FABIÁN MURO
Las bebidas alcohólicas son parte de la esencia uruguaya que acepta y alienta culturalmente su consumo sin alertar de los riesgos que puede traer.
Después de un exitoso combate al hábito -o vicio- del tabaco, se anuncia ahora desde el gobierno que el consumo de alcohol será el nuevo objetivo sanitario oficial. Eso luego de algunos intentos de lidiar con este problema que no llegaron a ser exitosos. El más importante fue el proyecto de ley presentado en 2008 por el oficialismo. Entre otras cosas, ese proyecto seguía las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud y restringía publicidad y puntos de venta de bebidas alcohólicas, como algunos de los puntos más importantes.
De acuerdo a las últimas cifras aportadas por la Junta Nacional de Drogas, hay unos 240.000 consumidores problemáticos de alcohol. Pero apenas el 1% de esos bebedores concurre a ser atendido por algunas de las instituciones de salud del Estado.
Y eso que en el consumo de alcohol se originan los problemas que resultan, por ejemplo, en la segunda causa de muerte -luego del tabaco- entre los casos de "enfermedades prevalentes no transmisibles" -o sea aquellas que no se contraen como la gripe o el VIH- de acuerdo a datos de la Junta Nacional de Drogas.
Para el alcohol no se construyó una red de atención, con técnicos capacitados y diseminados por todo el país en salas de emergencia, policlínicas y hospitales. Eso se hizo para la pasta base, por ejemplo, que abarca un universo problemático mucho menor.
Lo que sí hay es una cantidad no determinada de instituciones privadas que tratan y apoyan el consumidor, además de Alcohólicos Anónimos, que según su portavoz Miguel Fernández, recibe a unas 4.000 personas en todo el país.
De los 50 millones de dólares que se otorgan en publicidad oficial a distintos medios de comunicación, no hay uno que vaya para publicitar los riesgos y los eventuales daños que puede causar el consumo. Eso se deja, por ahora, a quienes venden las bebidas alcohólicas, limitados a lineamientos básicos como no vender a menores de edad y siempre acompañar cada aviso y etiqueta con un "Consuma responsablemente".
Y eso que el alcohol es un problema de salud de primer orden en Uruguay desde hace "muchísimos años", como señala el presidente de la Unidad de Seguridad Vial (Unasev), Gerardo Barrios. Con una trayectoria profesional como médico intensivista antes de asumir su actual cargo político, Barrios vio de cerca los efectos del alcohol en el tránsito en muchas guardias.
En la Junta Nacional de Drogas, su secretario general, Julio Calzada, dice que hay que luchar contra nociones culturales y sociales que tienen un fuerte arraigo. "Luego de mucho tiempo de informar, de concientizar, sobre el efecto nocivo del tabaco, se entendió", dice Calzada. "Con el alcohol hay mucho para hacer"
Entre otras cosas, opina, hay que conocer más al consumidor. "Es el que menos definido está, en parte porque se trata de una cantidad muy grande", dice. "Sabemos bastante sobre el perfil del consumidor de marihuana o cocaína. Pero sobre este, no se sabe tanto". En parte, lo extendido que está el consumo de alcohol explica esa imprecisión. Cuando hay tantos consumidores, es más complicado el estudio y suscita, de acuerdo al secretario general de la JND, menos interés académico.
Sí se sabe que el alcohólico es el adicto que más tiempo se demora en acudir a un centro público o privado para buscar ayuda. Mientras que un adicto a la pasta base, por ejemplo, puede demorar entre uno y dos años en pedir ayuda, pueden pasar décadas hasta que un alcohólico decida dejarse asistir acudiendo a un centro público o privado. "Yo tardé 17 años en asumirlo y empezar a ir a Alcohólicos Anónimos", dice Fernández.
Asumir el problema es una parte de la solución. "Pero para poder empezar a asumirlo, hay que primero saber cuáles son los síntomas", dice el psiquiatra especializado en adicciones, Freddy Da Silva. "La gente, en general, ¿lo sabe? Según mi experiencia, no. Y luego, cuando se tomó la decisión, ¿dónde se acude? ¿Hay información masivamente difundida sobre qué lugares reciben al que busca ayuda, cómo se hace, qué hay que decir? Según mi experiencia, tampoco ahí hay suficiente información".
El Estado debe proveer lugares de atención y promocionarlos con insistencia. "Por ahora, recomiendo el folleto de 10 preguntas de Alcohólicos Anónimos para saber si se está en una situación de consumo problemático", dice Da Silva. Es lo que hay.
VULNERABLES. Hugo Suárez, director del Observatorio Nacional de Drogas, señala a la baja percepción de riesgo como uno de los factores que explica que más de un 76% de los jóvenes en edad liceal haya consumido alcohol "habitualmente". Para los que dicen haber "probado", ese porcentaje es de 95%.
Ese segmento de la población es el más vulnerable, pero por ahora no se han realizado acciones concretas desde lo público para enfocar información o educación hacia ese grupo. "Tenemos un problema, claro. Pero es importante remarcar que no estamos ante una hecatombe", dice Calzada. Para él, comenzar a aportar soluciones es darse cuenta de la "casi nula" percepción de riesgo que existe entre adolescentes y jóvenes sobre el alcohol y entender las razones de la gran "legitimidad" que tiene ese hábito.
Con las tasas de consumo constatadas por la JND y el Observatorio, Suárez y Calzada coinciden en que las probabilidades de generar una dependencia son altas, y que la omnipresencia del alcohol no ayuda. "Hemos realizado acciones puntuales, como informar sobre los riesgos cuando hay un gran recital de rock, por ejemplo", aporta Calzada.
Las medidas concretas y sostenidas en el tiempo se tomarán, se dice, luego que el Poder Ejecutivo tenga el informe que están elaborando varios ministerios y agencias estatales para servir como insumo en el diseño de políticas públicas, de acuerdo al jerarca. "Ese estudio tiene que poner todas las herramientas sobre la mesa para atender este problema: las legales, las económicas, las sanitarias, las políticas, todas. Y estimo que el estudio estará pronto antes que concluya el año".
AL VOLANTE. "A mí dame un 2% de lo que se gasta en publicidad oficial y hago campaña pública durante años", dice Barrios desde Unasev. Con todo, es en el tránsito donde se registraron algunos de los éxitos contra el consumo problemático. En las tres últimas ediciones de la Noche de la Nostalgia no hubo muertes por accidentes, dice el jerarca.
Tránsito y alcohol son un binomio letal, agrega Barrios. "Por esa razón se bajó de 0,8 gramos por litro de alcohol -límite vigente hasta 1995-a 0,3 para conductores comunes. Para los profesionales es cero. Y estimo que pronto se aplicará tolerancia cero para todo los conductores, profesionales y no profesionales".
Esa medida, y otras, permitieron bajar la incidencia del alcohol en los accidentes de tránsito de un 20% a un 5%. Ese fue el resultado, de acuerdo a Unasev, de uno de los ejemplos en los que los sectores público y privado cooperaron fluidamente.
Tanto los actores públicos -Ministerio de Salud Pública y el Interior, intendencias municipales- como los privados, principalmente medios de comunicación, consiguieron una colaboración fluida. Sin embargo, no se deja de reconocer que hace años que no se realiza una campaña de difusión sobre los riesgos del consumo problemático de alcohol.
En este punto, Uruguay está en el debe dice Da Silva, quien señala que hay legislaciones que prohíben, por ejemplo, asociar el consumo de alcohol con cualquier cosa. "Es la botella, o el logo, y nada más".
Y si el Estado no toma la iniciativa, parecería improbable que el sector industrial lo haga de manera más profunda. Hasta ahora quienes fabrican y comercializan bebidas alcohólicas se han sumado con donaciones de espirómetros a varias instituciones, públicas y privadas, unos pocos spots publicitarios y, de acuerdo a lo que indica el sitio web de Fábrica Nacionales de Cerveza, jornadas para generar conciencia entre sus empleados.
"Esto es una enfermad y no se cura. Yo no tomo, pero soy alcohólico", dice Miguel Fernández tras una charla en el Instituto Crandon. Desde su óptica, el alcohol es la "madre de todas las drogas", y espera que los más de 200 grupos de Alcohólicos Anónimos en Montevideo contribuyan a frenar la adicción al alcohol.
Con un enfoque menos radical, otros esperan que el consumo responsable sea tanto un slogan publicitario como una realidad concreta.
240.000
Bebedores de alcohol tienen un "consumo problemático" según la Junta Nacional de Drogas.
4.000
Personas acuden a Alcohólicos Anónimos en todo el país de acuerdo a un portavoz de la organización.
Una opinión
Consumo vicioso vs. consumo virtuoso
Roger Scruton (*) n "La preocupación por el `binge-drinking` -esto es, tomar grandes cantidades para emborracharse- ha puesto el foco en la gran dificultad de diferenciar entre consumo virtuoso y vicioso. Nuestro legado puritano, que ve el placer como un pasadizo hacia el vicio, dificulta comprender esta diferencia. Si el alcohol embriaga, se piensa, entonces la única preocupación moral es si uno debería permitirse beber. Y si uno se lo permite, cuánto. La noción que dice que la cuestión moral es cómo se bebe, en compañía de quién y en qué estado de ánimo y mental, es completamente extraña para la comprensión de la condición humana del puritano (...) Es vital, si hemos de salvar uno de los más importantes productos del ser humano de la nueva Inquisición, encontrar otro camino, uno más humilde, para abordar el problema del alcohol. Y es por eso que deberíamos aprender de Aristóteles y ver esto no en términos de `No tomarás`, sino en cuáles son las maneras correctas de beber y cuáles no. Y deberíamos comprender la distinción entre consumo virtuoso y vicioso a partir de una reflexión sobre el vino. Esta bebida ha sido, en nuestra civilización, tanto el vehículo de la presencia de Dios, como la que simboliza los caminos que tenemos para alcanzarlo. El vino intoxica; pero debemos distinguir entre intoxicación y borrachera. Lo primero es un estado de conciencia; lo segundo, de inconciencia". (*) Filósofo inglés. Extracto del artículo In vino veritas, publicado en Standpoint.)