Eloísa Capurro
Algo está cambiando en la Universidad de la República. Se arreglan vidrios que hacía años estaban rotos. Se ponen aires acondicionados que hacía 10 años se venían pidiendo. Se impulsan proyectos que dormían en los cajones desde finales de la década de 1990. Y hasta se presentó, finalmente, el plano de lo que será una facultad, un proyecto eternamente postergado.
Es que hay más dinero en la Universidad. El incremento del 4,5% del Producto Bruto Interno se empieza a sentir. Y más este año, cuando hubo una partida extra votada en el Parlamento de 65 millones de dólares (a repartir con la Administración Nacional de Educación Pública). Así, en el último quinquenio la Udelar aumentó un 70% su presupuesto.
Y eso ayudó, por ejemplo, a recuperar los niveles de inversión que la Universidad tenía previo a la crisis de 2002. Ahora, de nuevo, se gastan un poco más de 100 pesos por estudiante. Aunque estos sigan teniendo que escuchar las clases desde las ventanas o los pasillos de sus facultades. Porque, apilados como están, siguen sin poder entrar en las aulas.
De hecho la cantidad de metros cuadrados que la Universidad tiene por cada estudiante viene en picada desde hace 10 años. La masividad sigue haciendo sus estragos. Ahora, con dinero en la mano, se planean varias obras. Pero estas se irán haciendo en el correr de la década. Y, con ingresos que no paran de subir, es difícil pensar que los jóvenes universitarios puedan, en un futuro, sentarse cómodos en sus bancos para escuchar al profesor.
No les queda otra En 2009 ingresaron a la Universidad 18.425 jóvenes. En 2007 (el último censo que la Udelar hizo a sus estudiantes, funcionarios y docentes) había 101.990 personas estudiando en los diversos servicios de la Universidad.
Cada uno de ellos, por ahora, seguirán acomodándose en apenas 2,5 metros cuadrados (según estadísticas oficiales). Y dependerán de qué hace cada facultad para sortear la falta de espacio. Algunas hasta han hecho de gallineros, salones.
También hay problemas para la conformación de los equipos docentes. Ahora, con algo de dinero, las facultades y servicios comienzan a hacer llamados a los diversos grados. Pero todavía hay carreras que no tienen docentes con dedicación exclusiva. Otras que tienen menos de 10. Y, cuando finalmente hacen los llamados, pueden estar meses esperando una respuesta. Algo que también pasa con la compra de equipamiento, otro rubro que se incentivó gracias al aumento presupuestal. Ahora facultades como la de Odontología tienen, finalmente, rayos X.
Con todos estos problemas, son pocos los que sortean la universidad. En 2009 se recibieron 4.920 jóvenes. Fueron más que otros años pero, reconocen las autoridades es menos de lo que deberían.
De a poco la Universidad de la República se mueve y se acomoda. Aumenta su presupuesto y se olvida de la crisis. Pero su tranco sigue siendo lento. Quizás porque 83% de su presupuesto se destina a salarios y menos del 6% a inversiones.
salones y gallineros. Con más presupuesto las grandes facultades comienzan a arreglar sus edificios. En la Facultad de Medicina los docentes notan que se arreglan vidrios que hacía años estaban rotos, se van restaurando salones y se repone equipamiento de oficina. Elementos de confort que hacía años estaban postergados en la casa de estudios que más presupuesto se lleva entre los servicios de la universidad.
La Facultad de Agronomía es la segunda en cuanto a presupuesto: se queda con el 6,7% del dinero destinado al funcionamiento de las facultades. Y como eso hoy es más plata, han logrado grandes avances. Por ejemplo, ahora la Biblioteca tiene para comprar todos los libros que los profesores piden a principio de año. "Antes siempre había algo que quedaba para atrás", dice el decano Fernando García.
La facultad logró también renovar su flota de vehículos. Parte de ellos tenían más de 10 años de antigüedad. No se compraban nuevos porque la ley les impedía exonerar impuestos. "La Udelar estuvo cuatro años pidiendo eso, y finalmente un buen día salió. Hoy por el valor que te toman del vehículo y poniendo arriba entre 1.500 y 3.000 dólares, podemos tener un vehículo nuevo equivalente", dice García.
Y para un estudiantado que sigue creciendo, también se crearon salones. Agronomía pasó de tener un ingreso promedio de 200 estudiantes en 2006, a casi 500 en los últimos años. A tantos estudiantes había que ubicarlos, hasta en gallineros. "Para ponerte un caso extremo: unos viejos gallineros se transformaron en dos hermosos salones de clase", dice García.
Pero ni eso es suficiente para los casi 2.000 estudiantes que la facultad tenía ya en 2007. "¿Cuánto se precisa para eso? Si alguien me dice en cuánto se puede estabilizar la matrícula...", dice García.
También la Facultad de Odontología está sacando provecho a los nuevos ingresos. Hace un par de semanas, por ejemplo, terminaron de instalar la nueva puerta de ingreso. "Ahora tenemos una automatizada, con control de pánico. No es un lujo, pero para nosotros lo es, por cómo vivimos toda la vida", dice el decano Hugo Calabria.
También se está licitando la compra de rayos X y equipamiento odontológico, cosas con las que la Facultad todavía no contaba. Y desempolvaron un proyecto que estaba archivado desde 1998 y que pretendía edificar nuevas clínicas. "Son cosas que estaban planificadas desde mucho antes pero que al no existir rubros no lo podíamos hacer. Aunque con esto no digo que tenemos todo solucionado".
Es que no todo son buenas noticias. En la Facultad de Enfermería (que recibe apenas el 1,6% del presupuesto universitario) los nuevos rubros han permitido también incrementar el número de aulas y cambiar el mobiliario. Pero, por ejemplo, los docentes con dedicación exclusiva no cuentan con la remuneración que les corresponde. Se les paga, pero a través de extensiones horarias u otros mecanismos alternativos. La plantilla docente, por ahora, no ha variado en números significativos. "En términos brutos aumentó, pero en un número poco relevante y a través de proyectos", dice la decana Alicia Cabrera.
Es que algunos problemas, endémicos en la Universidad, siguen estando allí. "Hay dificultades de deserción y rezago de estudiantes", dice Cabrera. Para sortearlos todavía se necesita de una ayudita más. "Hay otras estrategias que estamos desplegando como cursos alternativos u horarios especiales que se sostienen mediante proyectos concursables".
Algo parecido a lo que sucede en la Facultad de Agronomía, donde los equipos docentes son reforzados a través de ayudantes que se contratan con dinero que viene de varios organismos fuera de la Udelar. "Muchos se contratan a través de la Comisión Sectorial de Investigación Científica, pero también de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación, el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria, los Fondos Concursables, convenios con la Unión Europea. Nadie puede vivir sin eso", dice García.
Igual así no todos los equipos están completos. Para 2009 la Facultad de Ciencias Económicas y de la Administración tenía apenas nueve docentes con dedicación exclusiva (los más altos en la escala universitaria). Estaban mejor que la Facultad de Psicología (que apenas tiene cinco) o que la Escuela Universitaria de Música (que cuenta con un único docente en régimen de exclusividad). La Facultad de Ciencias es la que se despega, con 157 docentes: es la cifra más alta.
Hay servicios como la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación que recién hoy tienen, por primera vez en su historia, docentes con dedicación exclusiva. "Nunca había habido docentes en ese régimen, no solo por razones presupuestales sino también formales, porque no teníamos cargos efectivos hasta hace dos años", dice el director Gabriel Kaplún.
Esa licenciatura es uno de los servicios que se benefició de los últimos incrementos presupuestales, después de años de estar en lo más bajo de las prioridades. "Hemos recibido una partida interesante. Mayor que la de otros servicios en función de tratar de beneficiar a los más débiles".
Así, hace 15 días quedó pronto el anteproyecto arquitectónico de lo que será la nueva Facultad de Comunicación e Información. Un proyecto conjunto con la Escuela de Bibliotecología del que se venía hablando desde por lo menos 2002 y que, hasta ahora, no había sido más que un plan. "Se empezaría a construir hacia fines del año próximo en un período que va a llevar algunos años, pero que nos da la certeza de mudarnos a un local definitivo".
Mientras tanto la licenciatura arregló salones que se llovían, mejoró el aislamiento acústico de sus aulas y comenzó el trámite para comprar algunos equipos. Aunque aún no sepa cuándo van a llegar.
Tiempos universitarios. La licenciatura de Comunicación espera hace un mes que se abra la licitación para hacer una segunda refacción del local que, junto a Bibliotecología, tienen en el Programa Académico de Desarrollo de la Información y Comunicación (Prodic). Está todo pronto, nada más la Universidad lo tiene que aprobar. Y no lo hace. "Es algo que nos pone nerviosos porque quisiéramos tener esa obra adjudicada y en marcha, para que cuando el año que viene comience la maestría no haya polvillo y obreros trabajando", dice Kaplún.
El problema de los tiempos, es también endémico en la universidad. "Hay cuestiones en la ejecución que funcionan mal. Hay cosas que facilitar, trámites que facilitar", dice el secretario de comunicación de la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay (FEUU), Gastón González.
Así es común que a fin de año se apuren compras a último momento, para evitar devolver dinero del presupuesto a Rentas Generales. Los llamados a nuevos cargos docentes, también pueden demorar. Algunos profesores, que prefirieron mantener sus nombres en reserva, señalaron a Qué Pasa que es común que a fin de año se reciba una partida extra para los docentes. Ese dinero suele venir de cargos que no lograron ser otorgados.
"Los servicios del interior, que no tienen autonomía, tienen que terminar de ejecutar en setiembre porque sino no llegan con las compras", dice González.
Así, el eterno reclamo de más dinero parece estar empezando a atenderse. También hay otras deudas pero un estudiantado con mejor preparación, funcionarios mejor dispuestos, docentes incentivados y centros de estudio más amigables son esa clase de cosas que, a veces, el dinero no puede comprar.
Deuda en la extensión
"La extensión era un área absolutamente postergada", dice el secretario de comunicación de la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay, Gastón González. Este año la Universidad aprobó una ordenanza de grado que, entre otras cosas, establece que las tareas de extensión (los proyectos que vinculen a la Universidad con la sociedad) están incluidas en las currículas del estudiante. "Hoy siguen siendo pocos los estudiantes que realizan extensión en su vida académica", dice González.
82,8%
del presupuesto universitario se va en sueldos. Un 11,5% en gastos y 5,7% en inversión.
6
proyectos presentó la Universidad al Parlamento. Uno son obras en el interior.
Las mudanzas en el interior
También en los centros regionales de la Universidad se comienza a notar el aumento presupuestal. En la regional Este se están edificando 4.000 metros cuadrados en Maldonado que comenzarían a funcionar a principio del año que viene. A su vez se planean más obras en Rocha. "Hoy la regional funciona en sedes prestadas por las intendencias", dice su director, Jaime Sztern. "Se hace un mantenimiento mínimo. Pero tampoco vamos a crecer si estamos construyendo nuevas".
En la Regional Norte se ha podido acondicionar el edificio central, que también había sido cedido por la intendencia. "No teníamos mobiliario", dice su director Alejandro Novoa. "Lo que teníamos era antiguo de la otra sede y luego nos fueron prestando las intendencias desde esa época. A partir de 2008 logramos equipar casi todo el edificio". También se logró renovar la flota de los vehículos y se comienzan a abrir llamados para docentes con dedicación total para completar los equipos.