La jornada empieza mucho antes de que la cámara lo enfoque desde la Intendencia o el Palacio Legislativo. Empieza a las siete de la mañana, cuando marca tarjeta e ingresa a una de las centrales de Antel. Luego sigue a partir de las tres de la tarde en el Centro Montecarlo de Noticias y termina a las nueve de la noche, tras catorce horas de trabajo y mucha comunicación. En un paréntesis de su ajetreada agenda Marcelo Irachet habló con Sábado Show.
-¿Cómo empezaste en Antel?
-Fui empleado público antes que periodista. Entré con casi 18 años. Tengo 33 años ahí. Empecé trabajando en la calle, mientras terminaba el liceo, haciendo pozos, podando árboles, metiéndome en el barro. Nunca en mi vida había agarrado una pala ni un hacha. Fueron dos o tres meses. Luego ingresé a una central. Entraba a las siete de la mañana y salía a las tres, como ahora, después tenía el liceo en horario intermedio de cuatro a ocho y después me iba a estudiar periodismo en la UTU. Soy egresado de la primera generación del curso de comunicación social. Fue el primer curso oficial de periodismo que hubo en el país. Tuve de compañero a Gerardo Sotelo, al flaco Raúl Castro, de Falta y Resto, por citarte ejemplos. Desde esos años yo ya hacía doble horario. Estoy acostumbrado. Luego de que me recibí en la UTU, conseguí trabajo en esto y después de que empecé a trabajar en radio a los 29, siempre tuve doble empleo. Estoy acostumbrado a la jornada completa aunque te confieso que estoy cansado. Pero a esta altura es imposible dejar Antel, es una vida ahí. Tengo 51 años, si no lo dejé antes, no creo que vaya a hacer muchos experimentos. Por suerte con los años y la experiencia tengo algunos temas resueltos. Ya no trabajo los fines de semana, durante mucho tiempo lo hice.
-¿Siempre quisiste ser periodista?
-Siempre me gustó la radio. Si me metí en esto es porque venía en mi. Ese siempre no sé cuándo arranca, si es a los 15 o 16 años. Lo que recuerdo del tema de las comunicaciones es que yo era muy de escuchar radio y pensaba "mirá la plata que deben ganar estos tipos y toman café y dicen pavadas." Eso fue madurando. Cuando se abrió el curso en la UTU, con muchas imperfecciones pero era el primero, se presentaron entre 500 o 600 personas y hubo dos preselecciones. Eran dos pruebitas, una muy básica de escritura y una con un tono más sicológico. Quedamos 50, así que algo tenía.
-¿Y en Antel qué hacés?
-En realidad soy un funcionario técnico, trabajo con mameluco y pinza cortante. Mi trabajo consiste en hacer las conexiones internas en la central para habilitar una línea telefónica o para servicios ADSL. Ahí hacemos el servicio central para que tu servicio funcione. Es cablear dentro de la central de puerto a puerto. Es un trabajo bien técnico.
-¿Qué ventajas tuvo o tiene trabajar en los dos lados?
-Creo que el hecho de trabajar en dos lados me dio posibilidades de desarrollo en uno. Uno es de la vieja época y cómo vas a dejar un empleo público y esa estabilidad. El hecho de estar en dos lados me sirvió para mantener la familia y para sentirme en una situación sobrellevable, no me puedo quejar. Aparte, ¿viste cuando en un laburo te sentís una persona querida, cuando se te consulta? Eso no es gran cosa, pero es mucho. Y en Montecarlo el hecho de mantenerme tanto tiempo quiere decir que algo bueno tengo que tener.
-¿Cómo llegaste a la pantalla?
-Yo trabajé en radio Panamericana siete años. Lloré cuando me fui como un loco. Pero me dije: "Tengo 28 años y no estoy dejando al BBC, algo bueno tiene que aparecer". Ahí ya me había picado un bichito de la pantalla. No sé porqué. Siempre me fascinó la radio porque te da ductilidad, habilidad para saber desenvolverte, pero en determinado momento fui a Canal 5 y pedí laburo, eso de que me vinieran a buscar nunca me pasó. A los seis meses me llamaron. Ahí laburé con Vilar y con otra gente como Castillos y Bianchi. De Canal 4 tampoco me fueron a buscar. También pedí laburo, por lo mismo por lo que no dejo Antel, yo trabajaba para una empresa que contrataba el espacio de Canal 5 y, criado a la vieja usanza, quería seguridad. Pedí laburo y pasó un año y pico sin que me llamaran. Arranqué acá en el 91.
-Con Fernando Vilar tienen una relación un tanto particular...
-Nosotros nos conocemos de antes. Muchas veces él y yo lo hemos conversado. Yo aparezco como la oveja negra y él como el malvado. Pero eso no se buscó, salió naturalmente. Nos llevamos muy bien, nos apreciamos mucho, eso surgió porque él tiene su personalidad y yo tengo la mía. No hay nada malo. Yo lo respeto, él me respeta, pero él es calentón y yo tengo mi caracter. Y en la pantalla aparecen como unos choques impresionantes. En algún momento dijimos ¿che, qué hacemos hoy? Pero hay que ser cuidadoso, porque no tengo pinta ni quiero ser payaso. Es un límite muy difuso el de hacer que el otro sonría sin que piense que sos ridículo.
-¿Cómo te tratan las cámaras después de tantos años?
-Me sigue gestando la misma locura, me pongo como una gallineta loca tres minutos antes de salir al aire. ¡En la previa pego cada grito! El que me conoce sabe como es eso: dejame gritar tranquilo y cuando termina vuelvo a ser el mismo de antes. También me sigue generando una responsabilidad muy grande: los años te dan soltura, no solo para contar, sino para, según el tema meter alguna tontería, para no hacerlo tan rígido. El informativo te da permanencia en la pantalla y eso hay que saber llevarlo. Para mi, que soy introvertido, es algo que no termino de superar. Igual esto me gusta pese a todo, me siento mucho más cómodo en un móvil que presentando la noticia o editando.
- ¿Como ha cambiado tu opinión de la profesión?
-Yo sigo queriendo esto como el primer día, me encanta. Igual pese a todo no se tienen los recursos humanos y técnicos, comparándonos con otro mundo. Creo que ha habido una evolución. Creo que lo que se aprende en el aula es muy importante, igual, pese a todo, donde más he aprendido es en la cancha. De todas maneras, si bien ha habido crecimiento y que se han abierto más canales y posibilidades laborales, creo que se ha flaqueado en cuanto a que se permiten demasiados exabruptos, una cosa es la libertad de expresión y otra el libertinaje y cualquiera opina lo que quiere y está bien, pero hasta determinado punto. También hay que recalcar que hay un gran respeto por la ética en los comunicadores uruguayos, hay más consolidación de lo ético, es un periodismo más respetuoso que en países vecinos. Estamos mejor que en otros lados, estaría bueno no descuidarse y regar el jardín.