Por: Luis Ventura
Las formas, las tonalidades y todos los matices de una personalidad fuerte como la de Carmen Barbieri la han convertido en una especie de pantalla viviente y gigante por la que desfilaron su vida y su carrera. Algo así como un circo que viaja por los pueblos regionales, ella pasea sus éxitos y sus fracasos, también sus felicidades y sus miserias por todos los medios. Ni siquiera hace falta que aparezca, lo diga o lo calle, simplemente surgen temas en los medios en los que la ponen como protagonista de todos los conventillos. De una o de otra manera, Barbieri siempre está. Y eso ocurre casi diariamente, mientras uno piensa cuál será la tragedia o la comedia de la semana que viene, porque la actual, la de ahora ya la conocemos porque son los titulares de gran tipografía de este momento.
Indefectiblemente, siempre es así. Hace tiempo que Carmen dejó de sonreír porque prefiere el drama y el escándalo. Aunque sus cualidades artísticas la pongan a niveles de "Vedettísima", sus necesidades de figuración, de espacio y de presencia en los medios termina siendo sólo "Bravísima".
Es porque esta irremediable "Barbierísima" un día defenestra a Sofovich, al otro le inicia un juicio a Moria, condena a Fort para luego amigarse con el mismo Ricardo hasta llegar a este lamentable y "Tristísimo" final con quien es el padre de su hijo menor, el hombre que la acompañó en los últimos 30 años, el que la contuvo, la aconsejó y la dirigió con esmero de artesano: Santiago Bal.
Toda una vida terminada de un momento para otro en un chasquido de dedos. Y ellos ni lo cuentan, mucho menos lo aclaran, porque para eso tienen el cortejo de "barbieritos" que con todos sus instrumentos salen a ejecutar la sinfonía del sin pudor. Entonces volvemos a asistir a historias, fábulas y puestas en escenas en las que aparecen travestis de confianza, bailarinas que rinden más como amantes que en las coreografías, figuritas que se pelean por el vuelto, humoristas que agreden en lugar de reír y gente, pero mucha gente, que no tiene empacho en quebrar códigos y reglas que presenta el medio. Pero eso sí, todo al compás y con la batuta de Carmen, esa mujer que se viste de "showman" y que sigue mutando para que cada vez haya menos show y mucha más guerras.
Hoy, Carmen está en su casa de los últimos años, digiriendo cómo debe seguir su historia con Santiago que decidió mudarse al country de Ingeniero Maschwitz, donde se siente más tranquilo y menos desbordado que con su mujer. Ella cree haberle descubierto cosas a esta altura de su pareja a Santiago y todo el circo que pasea la murga "barbierista" lo condena. Dicen que Bal no estará junto a Barbieri en el próximo verano y a nadie le importa si seguirán juntos en la vida. ¿El show debe continuar? Es una pregunta que en realidad debería responder la gran generadora de esta gran rueda que no para de girar. Chau, hasta el próximo Sábado... Show.