A puntapiés

| El músico dará un recital hoy en el teatro Solís,presenta su primer DVD y prepara disco para el próximo año.

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Por: Mariángel Solomita

-Muchas de sus canciones lograron una relación muy fuerte con la memoria ¿Siente que han cambiado? ¿Le preocupa que el mensaje siga siendo el primero a pesar del tiempo?

-Aunque no soy particularmente prolífico, a través de mis 54 años de camino he escrito decenas y decenas de canciones y las primeras me parece que son bastante diferentes a las últimas. Además, las canciones después de hechas van cambiando, como cambia uno. La interpretación cambia, la percepción del público cambia, el contexto se mueve, y la canción vive esas influencias, no es de hierro. Es más bien una esponja. En cuanto al mensaje, si manejamos ese concepto, también es variable dentro de las coordenadas en que uno se maneja. Parafraseando a Heráclito, nadie se baña dos veces en una misma canción ni en un mismo mensaje.

-¿Se pregunta actualmente a quién se dirige?

-Nunca pienso concretamente en a quién me dirijo. Soy un ser social, subrayando la palabra, y tengo conciencia de pertenecer a una comunidad, pero no calculo a quien dirijo una canción. Creo que hay un proceso sensible en que la comunidad más próxima, la audiencia más cercana, por círculos concéntricos, es mi gente uruguaya, nuestra gente latinoamericana. Del mismo modo el diálogo con el público, ese diálogo no audible, fluye, es una comunicación no planificada por mí. Ahora vengo de Turquía, de cantar en Estambul, y es sorprendente cómo, con breves traducciones previas, la comunicación se produce. Hay además preocupaciones e historias con puntos comunes, como el tema de la impunidad.

-En una entrevista que le realizó a Atahualpa Yupanqui, él le dijo que la música le curó el mal de la nostalgia. En su caso, ¿qué le debe a la música?

-Ya que menciona a Yupanqui, quiero decirle que con Atahualpa aprendí mucho: de niño, oyendo sus canciones, sus narraciones previas a las interpretaciones. Y después en la amistad que cultivé con él en mis años de exilio, relación que fue creciendo en la medida en que él abrió su espíritu y abrió la tranquera, como hace un paisano cuando da su confianza al otro. En cuanto a mi deuda con la música,…no sé, para mí la música es como el aire…no sé, respiro. La música fue inseparable de la vida para mí, por mi madre, la pianista Lyda Indart, por mi padre, el guitarrista Cédar Viglietti, por mi tío, el pianista-violinista-arreglador-, José Indart. Crecí en la música, maduré en la música y sus alrededores, es mi oxígeno. Pero cuando compuse mis propias cosas necesité poner palabras, y por eso me nacieron las canciones como caminos. La música que piensa, podría decirse.

-Fue uno de los fundadores de un sello que se preocupa por defender el espacio de los nuevos músicos, ¿está atento a las nuevas generaciones?

-Sí, con Coriún Aharonián y otros compañeros iniciamos la experiencia de Ediciones Tacuabé, que se volvió Ayuí-Tacuabé y que acaba de cumplir 40 años en buena salud, con Mauricio Ubal al timón y con un equipo muy tenaz. Cuánto quisiera yo tener más tiempo para oír música. Al hacer mis programas de radio aprovecho para oír algunas cosas que me acercan -el único sello que me proporciona lo que publica es justamente Ayuí-, y otras que recojo en mis viajes y en mis encuentros aquí y allá. Pero mi bandeja de entrada, digamos, tiene siempre un atraso fenomenal, como mi bandeja de lecturas. Me habían contado que cuando fuera un veterano, tendría mucho más tiempo. Una mentira piadosa. Pero, bueno, en lo que logro oír hay música joven que me interesa más y otra menos, hay muchos músicos en circulación. Entiendo que hay un cambio generacional con sensibilidad propia y deseo a los jóvenes puedan salir adelante con su autenticidad, eso que hay que mantener siempre vivo. Viva la música joven que haga vivir ideas jóvenes, de cambio, de un horizonte que revolucione, viva el riesgo de crear sin ancla ni salvavidas. Me lo digo a mí mismo, que conste.

-Hace muchos años le comentó a Mario Benedetti (Daniel Viglietti, desalambrando, 2007 Seix Barral) que comprender que "se es un símbolo, es muy bravo"¿Ha sido demasiado autocrítico?

-Yo no me acuerdo en qué contexto dije eso. Es más fácil cantar que hablar, que articular un pensamiento y encima recordarlo. Mario sabía lo que era ser un símbolo, y algo aprendí de aquel amigo poeta que extraño tanto. Cuando la gente me trasmite su cariño y su respeto, siento que soy un lente a través del cual puede verse y recordarse a gentes irrepetibles como el Bebe Sendic, el Che, Soledad Barrett, Roque Dalton, por decir algunos nombres muy emblemáticos que habitan mis canciones. Y es también una comunicación muy particular la que establezco, como ahora ensayando para el teatro Solís, con músicos de la generación posterior a la mía, esos cuatro excelentes instrumentistas que son: Andrés Bedó, Carlos da Silveira, Pablo Somma, Jorge Trasante. Ahí todos trabajamos interconectados, como en red. Una red en sol mayor…

-¿Alguna vez se planteó dejar de hacer canciones? ¿Dudó de su valor?

-Sí, claro, la duda es mi certeza, podría decir. Como hago otras cosas, radio, televisión, escribir, a veces descuido un poco al músico que de repente viene, me toca el hombro y me dice: -Che, vamos, componé más canciones, da más recitales. Cuando como ahora preparando mi primer DVD, que acaba de salir, con un recital en vivo, o planeando el CD, que saldrá el año que viene, me meto mucho en la música, y entonces ahí aparece el hacedor de Tímpano en Radio El Espectador o el hacedor de Párpado en Tevé Ciudad, y me reclaman que no me distraiga de ellos. A veces pienso que si dejara de cantar, me dedicaría a todas esas otras cosas, nunca quedaría inmóvil. Pero sigo remando con mi guitarra

-A las canciones, ¿las busca o llegan?

-Ambas cosas, un poco como ha sido con el amor. Las busco para que lleguen. Pero hay que trabajar, como se trabaja una relación. Toda cosecha hay que fundarla sembrando. Semilla, semilla, que ya habrá tiempo de ser abono, una eternidad.

-¿Cuáles dirían que son sus riesgos hoy como creador?

-No correr riesgos, ése es el peligro. En mi próximo disco, no habrán temas coincidentes con este DVD que acaba de salir. Grabaré algunas cosas que ya he cantado en los últimos tiempos y que están inéditas, y sumaré otras nuevas. Y quizá alguna de las ya tradicionales, en versión revisitada. Hay que mantener un equilibrio entre la tierra firme y el vacío, sin caer ni atascarse. Pero no dejar de arriesgarse en lo estético y en lo vital.

-¿Ha podido romper la vida, cambiarla?

-¿Cuál, la de uno, la de los demás? La mía la trabajé con amigos, con compañeros de lucha, con mis parejas, con mis familiares, con un maestro, no de música, que se llamó Jorge Galeano Muñoz. Tuve que romper murallas, cambiar conductas, rearmar sueños, aprender que el alma, o como se llame eso interior, es también un campo en el que también hay que desalambrar. Siempre están ahí mis fallas, mis vacíos, mis precipicios, que van conmigo. Pero hay que seguir cambiando la sociedad y después de algunos pasos izquierdos positivos pero insuficientes de estos últimos años, hay que seguir dando saltos hacia delante, que es un modo de no apoyarse en el otro pie y derechizarse.¿Se entiende la metáfora? Bueno, mejor me pongo a hacer otra canción nueva para el disco. Como digo en una canción murguera, "tenemos que ir cambiando este cambio nuestro".

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