo que en Uruguay hay posibilidades de hacer producciones que se puedan vender afuera", afirmó el diseñador.

Los muñecos. Uno de los grandes desafíos y sorpresas de esta representación es que se incorporan en el ballet los muñecos gigantes de Martín Romanelli: un árbol de Navidad que crece cuatro metros, una mamushka gigante de la cual salen bailarines, un dragón y un toro y una breve representación de teatro negro. Todo sumado a la música de Tchaikovsky y la danza del cuerpo de baile.

"Como no fuimos a una escuela cada vez que hacemos algo es como un examen. ¡Este es una especie de master!", cuenta Romanelli. "Tengo toda la presión de estar a la altura de una compañía como el Ballet del Sodre para que se sigan abriendo puertas. Está buenísimo que Montevideo tenga una compañía que sume prestigio y que se atreva, porque podría quedarse con una versión normal y estaría bien también y la gente iría y se agotarían las entradas de todos modos. Sin embargo, apuestan a ofrecer versiones nuevas, a experimentar".

Espuma de polietileno, espumaplast, chapa de madera y esferas de acrílico, son los materiales que permiten plasmar en la realidad la imaginación de Romanelli. "Nos permite tallar y es muy liviano", explica el titiritero, que en esta oportunidad abandona el teatro negro y por primera vez aparece en escena. "Está bueno que prendan la luz y nos vean. Ver a la persona que maneja los muñecos tiene algo particular. Las posturas que adquiere el cuerpo para mover el muñeco hacen que parezca que uno está bailando. Hay una cosa como de coreografía que está buena", adelanta.

La luz apagada o prendida, en su opinión, a pesar de los años la esencia de los títeres se mantiene y es quizás igual a la del ballet. "El espíritu es el mismo: llagar a un pueblo, tomarlo y dejarlo soñando".

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