Su padre tocaba la flauta y le regaló un violín para que diera sus primeros pasos en la música. Resulta que el argentino Osvaldo Pugliese descubrió el piano en el Conservatorio Odeón (Villa Crespo) y eligió ese instrumento como cabecera.
Cumplió su sueño en 1929 al crear su propia orquesta junto al violinista Elvino Vardano. La gira no resultó y un quiebre económico determinó que debieran empeñar los instrumentos para poder comprar los pasajes de regreso a Argentina.
El tanguero no se rindió, y siete años más tarde de aquella primera y mala experiencia debutó en la calle Corrientes dirigiendo un sexteto de violines, bandoneones y contrabajo.
No faltaron los reconocimientos a su figura: se lo nombró ciudadano ilustre de la ciudad de Buenos Aires, recibió la medalla Alejo Carpentier de parte del gobierno cubano, y se esculpió un monumento en su honor a pocos metros de la casa donde nació.
Negracha, Malandraca y otras 150 composiciones más lo ubican como un personaje exitoso dentro del mundo de la canción y uno de los más grandes estilistas que tuvo el tango.
Falleció a los 89 años en Buenos Aires, tras una breve enfermedad. Mañana 25 de julio se cumplen 15 años del fallecimiento de un grande. Sus restos descansan en el cementerio de la Chacarita, en un gran mausoleo que se construyó gracias al aporte de los fanáticos del tango.