Esperando el alta

El gobierno acaba de poner más de dos millones de dólares en el Hospital Italiano que aguarda dueño desde hace ocho meses. El deterioro de su centenario edificio es otra de sus urgencias desatendidas.

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Sebastián Cabrera

Basta dar una vuelta por el edificio del Hospital Italiano Umberto Primo, inaugurado en 1890 y declarado monumento histórico nacional, para comprobar que es un lugar de contrastes. Hay zonas recicladas y tecnología moderna y, a unos metros, paredes descascaradas, humedades, vidrios rotos, revoques que se caen y áreas abandonadas. Queda muy poco del lujo de hace 120 años.

El hospital, ese enorme edificio ubicado en la esquina de Bulevar Artigas y Avenida Italia, vende servicios a particulares y mutualistas, seguros de salud e incluso a la Administración de los Servicios de Salud del Estado (Asse). Propiedad de la Asociación Civil Hospital Italiano, fue intervenido el 1° de julio del año pasado porque al tener un pasivo de 413 millones de pesos, no podía sostener su operativa e iba directo al cierre.

Para poder mantener el hospital en pie, el gobierno tuvo que invertir. De hecho, Rentas Generales se hace cargo de parte del dinero destinado a los sueldos. El 23 de febrero el presidente José Mujica autorizó una transferencia económica de 48.300.000 pesos (unos 2.400.000 dólares) para pagar los sueldos de diciembre de 2010 y de enero a junio de 2011.

Está claro que los ingresos de la institución no dan para pagar los sueldos de más de 400 funcionarios y además hacer obras imprescindibles en un edificio cuyo deterioro podría llegar a ser irreversible.

Al cierre de esta edición y luego de un proceso que se extendió más de lo previsto, el gobierno definía entre tres oferentes que quieren hacerse cargo del sanatorio: Casmu, Universal y Círculo Católico, además de una propuesta de expropiación planteada por el propio Estado a través de ASSE, que en principio tiene pocas chances de ser aceptada por el Ejecutivo.

"Que el hospital esté en un edificio que es monumento histórico hace que la propuesta sea tentadora", explica una fuente de una de las tres instituciones interesadas. En forma paralela, continúa un proceso de concurso voluntario de acreedores iniciado ante la Justicia para intentar resolver el pasivo de la institución.

talismán embargado. Los tres interventores -Juan Dati, Ruben Waisrub y Francisco Amorena- reciben a Qué Pasa en las oficinas del primer piso, con vista al Parque Batlle. Cada uno cobra un sueldo de 40.000 pesos.

En el salón principal, de techos altos, hay una mesa grande que en el medio tiene una pequeña reproducción de la estatua Luperca, la loba que según la leyenda amamantó a Rómulo y Remo.

"La lobita es nuestro talismán", dicen los interventores y uno de ellos la acaricia. Waisrub aclara que, lamentablemente, la pequeña estatua "está embargada", como buena parte del material. Los interventores admiten que el deterioro del edificio es importante, a pesar que varias zonas han sido recicladas y están en buenas condiciones. Es el caso del ala donde funcionan las policlínicas arrendadas a médicos particulares y a Cudam y Universal, reciclada en 2006. El hospital también tiene tecnología de punta, como un equipo para transplante renal y un tomógrafo, que se arriendan a terceros.

Amorena, el representante de los trabajadores, es el que hace más hincapié en el deterioro y apunta que quienes contratan servicios "hoy lo piensan dos veces" por la crisis del hospital.

"Tenemos muchas dificultades por el deterioro estructural del edificio", dice Amorena. Las reparaciones que se han hecho buscan "permitir un funcionamiento normal" pero "se requiere mucho más" para mantener el hospital en buen estado. "El problema es que si pasamos cuatro años sin mantenerlo, esto se convierte en una tapera. Muchas cosas no podemos hacer, sí algunas pocas", agrega.

Pero el abogado Waisrub enseguida advierte que el hospital estaba "mucho peor" cuando se inició la intervención a mediados del año pasado y ofrece fotos que lo prueban.

"Esto es un monstruo. Si no lo arreglaron en su momento, ahora es complicado", dice resignado un allegado a los interventores mientras recorre el edificio. Y cuenta que el deterioro de la institución se inició a fines de la década de 1990 y se agudizó con la crisis económica de 2002. En pocos años se redujo la plantilla a la mitad, de unos 900 a 418 funcionarios.

El Italiano ha seguido vendiendo servicios a diversas instituciones, desde Cosem a Cudam, "con las limitantes propias de un hospital que está fundido pero que ha ido recuperando su actividad y que busca una salida", dice Amorena.

En el momento de la intervención el hospital tenía 33 camas ocupadas. Hoy tiene unas 70 camas operativas, que podrían llegar a cien. Hay 24 habitaciones clausuradas por mal estado, en muchos casos por flagrantes humedades.

DETERIORO. En los balcones y pasillos que dan al patio interior del hospital se han caído trozos de material de las paredes. Y muchas balaustradas -originales de la obra diseñada por el ingeniero Luigi Andreoni- están rotas, quebradas y algunas directamente se cayeron.

A las azoteas del edificio "no se les hacía nada" desde hace 80 años, explica Amorena. En las últimas semanas se impermeabilizaron algunos techos que se llovían y el proceso seguirá "para prepararse para el invierno".

En el salón de calderas se siente un calor agobiante y eso que funciona una sola de las cuatro grandes máquinas originales del edificio. A mediados de enero se rompió el quemador de esa única caldera y el hospital estuvo seis días sin caldera (y por lo tanto sin agua caliente). Las sabanas y toallas debieron enviarse afuera de la institución para su limpieza.

Por estos días se iniciarán los trabajos para cambiar los techos del salón de las calderas, que también se llueve, lo que implica cierto peligro para quienes trabajan allí. "En invierno es como si fuera cielo abierto, el techo está picado", informa Amorena. La galería que une el viejo y el nuevo edificio tiene las paredes descascaradas y el techo con humedades.

La intervención del gobierno parece haber tenido como consecuencia un mayor compromiso de algunos trabajadores. Un informe de la comisión interventora indica que cuando se inició el trabajo el personal tenía "fuerte desmotivación, ausencia de confianza, con disminución del rendimiento y contracción al trabajo, además de un elevado nivel de ausentismo".

Una costurera que trabaja hace 30 años en el Italiano bromea con que ella "es parte del patrimonio" y dice que ahora el hospital volvió a hacer uniformes nuevos y poner máquinas a punto. "Se retoma el ritmo de antes de la crisis, la plata no está mal tirada. Y hay más compromiso, antes los empleados faltaban al trabajo porque no se pagaban los sueldos. Eso cambió", asegura. Otra empleada, que trabaja en la cocina, se acerca y suplica que "no pongan en la nota que está todo mal". Dice que se compraron ollas y vajilla nueva, además de un horno nuevo.

Pero todo depende de quién hable. El sindicato ha criticado algunos gastos decididos por la intervención. Un informe de los interventores, de febrero, menciona que "existía y aún existe un fuerte deterioro y desconfianza ante la situación del hospital por parte de los funcionarios". Hay "desmotivación y descreimiento ante la realidad".

El futuro es un poco más alentador que el de hace nueve meses, pero tampoco demasiado. El informe de los interventores a la "comunidad italiana" dice que si no se aumenta en un 100% el nivel de ocupación "difícilmente se pueda establecer un nivel de ingresos que dé equilibrio y sustentabilidad a la institución".

La sensación general entre los empleados del Hospital Italiano es que se debería haber "hecho algo" antes y no dejar que la situación caiga tan bajo. "Declararon esto monumento histórico, pero después los gobiernos no pusieron nada para mantenerlo", se queja un funcionario y sueña con volver a épocas que hoy todavía parecen muy lejanas.

413

millones de pesos, unos 20 millones de dólares, es el pasivo del hospital, según los interventores.

48

millones de pesos, más de dos millones de dólares, acaba de invertir el gobierno en el hospital.

70

camas del hospital hoy están operativas. Hay 24 habitaciones clausuradas debido a su deterioro.

José batlle murió en el italiano

El Hospital Italiano está ligado a la historia del país. Así, por ejemplo, el 20 de octubre de 1929 falleció allí el ex presidente José Batlle y Ordóñez, después de estar más de un mes internado. El hospital nació en 1853 como una sociedad civil sin fines de lucro creada por los italianos residentes en Montevideo y en 1881 fue denominado Comunidad del Hospital Italiano Umberto Primo. El primer edificio del hospital fue construido con la contribución de la colonia. El 1° de junio de 1890 fue inaugurado el actual edificio, proyectado por el ingeniero Luigi Andreoni. Y en 1952 se le anexó otro edificio, que se conoce como el Sanatorio Italiano.

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