En busca de un efecto dominó solidario

Cuentan las leyendas familiares que de chiquilín Osvaldo no entendía para qué existían las fronteras e incluso proponía borrarlas con una gran goma. Gracias a su popularidad como actor desde 2006 es uno de los nueve Embajadores de Buena Voluntad del Alto Comisionado de las naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), junto a otra figuras del espectáculo mundial entre las que se destacan la actriz estadounidense Angelina Jolie; el diseñador italiano Giorgio Armani, entre otros.

En 2009 se convirtió en el primero de todos ellos en visitar la República Democrática del Congo. "Cuando llegué me dijeron que nadie quería ir por el grado de inseguridad y a la vez que era un privilegiado, fui macerando esas palabras y hoy las incorporé en mi caminar en ACNUR, que verdaderamente es un privilegio", señala. En 2010 estuvo en Ecuador con los refugiados colombianos en ese país, de cada travesía se desprende un documental y desea que sean transmitidos en Uruguay.

Sin embargo, Laport no sólo realiza su actividad solidaria en lugares lejanos. En Uruguay se lo pudo ver hace poco como el Payaso Pototín en la colecta anual de la Fundación Peluffo Giguens y en su entorno inmediato colabora con los comedores y campañas del barrio Las Tunas, a pocas cuadras de su casa.

-¿Qué fue lo que aprendiste en estos viajes?

-La experiencia en el Congo marcó y abrió una puerta en mi vida, descubrí cuáles son las diferentes realidades de los hombres en el planeta. Son viajes en donde la impotencia es muy grande porque yo no tenía soluciones en mi bolsillo, es un trabajo a cuentagotas y mi misión es visibilizar la situación de ellos en el mundo para que otros aporten recursos y se ocupen de sus necesidades. En mi primer viaje estuve en la ciudad de Goma en un hospital especializado en mujeres violadas, fue muy duro. En estos campos, ACNUR les brinda utensilios, carpas, alimentación y la protección que les permite vivir con cierta seguridad durante años. También aprendí que la solidaridad anónima no sirve, el "que no se sepa que dono, que colaboro" es hipócrita. Se tiene que saber y difundir porque eso, como en otras cosas de la vida, genera un efecto dominó y hace que otros se involucren. Sin embargo, algunos me han hecho duras críticas al respecto.

-¿Qué tipo de críticas?

-Como, ¿para qué te vas a payasear al Congo cuando acá también hay gente con problemas? Pero mi compromiso es fuerte porque tengo que visibilizar una realidad donde la pobreza y el hambre es la menor de sus preocupaciones, esta gente escapa para salvar sus vidas, son perseguidos, víctimas de nosotros mismos como hombres.

-Vas por un tercer viaje…

-Sí, lo estoy preparando y va a tener que ver con los apatridas, las personas desplazadas a los que no se les reconoce nacionalidad y por lo tanto no tienen identidad. ACNUR estima que hay 12 millones de personas en esa situación, es un problema grave y el pasado 30 de agosto se celebró el 50° aniversario de la Convención para Reducir los Casos de Apatridia. Uno de esos casos se da con los hijos de haitianos que nacen en República Dominicana. Además, estoy escribiendo un libro sobre mis vivencias en esos viajes que voy a titular con una frase que me dijo una colombiana en medio de su dolor: "Señor, ¿quién no le huye a la muerte?"

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