Diario de periodista

Conductora de Telenoche Segunda, escribió un diario de su cobertura en Haití tras el terremoto.

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CAROLINA DOMÍNGUEZ

Hay momentos clave para ciertas vocaciones. Carolina Domínguez, 24 años, periodista de Telenoche desde hace dos años, encontró una de esas circunstancias muy pronto: a comienzos de 2010 fue la enviada de Canal 4 a Haití tras un furibundo terremoto que azotó al país más empobrecido de América Latina. Un año después, Domínguez escribió un diario de aquella experiencia y lo presentó a modo de tesis de grado, cuyo título es "Haití".

En medio, hubo tiempo para crecer en Telenoche. Se transformó en setiembre pasado en la conductora de Telenoche Segunda edición junto a Roberto Hernández. "No me esperaba para nada una oportunidad así. Acepté encantada el desafío y lo disfruto todas las noches", adelanta la morocha a Sábado Show.

"La de rulitos" o "bocacha", como le dicen a Domínguez, comenzó su trabajo en los medios en Radio El Espectador. Luego tuvo una primera etapa como pasante en Canal 4 y, desde hace dos años, ingresó como periodista efectiva del noticiero de Canal 4.

El 18 de enero de 2010 no es una fecha cualquiera. Ese día Domínguez arribaba a la capital haitiana (Puerto Príncipe) para una cobertura de 10 días entre un panorama desgarrador. "Lo que te queda grabada es la mirada de la gente", asegura.

Hoy que de nuevo las pantallas del mundo centran su atención en la furia de la naturaleza tras el terremoto en Japón, Domínguez recuerda aquella experiencia de 10 días en el centro de la tragedia.

De Haití, de noticias y de la experiencia en Segunda edición, Carolina Domínguez habló de todo con Sábado Show.

-¿Cómo surgió la idea de escribir sobre Haití?

-Hasta hace ocho meses yo me había planteado una tesis con otro tema. Pero por más que le daba vueltas no le encontraba la forma. Mi tutor (el docente Antonio Mercader) me preguntó entonces por qué no me dedicaba a un tema que me involucre más. La respuesta, en mí, fue inmediata: la experiencia en Haití.

-¿Y cómo resultó el trabajo?

-Hice una especie de diario personal de cómo viví esos 10 días allá. También sumé entrevistas y otras visiones sobre la tragedia o con personas que habían estado vinculadas a la cobertura, como mi camarógrafo. También entrevisté a Lucía (Brocal) que vivió la cobertura desde acá.

-¿Cómo fue escribirlo?

-Empecé reviendo las fotos y de verdad que muchas veces no podía creer todo lo que viví. Hasta hoy me sucede, es muy fuerte. Después volví a mirar el programa especial que hicimos con Fernando Vilar. Fue volver atrás en un montón de sentimientos y cosas que pasaron en esos 10 días. Pasé por un primer momento como muy sentimental, muy removedor y lo tomé como un trabajo académico que era necesario terminar y ya está. Ya lo entregué.

-¿Qué fue lo más removedor?

-Me queda muy grabado el rostro de los niños, la mirada en general de la gente, es una mirada profunda que de algún modo te interpela por más que no digan nada. Solo te quedan mirando cuando uno pasa. Es fuerte la contradicción: nosotros estábamos trabajando en una cobertura, con las condiciones normales, digamos: comida, agua, techo, con equipos de televisión carísimos y ellos viviendo esa realidad tan desgraciada. Es una enorme crueldad que nos pasa como por la ventana, o por el televisor y estaría bien asomarse un poco, entenderla.

-¿Te quedaron contactos allá?

-Sí, me hice muy amiga de un niño, que se llama James, y de quien sigo teniendo noticias. Cumplió cinco años hace unos días, empezó la escuela. Sé de él por su padre, que trabaja para la ONU y tiene Facebook y chateamos, veo fotos. A James también le están dando contención psicológica que es lo que más necesitaba. Ellos no perdieron familiares, pero perdieron todo y viven todavía en carpas. La realidad sigue siendo igual para miles de haitianos por más que ya se fueron las cámaras.

-Desde hace unos meses eres la conductora de Telenoche Segunda edición, ¿lo esperabas?

-Para nada. Me lo propusieron y fue un nuevo desafío... me tranquilizaba que fuera con Roberto (Hernández) como compañero. Roberto, Lucía y yo somos, además de compañeros, muy amigos. Empezamos en setiembre y aquí estamos. Cada día es diferente.

-¿Qué impronta buscan darle?

-Tenemos mucha libertad a la hora de plantear ideas y nuevas propuestas. En un principio, dijimos que estaría bueno, en el último bloque, hacer una especie de resumen bizarro, con noticias de color o más "locas". Lo hicimos porque tratamos de poner algo divertido siempre dentro de lo noticioso pero a esa hora, que la gente está a punto de irse a dormir, nos pareció que estaba bueno dar algo como para relajarnos, y terminar la jornada con una sonrisa. No todo en la vida es una mala noticia, entonces estaba bueno dejar con algo de alegría, buena onda a la gente.

-Más allá de este rol como conductora, ¿sigues siendo periodista?

-Sí, la conducción fue una oportunidad que llegó y que está buenísima. Es otra manera de hacer periodismo llegar a la gente y me parece super interesante. Pero no me gustaría dejar el periodismo de calle que es lo que te da la posibilidad de preguntar, de estar en los hechos, de indagar. Eso es lo que más me moviliza.

Fotos: Inés Guimaraens. Vestuario: Panthai (26 de Marzo 1029). Maquillaje: Valentina Bueno.

El diario de Domínguez

(Fragmentos del diario de Carolina Domínguez de su cobertura en Haití)

(18 de enero, la llegada). El personal del Ejército se hizo presente en el puerto y nos llevó hasta Casa Uruguay, la base militar uruguaya en Puerto Príncipe, que sería nuestro hogar durante los días de trabajo. El trayecto fue duro. El olor de los muertos que uno siempre relaciona con la imagen terrible de cuerpos hinchados era fuerte e intenso. Llegaba de las entrañas de los edificios desmoronados que recordaban minuto a minuto lo que guardaban dentro. Atosigada por el hedor repugnante que mareaba hasta a los pájaros del cielo pensé en las imágenes que debería soportar de ahí en más.

La ventana de la camioneta parecía la pantalla de un televisor que mostraba una película de ficción: haitianos que caminaban sin destino, que hacían gestos indicando que estaban muriendo de hambre, niños que jugaban en medio de los escombros y una ciudad entera que se había dado vuelta. Del otro lado del vidrio, nosotros: limpios, comidos y con equipos de televisión costosísimos. Dos realidades que chocaban fuertemente.

¿Dónde estaban los cuerpos? «En las fosas comunes», me dijeron. El mundo entero hablaba de que miles y miles de cadáveres apilados en las calles aguardaban sepultura. Sin embargo, yo no vi nada de eso. Ya habían transcurrido más de cinco días desde el terremoto, y la medida de retirar los cuerpos de las calles había sido una de las primeras acciones. Entre las montañas de escombros escuchaba lamentos. Me desgarraba ver a mujeres de 30 o 40 años levantando escombros desesperadamente, llorando, en medio de una gran polvareda en busca de su esposo o padre de sus hijos. Y ellos, los más pequeños, paraditos al costado, solos, lagrimeando, sin entender mucho lo que estaba sucediendo.

(19 de enero). Cánticos y rezos, eso fue lo que escuché antes de abrir los ojos. En plena penumbra de la madrugada me levanté. Me di cuenta de que el camarógrafo no estaba en la cucheta. Salí de la carpa. Lo busqué. Los cantos eran cada vez más intensos. Me asusté. No estaba por ningún lado. Miré el reloj, faltaban 10 minutos para las cinco de la madrugada.

Me intrigaba saber qué era ese fuerte sonido que combinaba alegría y alabanza. Llegué hasta el muro que separaba Casa Uruguay de los vecinos. Para mi sorpresa descubrí del otro lado un grupo de haitianos alzando sus brazos en plegarias a Dios para que los ayudara en esos momentos de desgracia. Bailaban, cantaban y rezaban fervorosamente alentando su propia fe y dando consuelo a los damnificados. Un extraño escalofrío me recorrió el cuerpo. No podía creer que se expresaran con tal intensidad. El ritual era realmente admirable.

(20 de enero). El Caribbean Market era el supermercado más grande de la capital haitiana. Se derrumbó por completo la tarde del 12 de enero de 2010. Era escalofriante imaginar la cantidad de personas que se encontraban allí en el momento del terremoto. Pensábamos hacer tomas y notas y seguir el camino, pero nos topamos con una de las historias más impactantes de toda la cobertura.

-¡Mi hijo está atrapado dentro del centro comercial! ¡Me envió mensajes de texto diciendo que está vivo pero que necesita ayuda urgente porque se está quedando sin aire! -gritó una señora.

Era de no creer, parecía irreal, pero era cierto. Los rescatistas trabajaban en la búsqueda de este joven, al tiempo que intentaban contener a la señora, que tendría unos 50 años y repetía una y otra vez que su hijo estaba con vida bajo los escombros.

Por un segundo me detuve a mirar a la mujer. Su rostro estaba desencajado, totalmente cubierto de mugre y sudor, los labios partidos por el sol y los pies ensangrentados. En su desesperación, según me contaron testigos, había corrido en busca de su hijo entre los cimientos que no habían resistido al terremoto.

El jefe del operativo de búsqueda del Caribbean Market, un rescatista dominicano, me dijo que habían evaluado la estructura, y que los perros de búsqueda continuaban trabajando, pero que no hallaban ninguna pista. Nos fuimos de Haití sin conocer el final. Días después, ya en Montevideo, navegué en Internet y me encontré con la noticia de que el joven había sido rescatado con vida. Realmente una historia milagrosa e increíble.

Radiografía En pocas palabras

-¿Cómo te definirías como periodista?

-Soy algo así como una "periodista en construcción permanente". Encasillarme dentro de un estilo sería demasiado apresurado para esta etapa de mi vida. Prefiero decir que soy una persona que le gusta aprender, una persona inquieta, a la cual le gusta incorporar conocimientos todo el tiempo.

-¿A quién admirás?

-A mis viejos.

-¿Un programa de TV de cabecera?

-Estoy mirando muy poca tele últimamente, pero Lost siempre fue y será mi serie de cabecera.

-¿Y de radio?

-Me divierto mucho con Segunda Pelota.

-¿Una película favorita?

-Ray. Una gran película que trata sobre la vida de Ray Charles, cantante y pianista de soul y jazz, que quedó ciego cuando era un niño. La recomiendo.

-¿Un libro?

-Al sur de la frontera, al oeste del sol, de Haruki Murakami.

-¿Te han angustiado noticias que te toca dar? ¿De qué modo? ¿Cuáles?

-Uno trata de no involucrarse, pero muchas veces es inevitable. Recuerdo la historia de una joven mujer con cáncer que tenía dos hijos hermosos y pedía la ayuda de todos porque no tenía dinero ni para tomarse el ómnibus para realizarse los exámenes y el tratamiento. Ese tipo de notas te descolocan.

-Si no fueras periodista, ¿qué te gustaría ser?

-Mmm... creo que nunca me lo cuestioné.

-¿En qué empleas el tiempo libre?

-Hasta ahora se lo dedicaba a la tesis, a mis amigos y mi familia, ahora voy a sumar algo de deporte, cine, teatro y quizás algún curso.

-¿Tienes amigos en el periodismo?

-Sí, algunos.

-¿Qué tan importante es la imagen para ti?

-Lo necesario para trabajar en televisión ni más, ni menos. Si por mí fuera estaría de jean, remera y championes todo el día.

-¿Cuál es tu asignatura pendiente?

-Aprender a bailar flamenco, tirarme por segunda vez por paracaídas y volver a hacer radio.

-¿Sos romántica?

-Sí, soy un poco "Susanita", pero tampoco para que me lleven flores y una serenata el día de San Valentín.

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