Miguel Arregui
Los vínculos entre Argentina y Uruguay, hechos de amor y odio, tienen un nuevo capítulo de altercados.
Ahora la manzana de discordia son las trabas burocráticas impuestas por el gobierno de Cristina Fernández al ingreso de toda mercadería desde el exterior, que afecta a los exportadores uruguayos, como a todos. Uruguay es un fuerte importador desde Argentina y un débil exportador. De hecho, las colocaciones en ese mercado, como porcentaje del total, fueron en 2011 menos de la mitad de las realizadas en 2000.
Mucho más que comercio. Pero el vínculo representa para Uruguay cosas más amplias y significativas, no solo exportaciones directas. El primer lugar, los argentinos son los extranjeros que más asiduamente visitan el país. En 2011 el turismo dejó 2.171 millones de dólares, según cifras oficiales; más del 50% de los viajeros provino de Argentina.
Hay mucho dinero argentino metido en Uruguay: en instituciones financieras que operan en plaza sus residentes tienen depositados más de 2.800 millones de dólares. Aun mayores son sus inversiones en el sector agropecuario. El gran aumento de las retenciones (impuestos) a las exportaciones de soja y granos aplicadas en Argentina a partir de 2002, y otras medidas de similar tenor, provocaron la huída de agricultores y ganaderos hacia la banda oriental del río Uruguay. Entre el 35% y el 45% de la tierra cultivable en el país es trabajada por firmas argentinas o por uruguayos asociados con argentinos.
La revolución agrícola -junto a la forestación y la elaboración de tableros y celulosa- ha sido la auténtica novedad productiva en Uruguay a inicios del siglo XXI. La soja, que era un cultivo marginal, en seis años pasó a ser el rubro agrícola más significativo. En 2011 se exportó soja por 858 millones de dólares, algo inimaginable diez años antes. También se incrementó en forma radical la producción de trigo y cebada, entre otros cereales.
El fervor argentino por comprar tierras en el litoral elevó los precios. Entre 2002 y 2010 el valor de la hectárea, medido en dólares, se multiplicó por ocho. El dinero obtenido por los productores uruguayos no se evaporó, sino que se invirtió en tierras más baratas en el norte, e incluso en Paraguay, o se destinó a otras inversiones.
Los inversores argentinos optan también por la industria, el comercio o la construcción. El arco Punta Ballena-Punta del Este-José Ignacio experimenta el boom inmobiliario más grande y sostenido de la historia. Entre el 60 y 70% del dinero invertido en desarrollos inmobiliarios en esa zona proviene de argentinos. Y no solo allí: también compran en Montevideo, Colonia del Sacramento, Carmelo y en cualquier sitio que parezca promisorio.
"Las inversiones inmobiliarias el año pasado (…) fueron dos mil millones de dólares, una pavada, como para no darle consideración", ironizó el sábado 4 el presidente José Mujica; "eso es bastante más importante que todo el comercio".
Mantener los ahorros a buen recaudo es un deporte nacional argentino debido al riesgo político. Diversos gobiernos han confiscado depósitos bancarios de una forma u otra, desde el plan Bonex 89 hasta la "pesificación" 2002. A ello se suma la desconfianza de empresarios e inversores en la política económica de Cristina Fernández, signada por el proteccionismo, los subsidios y el intervencionismo.
Debilidad argentina. El arancel externo común del Mercosur, con un máximo de 35%, sumado a trabas burocráticas, hacen de Uruguay un mercado cautivo de Brasil y Argentina en ciertos rubros.
El 1º de febrero la situación sufrió un cambio para peor. Desde entonces los empresarios argentinos están obligados a realizar una declaración jurada de los bienes que planean importar. La AFIP, equivalente a la DGI uruguaya, y la Secretaría de Comercio Interior aprobarán o denegarán los pedidos caso a caso. En otras ocasiones, si bien hay licencias de importación acordadas, éstas se demoran por cuestiones burocráticas. Muchas veces los negocios pierden sentido pues mueren de inanición. El controvertido Guillermo Moreno, ministro de Comercio Interior, hace y deshace y acumula poder.
El gobierno de Cristina Fernández, que padece serios problemas de fuga de capitales y pérdidas de reservas por la desconfianza de empresarios y familias, pretende lograr un amplio superávit comercial a cualquier precio y reforzar su sector industrial. El superávit comercial está en caída y no alcanzaría para compensar la huida de capitales, por lo que, en tiempos de abundancia, Argentina está en problemas. Desde el default de 2001 -y el maquillaje de las cifras oficiales de inflación, que baja la rentabilidad de los papeles públicos indexados- casi no cuenta con crédito internacional. Y la inversión extranjera es relativamente baja.
Las trabas a las importaciones son una respuesta a esas dificultades. Otra podría ser la aceptación de una crisis cambiaria y una devaluación aguda del peso, pero eso castigaría a los sectores de ingresos fijos, que son un firme sostén del gobierno.
Las nuevas trabas burocráticas no solo perturban a Uruguay, sino a todos los países proveedores. Los más afectados son Brasil y China. Se estima que la medida se dirige en particular a impedir la importación de textiles, calzados y electrodomésticos. Desde hace más de un año -cuando la Secretaría de Comercio Interior comenzó a controlar las compras- industriales y comerciantes argentinos padecen además cierta escasez de repuestos e insumos.
Otros frentes de batalla. Entre los industriales, aunque se quejen, predomina cierto fatalismo. "Invadirlos no podemos" dijo Washington Burghi, presidente de la Cámara de Industrias, a El País del martes 31. Por su parte el gobierno acepta con resignación estas trabas, aunque se intente negociar, y prefiere una mirada política de largo plazo.
Bajo presión internacional, la administración de Mujica aceptaría signar un tratado de intercambio de información fiscal con su par argentino con ciertas condiciones: nada de doble tributación, intercambio de datos no retroactivo y agencias recaudadoras que no podrán participar en inspecciones en otro país. De cualquier forma, un argentino que tenga bienes en Uruguay puede ser alcanzado por otros impuestos de su país, como el de patrimonio. Seguramente se verá afectada la condición de Uruguay como santuario de capitales argentinos. Y pronto debería firmarse un tratado similar con Brasil.
Uruguay también depende de Argentina para la compra de energía eléctrica, el suministro de gas natural y la instalación en común de una planta regasificadora flotante que no termina de prosperar.
Otra cuestión esencial es el dragado del canal Martín García, bajo jurisdicción común. Corre paralelo a la costa de Colonia y es decisivo para el desarrollo de la hidrovía Paraguay-Paraná y el puerto de Nueva Palmira, del que parten enormes volúmenes de cereales, soja y celulosa. El gobierno de Néstor Kirchner se negó a mejorarlo como elemento de presión por la crisis que acarreó la planta de Botnia, y para favorecer a sus propios canales, peajes y prácticos. El gobierno uruguayo quiere llevarlo a 34 pies de profundidad (10,36 metros) para que compita, en parte, con el canal Emilio Mitre, que está en territorio argentino y es utilizado por los buques de mayor tamaño que operan en Nueva Palmira y el Paraná. Este asunto, que está al tope de la agenda diplomática oriental, pone en riesgo los planes de sucesivos gobiernos de convertir a Uruguay en un polo logístico regional.
Qué se comercia
Las principales compras de Uruguay a Argentina en 2011 fueron automóviles y vehículos de transporte. Las principales ventas fueron vehículos y partes (ejes y diferenciales, semiejes); papel, cartón; plásticos; máquinas eléctricas; muebles; etc.
Es más equilibrado con Brasil
Los perfiles exportadores de Uruguay y Argentina son similares salvo, claro está, por su escala, y por ciertos productos diferenciales. Argentina fue en 2011 el principal proveedor de Uruguay, con ventas por 1.821 millones de dólares (21,2% del total), superando a Brasil, que colocó 1.439 millones (19,2% del total). Las exportaciones de Uruguay hacia Argentina en 2011 ascendieron a 588,7 millones de dólares y representaron solo 7,3% del total de ventas al exterior. En el mismo período las ventas a Brasil sumaron 1.629,7 millones de dólares (20,3% del total). Las colocaciones de Uruguay en Argentina crecieron 17,25% en 2011 respecto al año anterior, en tanto las importaciones aumentaron 30%. Pero en estas cifras hay un fuerte espejismo monetario debido a la depreciación del dólar.