Contador de historias

La redota no se termina en el cine. Pablo Vierci, guionista de la película, publicó la novela que lleva el mismo nombre.

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Hace tres años y cuatro meses que Pablo Vierci volvió a unificar sus dos rostros: el de novelista y el de guionista. La redota, la película, lo tiene en el guión, el que se fue armando a la distancia con el director César Charlone. Amigo de la infancia, llegar a ideas comunes sólo necesitó de madrugadas, conexiones a skype y mucho pienso y salud. Vierci lo cuenta: "tuve el gusto de trabajar en San Pablo durante cuatro días muy intensos, con César, el montajista Daniel Rezende y Sergio de León (asistente de dirección). Tan conmovedores que volví a Montevideo con 40 grados de fiebre."

En el año 2000 Vierci escribió el guión de El viñedo, policial dirigido por Esteban Schroeder, con quien volvió a trabajar en el 2007 cuando realizó la adaptación cinematográfica de su novela 99% asesinado, en su versión fílmica Matar a todos.

Pocos años atrás aprovechó las instancias de rodaje que el director Gonzalo Arijón grabó para el excelente documental Vengo de un avión que cayó en las montañas, y escribió la novela La sociedad de la nieve, razón por la cual la cinta se estrenó localmente con este nombre.

Según dice, en el caso de La redota, la decisión de escribir una novela en simultáneo con el guión se tomó desde el inicio. Aquí explica porqué esta necesidad.

"El tema era tan complejo, los desafíos eran tantos, y a la vez era tan apasionante, que yo tenía necesidad de sumergirme en aguas profundas. Pienso que el guión y la novela son géneros muy distintos pero muy complementarios. Para entender lo que va a suceder en un guión yo debo saber todo o casi todo de cada uno de los personajes, aunque eso permanezca en mi fuero íntimo y jamás aparezca en la pantalla. Y esa cercanía, ese bucear en las profundidades, lo logro con la novela. En la novela no sólo se reconstruye una historia, sino un universo completo. Cuando uno escribe una novela, vive con ella mucho tiempo, vibra con ella, sueña con ella, se desvela con ella. Con el guión sucede algo equivalente pero a la vez se requiere ser más práctico, hay exigencias y limitaciones de producción, entre otras. Con la novela uno es infinitamente libre, uno construye la vida que quiere, no la que puede. Y además sentía, en este caso de Artigas - La Redota, que la novela me permitiría abordar todos los aspectos que un guión y una película no consiguen ni deben hacer. Me permite dar permanencia al pasado y convertir a la historia en una apasionante aventura de la vida, convertir a la historia en un deslumbrante descubrimiento. Me permitía, además, dar el contexto histórico, en un relato que es novelesco, pero que al mismo tiempo es muy riguroso con los hechos probados. Si el guión tuvo asesoramiento de historiadores de primer nivel, lo mismo ocurrió con la novela. Por eso sentí, siempre, que el guión y la novela serían complementarios y sinérgicos. Y digo más, sentí que la novela era imprescindible para dar ese contexto, para que las imágenes, los personajes y episodios que muchas veces flotan, sueltos, en la memoria, se hilvanen en una urdimbre cambiante, donde todos nos sentimos involucrados. Y tras estos primeros días de la película, estamos comprobando que la gente sale del cine queriendo saber más: para eso escribí la novela, siempre en la clave de un `contador de historias`, no de un historiador. Además, era clave tener la oportunidad de nutrir al guión con la cantera de ideas, personajes y situaciones que se crean para una novela, y a su vez tener la oportunidad de nutrir la novela con el trabajo conjunto que hicimos con César en el guión, porque trabajar con César es una creación permanente."

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