El genial Tranvía de Jones

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DANIEL LUCAS

Columnista invitado

Gracias al centenario del nacimiento del maravilloso Tennessee Williams y a sus merecidos homenajes por el mundo, es que los uruguayos tenemos la posibilidad de reencontrarnos con una de sus obras más importantes. Y digo reencontrarnos, porque no es la primera vez que Un Tranvía llamado Deseo se presenta en Montevideo. Pero son vagos recuerdos de un par de versiones desabridas. En cambio, esta versión, el Tranvía del genial Roberto Jones, hará historia. No sólo por la fidelidad y honestidad artística con que Jones aborda la complejidad de este gran drama psicológico, sino también por su magistral dirección de actores.La performance actoral del cuarteto protagónico es excelente. Así lo entendió también el público, que a sala llena, aplaudió de pie.

Victoria Rodríguez compone una memorable Blanche DuBois. Se trata de uno de los personajes más complejos y difíciles de representar y uno de los más codiciados por las grandes actrices del mundo. Su brevísima experiencia en teatro y su falta de escuela, puede resultar inquietante, al menos, dentro del mundo académico. Pero su performance fue exacta. Entrega una Blanche con todos los matices de una psiquis desequilibrada. Avasallante, neurótica, seductora, delicada, perturbada, profundamente sensible, atrapada entre el ser y el deber ser… En el camino hacia su destino final, el delirio, esta Blanche nos va tocando el alma desde lugares bien diferentes. Su actuación es de una entrega absoluta, con momentos definitivamente sublimes. Y su ángel sobre el escenario, no es menor. A la natural elegancia y belleza de Victoria, se sumó el exquisito vestuario de Nelson Mancebo.

Álvaro Armand Ugón es Stanley Kowalsky. Un actor excepcional. Un Stanley totalmente convincente. En su afán por desenmascarar a Blanche y recuperar el poder en su micro mundo, despliega toda su vulgaridad con implacable rudeza. También para este actor, el desafío suponía riesgo: ¿quién puede olvidar a Marlon Brando interpretando en cine a un Stanley que le valiera fama mundial? Pues logró, exitosamente, despegarse del mito.

Otro gran hallazgo de este espectáculo, es el personaje que compone Alejandro Martínez. Primario, simple, ingenuo y sensible. Sencillamente, un Mitch adorable. No menos fantástica es la performance de Natalia Ciarelli en su papel de Stella DuBois, la hermana de Blanche. Firme y tierna a la vez, bondadosa y compasiva. Todo el amor por su hermana, su tristeza al asistir a su proceso de locura, la atracción por su marido y su gradual proceso interior; todo está sobre el escenario, encarnado en esta gran actriz.

El resto del elenco lo componen Natalia Bermúdez, Federico Longo, Agustín Jones, Walter Berruti y Mecha Gattás. Todos personajes muy bien logrados, ya sea al servicio del nudo del conflicto dramático, o a la identidad, por momentos mágica u onírica, de la puesta de Jones. En este sentido, también quiero destacar la presencia de Graciela Gularte. Su canto a capela nos anima, desde el principio, a subirnos a bordo de este Tranvía por Nueva Orleans.

No encuentro destacable, sin embargo, ni la escenografía -a excepción del muy acertado alambrado que encierra al escenario cual mente prisionera de Blanche-, ni la música, ni las luces… Todo lo cual me confirma, que la fuerza conmovedora de este espectáculo, es puramente el resultado de un texto maravilloso, interpretado por un elenco excelente, bajo la dirección de un genio.

¡Viva el Teatro Nacional!

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