Hace ya varios meses que vemos un aviso -muy bien hecho, por cierto- sobre lo bienvenidos que serán los biocombustibles. Se anuncian parques eólicos y paneles solares para varios puntos del país. El futuro también viene con apuestas a fuentes de energía renovables, según el director nacional de Energía. Y varias voces oficiales han expresado que una planta nuclear es una opción que debe tenerse en cuenta para cubrir nuestras necesidades. Al mismo tiempo, el presidente elogia la generosidad venezolana en créditos y crudo. Por la cantidad de propuestas, ideas y diagnósticos sobre nuestra matriz energética, parecería que fuéramos parte de la Unión Europea y no el Mercosur. La abundancia de ideas es saludable, claro. Pero tranquilizaría saber que las cuantiosas inversiones que serán necesarias tienen un propósito definido y acordado, en vez de bifurcarse en múltiples declaraciones política y ecológicamente correctas, elogios a la generosidad venezolana o el relojeo a una o más plantas nucleares.