El film de Roland Emmerich defiende la tesis de que William Shakespeare no fue el autor de las obras teatrales y sonetos que conocemos, sino Edward De Vere, conde de Oxford. Su condición noble le impedía estar detrás de manifestaciones tan populares, por lo que buscó alguien que las presentara como suyas. Un Shakespeare de actitudes bastante cuestionables se adueña de una propuesta que en realidad iba para otro autor teatral. La historia se desarrolla en tres tiempos: el presente contemporáneo en el que arranca, con un actor (Derek Jacobi) presentando la "verdadera historia" en un teatro, y luego el conde en su juventud y vejez (Jamie Campbell Bower y Rhys Ifans), vinculándose con la reina Isabel (Joely Richardson y Vanessa Redgrave). Talentosos actores -muchos de ellos shakespireanos- llevan adelante un relato en el que no falta nada: intrigas palaciegas, romances ocultos, hijos bastardos por doquier, luchas políticas. Todo ello bien enhebrado como para que parezca creíble una historia que se ha probado contiene muchas inexactitudes, aunque haya quienes aún la defienden. Sabiendo entonces que lo que se ve no es real, el espectador puede entregarse con tranquilidad a un film que tiene todo para pasar más de dos horas sin arrepentimientos.