El acceso a estudios terciarios es uno de los caminos más importantes para el ascenso social. Pero el trayecto hacia un título universitario en Uruguay es tradicionalmente angosto para quienes provienen de los estratos más pobres de la sociedad. Incluso con ayuda: aproximadamente uno de 10 estudiantes universitarios accede a una beca del Fondo Solidario, que actualmente asciende a 4.800 pesos mensuales y alivia un poco la carga económica de ser universitario.
Para acceder a una beca, el ingreso del núcleo familiar no puede ser mayor a 9.600 pesos. Ese dinero es el único beneficio para los becarios, que deben aprobar 60% de todas las materias por año para no perder la mitad de la beca. Aunque también ahí hay exigencias. Para obtener media beca, es imprescindible aprobar 40% de todas las materias anualmente. Todos los becarios estudian en la Universidad de la República (Udelar) pero las universidades privadas tienen su propio sistema de becas.
No es el Estado que financia a los aproximadamente 6.000 becarios; según el último censo estudiantil disponible hay 70 mil alumnos en la universidad pública. El fondo es financiado por el aporte de los profesionales universitarios egresados, un proyecto creado bajo el gobierno de Luis Alberto Lacalle.
El gerente general del Fondo Solidario, Enrique Medina, dice que todavía es común la confusión de que se trata de becas para estudiantes del interior cuando es un beneficio de alcance nacional. De hecho, solo uno de cada cinco becarios es de Montevideo. "Todavía hay mucha gente que no sabe que puede solicitarla. Esto es así porque ser `vulnerable` en Montevideo es diferente a serlo en el Interior. Entre otras cosas, en Montevideo es más difícil acceder a la información", dice Miranda.
De hecho, el Fondo -cuyo presupuesto actual es de unos 14 millones de dólares- podría dar 1.000 becas más. El dinero disponible permitiría esa extensión. Pero si no se solicitan el dinero queda ahí, esperando. "Tenemos que hacer más difusión focalizada en los liceos públicos de los barrios de contexto crítico", reconoce el jerarca. Aún así, también se señala que la demanda por estas becas viene aumentando de manera sostenida desde hace años. Tal como ocurre entre los estudiantes que no necesitan de este apoyo, hay una importante deserción al concluir el primer año de estudios. Casi la mitad de esos becarios no renuevan sus solicitudes de becas. Con todo, 60% de los estudiantes sí lo hacen. Miranda no proporciona datos más discriminados, pero dice que los becarios tienen en promedio menor deserción y mejor desempeño académico.
Para 2010, último dato disponible, 900 de 5.600 egresados fueron becarios en algún momento, o sea 16%. Según la sección de Estadísticas del Fondo Solidario, en 2004 ese guarismo era 9%.
Derecho, Medicina, Economía y Psicología son las carreras más populares entre los becarios. Sin embargo, hay dos carreras que crecen: enfermería y licenciatura en trabajo social.
El Estado, en tanto, apoya a aproximadamente unos 2.400 estudiantes con el sistema de becas de Bienestar Universitario de acuerdo al director del servicio, Roberto Gallinal. Si bien el Estado tiene una oferta más amplia de apoyos -comida, subvención de costos de vivienda, transporte y dinero en efectivo- y un estudiante puede acumular varias becas, hay pocos cupos. El año pasado, por ejemplo, se otorgaron 700 becas para almuerzos en algunos de los tres comedores universitarios.
Con unos 40.000 montevideanos que todos los días se suben a una bicicleta, la capital uruguaya tiene uno de los índices más altos de América Latina de ciclistas, aunque no somos nada en comparación con ciudades como Amsterdam, en la que cerca del 40% usa la bicicleta diariamente. Además, andar en bici en Montevideo es algo parecido a un apostolado. Aunque la venta aumentó en los últimos años, se trata de crecimientos muy modestos en comparación con los que registran birrodados más peligrosos y contaminantes: las motos. Y más allá de las declaraciones de buena voluntad por parte de políticos, Montevideo sigue siendo una ciudad que no tiene en cuenta al ciclista desde el punto de vista urbanístico. Las bicisendas están limitadas a los paseos tradicionales. Hay razones para esto. Algunos ven la bicicleta como un transporte para pobres. Otros, comprensiblemente, tienen miedo de ser atropellados por autos o ómnibus, un riesgo real. En setiembre del año pasado se celebró en varias ciudades de América Latina el Día Mundial Sin Autos, para el cual el cantante Martín Buscaglia compuso el tema Oda a mi bicicleta. El sábado que viene, en tanto, el BID desarrollará "Animate", una actividad en la que parte de la rambla le estará vedada a los autos y se podrá pedalear con el viento en la cara sin preocuparse de gases y bocinas.