"Nunca me voy a acostar antes de las dos de la mañana", dice, contento, Ricardo Correa. Es electricista de profesión y tiene una de las direcciones más conocidas de Montevideo: el Teatro de Verano. Correa, su esposa Alicia, uno de sus tres hijos y su cuñado comparten una pequeña casa ubicada justo atrás del escenario. Antes eran seis personas que compartían la vivienda, pero uno de los hijos se casó y el otro se fue a vivir a España.
La familia reside ahí hace nueve años, cuando la Intendencia decidió otorgarle la vivienda para que se encargue del mantenimiento del lugar en calidad de comodato, lo que lo obligaba a entregarlo cuando le fuera solicitado.
Pero hace dos años, la intendencia decidió que el comodato había concluido. Y empezó el tire y afloje. De un lado, el director del Teatro De Verano, Cristian Calacce. Del otro, Correa y Adeom. Por ahora, el conflicto sigue teniendo baja intensidad, pero ya hubo bajas. Alicia cuenta que antes ayudaba limpiando, pero desde hace unos meses que les quitaron todas las llaves que antes colgaban de una de las paredes y le prohibieron expresamente que realizara ese tipo de trabajo. "Les limpiaba el Teatro gratis..." Otra baja fue el teléfono. "Antes venían y si necesitaban algo, lo usaban para llamar", sigue Alicia y señala el pequeño orificio. La esposa de Correa da a entender que la línea era una suerte de servicio público para casos de emergencia o necesidad.
Una cuenta de 120.000 pesos puso fin a ese servicio. "Cuando el director del Teatro me la mostró, le dije que tenía razón, que era un disparate. Pero que había que corrobar que todo eso correspondiera al número que teníamos, porque hay otras líneas telefónicas en el Teatro". Finalmente, agrega Alicia, cortaron la electricidad, con lo cual su marido se quedó sin propósito laboral.
Calacce dice que el asunto está en manos de la División de Cultura de la IMM y que hay un proceso judicial en marcha para sacar a esa familia de ahí. En la Dirección de Cultura no pudo ser ubicado nadie autorizado a hacer declaraciones . "Acá hay un tema de intransigencia ", dice Correa. "Este señor (se refiere a Calacce) llegó con prepotencia y nos quiso desalojar. Además, ¡dijo que no le gustaba el Carnaval! No es idóneo para este puesto". Para el electricista, parecería inconcebible que a alguien no le guste la fiesta de Momo, aunque luego baja el tono y matiza su opinión: "Tiene todo el derecho a que no le guste, pero la razón de ser de este teatro es el carnaval".
La familia no se ve demasiado preocupada por la inminencia de un desalojo. Tal vez porque de esto se viene hablando desde hace dos años. Tal vez porque Correa es funcionario municipal y afiliado a Adeom. Pero luego de un rato de hablar, Alicia expresa el temor de quedarse sin vivienda: "Nos quieren dejar en la calle", dice en voz baja . Su esposo, en tanto, reconoce que esa casa no ofrece un futuro demasiado luminoso. "Este lugar no es mío, eso está claro. Y estábamos bien en Ascensio y Suárez, donde alquilábamos. Nos vinimos con un proyecto laboral y personal, pero ahora parece que eso ya fue", dice. "Si nos dieran una opción, por ahí tal vez sería algo más fácil..."