NIALL FERGUSON
Historiador
Profesor en Harvard y autor de varios éxitos de ventas (Civilización, El poder del dinero, La guerra del mundo) en los que mezcla el análisis, el dato histórico y una prosa seductora, Ferguson es uno de las figuras intelectuales más convocadas. Su aproximación a los temas, en general, tiene una mirada económica. Escribe una columna semanal para Newsweek, de donde fue tomado este texto. Su viaje a China quedó registrada en una miniserie de tres capítulos China: Triumph and Turmoil que actualmente se exhibe en el Canal 4 británico.
Para entender China, hay que pensar en generaciones", me explica un amigo chino. "Y la clave es que después de 2012, mandará la generación de la Revolución Cultural".
Mientras los manifestantes por la paz chocaban con la Guardia Nacional en las universidades estadounidenses y los checoslovacos desafiaban al Ejército Rojo en las calles de Praga, China tuvo su Revolución Cultural. Visto por un lado es la gran rebelión juvenil de la década de 1960. Por el otro, es la peor forma de totalitarismo: una revolución sangrienta desde arriba desplegada por uno de los déspotas más crueles del siglo XX.
Está claro que interrumpió las vidas de una generación. Hay solo que considerar sus efectos en los dos hombres llamados a heredar los dos principales puestos de presidente y primer ministro. Xi Jinping era un "principito", el hijo de uno de los fieles tenientes de Mao Tse Tung. Tenía 15 cuando su padre fue arrestado por orden de Mao. Xi pasó los siguientes seis años trabajando duro en el campo del condado de Yanchuan en el centro de China. Li Keqiang tuvo una experiencia similar. Poco después de su graduación liceal, fue enviado a los campos de trabajo en la empobrecida provincia de Anhui.
Uno de los principales economistas chinos me lo dijo así: "Una cosa que aprendí de la granja colectiva (que en su caso estaba en la frontera chino-soviética) es a juzgar el carácter de una persona en 10 segundos" (mientras me lo decía me echaba una mirada punzante). "También aprendí lo que realmente importa en la vida: pensar libremente y tener amigos en que confiar.
La Revolución Cultural comenzó en el verano de 1966, cuando aparecieron afiches criticando a figuras del partido por "tomar el camino del capitalismo". Mao intervino, expresando su "pasional apoyo" a los estudiantes que protestaban a los que bautizó los "Guardias Rojos". Esa fue la pista para que jóvenes de toda China fueran como rebaños a Beijing, vestidos en uniformes idénticos y agitando el Pequeño Libro Rojo de Mao.
La ambición expresada por Mao era remover los elementos capitalistas que impedían el progreso chino. Pero en realidad intentaba iniciar una purga de sus críticos. Así, la Revolución Cultural se volvió una guerra civil entre generaciones.
No solo fue contra autoridades del partido sino también contra académicos. En el verano de 1966, más de 1.700 personas fueron golpeadas hasta morir, sólo en Beijing. Algunos fueron asesinados con agua hirviendo; a otros forzándolos a tragarse clavos.
Para 1968, era claro que China estaba en un estado de anarquía. Así que el Gran Timonel dio otro giro. Ahora ordenó a la "juventud educada" ir al campo a recibir "reeducación" en granjas colectivas. Los Guardias Rojos se rompieron. El Ejército impuso el orden en las ciudades. Las universidades se vaciaron. Y una generación de jóvenes chinos cambió la biblioteca por un chiquero.
Más de 40 años después, el historiador Xu Youyu llamó a una "condena total" a la Revolución Cultural. Así piensa una minoría. Si uno visita en Museo Nacional en Beijing, encontrará poca referencia a la Revolución Cultural. Cuando intenté entrevistar a Xu por este tema, me echaron del campus en la universidad que enseña.
Aún es más destacable la evidencia de una creciente nostalgia por la Revolución Cultural. Durante mi última visita, cené en un restorán temático en el que la camarera se vestía como las Guardias Rojas, y se escuchaban canciones de propaganda de esos años. A solo 200 metros de las tumbas de las víctimas de la Revolución Cultura en Chongqing, vi un grupo de cuarentonas cantando "El presidente Mao es el sol que nunca se pone"
Hasta hace 15 días, esa nostalgia era alentada por el secretario del partido de Chongqing, Bo Xilai, quien esperaba una promoción del Comité Permanente del Politburo. Lo extraño es que en 1966, Bo y su familia fueron encarcelados por cinco años y después fue trasladado cinco años más en un campo de trabajo.
La generación china de la década de 1960 tiene todas las razones para recordar con amargura los años de su juventud. Que la mayoría de ellos sientan algo más parecido a una "Maostalgia" da un poco de miedo. Pero más miedo dio el titular del Financial Times del 15 de marzo: "Bo Xilai purgado". Como en los viejos tiempos. (*) Traducción: F. R. C.