Esa prosperidad económica de la que nos gusta hacer alarde es una realidad palpable. Pero también lo son algunas cosas que nos recuerdan quiénes somos y qué no hemos conseguido cambiar. La desaparición de un paciente del Clínicas que apareció muerto dos días después; la decisión gremial de no atender fuera de hora en el Brou para no llegar tarde a casa; la expulsión de una afiliada al gremio de Secundaria por estar a favor de un plan promovido por el gobierno, son noticias de un solo día y nos muestran nuestra cara más fea. Es que hay cambios de actitudes e idiosincracias que el dinero no puede comprar.